“Fulgor”: Renata Schussheim desembarca en Italia con sus criaturas nocturnas y sus nadadoras luminosas
Fulgor reúne obras inéditas de una de las artistas visuales argentinas más reconocidas y propone un recorrido por cuerpos suspendidos, criaturas ambiguas y paisajes nocturnos. En esta entrevista, Schussheim repasa su vínculo con Italia y algunas de las colaboraciones más importantes de su carrera.
Renata Schussheim está en su casa rodeada por un loro parlante y sus perros Chanel y Titania, “una blanca y una negra, son como el yin y el yan”, explica la artista sobre sus mascotas. Mientras se prepara para viajar a Roma, la artista tiene una razón concreta para volver a Italia: allí continuará Fulgor, la exposición que inauguró el 1° de septiembre en Venecia.,
Las obras presentadas incluyen sus nadadoras luminiscentes acompañadas de una especie de osos que transmiten ternura y, a la vez, algo perturbador. Estas pinturas no se habían expuesto previamente y reunidas conforman “Fulgor”, esta exposición en Italia que es una especie de continuidad de “Fulguraciones”, la muestra que presentó en 2023 en el Centro Cultural Borges.
“Son unas nadadoras que están en un mar negro y en medio de la noche, pero todavía flotando y nadando y sumergidas, pero no mal, en un buen sentido. Y tienen como un fulgor en la cabeza, como un aura, como una pequeña luminosidad. De ahí vino el nombre”, cuenta Schussheim en diálogo con PERFIL.
Pero el nombre también tuvo una razón práctica. “Quería un nombre que fuese fácil en italiano y no tan distinto en italiano que en español. Así que, bueno, después de mucho pensar, quedó Fulgor”.
Nadadoras en la oscuridad
Fulgor fue concebida especialmente para su presentación en Italia y se despliega en dos sedes. Luego de su paso por ContArt Gallery de Venecia, donde puede visitarse hasta el 15 de septiembre, llegará a la sede romana de la galería, en el barrio de Prati, del 17 al 30 de octubre.
Para Del Prete, el título resume una de las claves del universo que propone Schussheim. “Fulgor es una aparición: un instante de luz que emerge de la oscuridad y vuelve visible aquello que hasta entonces permanecía sumergido”, señaló la curadora.
El agua, la negrura y los cuerpos suspendidos aparecen así como símbolos de transformación. Las figuras de Schussheim parecen habitar un territorio intermedio, donde la frontera entre lo real y lo fantástico se vuelve deliberadamente difusa.
La elección de las dos ciudades tampoco es casual. Según Del Prete, Venecia permite profundizar una dimensión ligada a “la imagen, lo fantástico, la transformación y la mirada contemporánea” sobre la obra de la artista. Roma, en cambio, potencia “la dimensión de la escena, el cuerpo, la memoria y la teatralidad”, en diálogo con una ciudad atravesada por la historia del teatro, la ópera, la danza y las artes performáticas.
La propia trayectoria de Schussheim permite que esas asociaciones funcionen de manera natural. Desde 1966, Schussheim expone individualmente y construyó una obra que nunca quedó encerrada en una única disciplina. Pintura, dibujo, fotografía, vestuario, escenografía y teatro forman parte de un recorrido que también la llevó a trabajar junto a algunas de las figuras más importantes de la cultura argentina e internacional.
Diseñó vestuario para Julio Bocca, Mstislav Rostropóvich y Charly García, entre muchos otros. Desde hace cinco décadas mantiene además una colaboración con el coreógrafo Óscar Araiz.
Su trayectoria fue reconocida con premios ACE, Hugo y Konex de Platino, además del Premio Shakespeare de la Embajada Británica. En 2024 recibió el Premio Teatro del Mundo a la Trayectoria, otorgado por Rojas-UBA, y en 2023 fue declarada Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.
En paralelo, este último año estuvo dedicado también a revisar su propio recorrido. Schussheim trabaja en la organización de su archivo, una tarea que la enfrenta con materiales, imágenes y documentos acumulados durante décadas.
Ese proceso coincidió con la publicación de Figurines, un libro que reúne sus ilustraciones para teatro desde los años 70 hasta la actualidad. Son diseños y bocetos realizados para obras que abordaron universos de Shakespeare, Manuel Puig y Federico García Lorca, entre otros, y que permiten observar el proceso previo a la aparición de un personaje sobre el escenario.
“Italia es la posta”
La relación de Schussheim con Italia viene de mucho antes de Fulgor. Cuando habla de su llegada al país, recuerda una sensación inmediata.
“Mi participación en Italia es hermosa, porque viste que uno siempre dice que la madre patria es España, pero yo el primer día que puse un pie en Italia hace muchos años dije: ‘Esto es la posta’. Me es muy familiar y hermoso”, recuerda.
Su vínculo con la cultura italiana comenzó incluso antes de viajar. De joven era una admiradora de Federico Fellini y llegó a enviarle un dibujo a través del cineasta argentino Leopoldo Torre Nilsson. “Le mandé un retrato de Fellini chiquito que era como una Torre de Babel con hombrecitos. Sé que el dibujo le encantó”, cuenta.
La conversación sobre Fellini conduce naturalmente hacia otro director italiano, Paolo Sorrentino. Después de ver La gran belleza, Schussheim tuvo una idea que terminó convirtiéndose en una experiencia real. “Cuando vi La gran belleza, me acuerdo que Lino Patalano vivía todavía en esa época y le dije: ‘Lino, yo quiero hacer una fiesta como la de la película en la terraza del Maipo’. Y lo hicimos”.
El resultado fue una fiesta tan extravagante como la imagen que la había inspirado. Patalano había convertido la terraza del Maipo en una especie de cabaña, rodeada de plantas y con perros de raza mastín napolitano. “Se programó esa fiesta que fue una locura”, recuerda.
La hermandad creativa
A lo largo de su carrera, Schussheim trabajó con artistas de disciplinas muy diferentes. Hay, sin embargo, un elemento que parece repetirse en esas colaboraciones: una conexión intuitiva con la obra del otro. “Surge a partir de una especie de hermandad que se provoca cuando escuchás la obra del otro o cuando ves lo que el otro hace”, explica.
Le ocurrió con Araiz y también con Charly García. “Me pasó con Charly cuando lo escuché con La Máquina de Hacer Pájaros”, recuerda. También menciona al bailarín y coreógrafo Jean-François, cuya presencia sobre el escenario produjo en ella una reacción similar.
La experiencia también ocurrió en sentido inverso. Durante un viaje ca Río de Janeiro conoció a Manuel Puig. “Manuel me agarró del brazo y me dijo: ‘Tenemos que hacer algo juntos’”. Ese impulso es, para Schussheim, una de las formas más estimulantes del trabajo artístico. “Es lo más lindo: trabajar en equipo con gente que uno quiere y que respeta, que te emociona y que te suma”, concluye.
Fulgor, mientras tanto, continúa ese recorrido. Primero Venecia y luego Roma. Una serie de cuerpos que flotan en la oscuridad, una luz que aparece en medio de la noche y una artista que busca producir una reacción en quien mira.