La última conquista
Con el rescate de la inédita “Amada Lesbia”, de Elvira Orphée –finalista del premio La Sonrisa Vertical– y los cuentos de “Melancolía de los leones”, del cubano Pedro Juan Gutiérrez, nace Sur y Después, una nueva editorial independiente impulsada por Flaminia Ocampo, Silvina Friera y Adriana Lorusso. Libros breves, sin relleno y con una fuerte apuesta por el lenguaje forman el catálogo de un sello que reivindica a la literatura como refugio frente a la catástrofe.
A los 16 se animó. Nunca era fácil. La lectora, de una originalidad feroz y una prosa maestra que influiría en Sara Gallardo y Tomás Eloy Martínez, era Elvira Orphée. Ella, la hija, Flaminia Ocampo le ofrece un cuento policial, que con la bendición de la narradora de Aire tan dulce y Basura y luna, luego sería publicado en una revista mexicana. “Una mezcla de Silvina Ocampo y Juan José Hernández”, auscultó Elvira y dibujó una constelación de autores delenguaje resplandeciente y el rizoma narrativo que levantan un “refugio contra cualquier catástrofe”. Muchos años después, la ya escritora y guionista Flaminia decide lanzar esa literatura de lenguas contrabandeadas con la editorial Sur y Después, y en yunta editora con las periodistas culturales Silvina Friera y Adriana Lorusso. “Yo quería una editorial donde fueran libros breves, libros que no tienen relleno. Esos libros donde me parecía que cada palabra contaba”, reafirma Ocampo con dos flamantes títulos bajo el brazo, la inédita Amada Lesbia de Orphée y Melancolía de los leones, del cubano Pedro Juan Gutiérrez.
“Yo creo que todos los catálogos son como una obra en construcción. Se van construyendo mientras vos vas andando la edición”, acota Silvina Friera, quien sostiene que a medida que más leemos con “ojos críticos, nos vamos convirtiendo en editores sin saberlo”, y pasando revista a la primera novela del sello, “hubo unanimidad para Amada Lesbia, porque nos parecía que además no estábamos saliendo con la reedición de una obra, sino que hacíamos dos cosas muy interesantes en simultáneo: rescatar a una autora que hay que seguir leyéndola, pero con un texto inédito y póstumo”, que apunta de la novedad absoluta, ya que una versión anterior se presentó para el mítico concurso La Sonrisa Vertical, y quedó en los archivos de la escritora hasta que las manos de Flaminia reencontraron el manuscrito.
“Era un poco más embrollado, se organizó, se pulió, en parte también con ella en vida –Elvira Orphée falleció en 2018. La versión de los 80 era más larga e histórica. Y es ahí donde le empezaron a decir que la parte histórica no estaba bien, a pesar de quedar entre los finalistas de la convocatoria de Tusquets”, reconstruye Ocampo la trama de amores y desamores que Orphée, una apasionada de la historia clásica y especialmente de Julio César, reveló entre el poeta Catulo y Clodia, que pervive desde el I a.C. como modelo de amor febril, digamos, en Shakespeare o Idea Vilariño .
—Leyendo transitaba el mismo camino de dulce rencor de “Aire tan dulce”.
—Son muy distintas —dice Silvina Friera–. Claro ahí está el tema del deslumbramiento, del amor y del odio, se pasa por todas las etapas, pero son novelas distintas y los que las conectada es más bien el trabajo del lenguaje poético. Elvira traficaba la poesía en la narrativa. Entonces por eso tenía un estilo narrativo muy diferente a sus contemporáneos, digamos el grupo Sur, y también a la generación siguiente del boom de los 70. No estaban dadas tampoco las condiciones de lectura para Elvira que era una feminista epidérmica.
—¿Cómo?
—No estaba estructurada ni militaba activamente en el feminismo. Pero lo que hace en Amada Lesbia con el personaje de Clodia, y los pensamientos y las reflexiones que pone en ella, eran de una mujer muy adelantada. Elvira nos devuelve un personaje para pensar en los derechos de las mujeres desde la Roma Antigua hasta hoy.
Los que vienen del sur y después.
—Pedro Juan Gutiérrez es un poeta, narrador y periodista que se hizo popular con la denominada “Trilogía sucia de La Habana” pero estos cuentos de “Melancolía de los leones” son anteriores y circularon de manera limitada en Cuba y España. Es un Gutiérrez menos embarrado y más hiperrealista-fantástico que resuena con sus poemas. ¿Tuvo que ver en la decisión de publicarlos que estos relatos brevess e sumergen anfibios con lírica?
—Yo lo conocía como periodista —prosigue Friera—, y cuando estábamos armando la editorial, ya sabíamos que salíamos con Amada Lesbia, le escribí si quería mandar su libro de cuentos de poca circulación. Pedro manda el word de la edición que había publicado en España, y me dice, es de ustedes. Encima escribe un nuevo texto original que pone en contexto las condiciones de la isla en los 90, el denominado “período especial” de derrumbe económico y social, y sus influencias argentinas bajo Julio Cortázar y Ernesto Sábato. Un honor que tenemos será el próximo libro que editaremos de Luis Gusmán sobre Ricardo Piglia, su gran amigo, o el debut literario de la cineasta Lucía Tebaldi.
Faro en la catástrofe.
—Junto a Nebliplateada, que editó de Gutiérrez la poesía escogida en La línea oscura, y Waldhuter, traen al escritor caribeño el 4 de septiembre a la librería Linda Linda de Villa Crespo, a las 19, gratis. Me imagino complicado en este momento. Pienso: ¿por qué lanzarse al mundo editorial cuando parece que todo indica lo contrario?
—Hacer libros en la Argentina siempre ha sido complicado. Adriana Hidalgo, una de las pioneras de la edición independiente junto a Beatriz Viterbo, me confesó que jamás recuperó la inversión inicial. Pero sabemos que, a pesar de las dificultades, las cientos de editoriales chicas y medianos locales son el faro de América Latina. Por eso no dudó Gutiérrez en darnos los derechos, a una editorial que ni siquiera existía en los papeles.
—Una de las cosas que nos impulsó —agrega Flaminia Ocampo— es que los argentinos son muy lectores en general, por cierto una de sus famas en el exterior. El argentino se asocia a uno de los lectores más sofisticados y plurales, abierto a todas las literaturas. No sé si sigue, pero me da la sensación que sí, por las ferias y todo el movimiento que generan, sin comparación en otros lugares, y lo digo yo que viví en Roma y Nueva York. Nos sostiene en la editorial la idea de que en este mundo que vivimos el libro es de los productos más nobles de lo humano. Algo idealista en el fondo sea quizá hoy editar libros aunque sé que los buenos libros siempre van a estar como refugio ante cualquier catástrofe.
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