invitación a la lectura

Las novelas que marcan tendencia en italiano e inglés: el fin de la autoficción

El panorama literario contemporáneo muestra un viraje hacia relatos más clásicos, con historias y tramas que recuperan centralidad frente al desgaste de las narrativas autoficcionales, que –por suerte– parecen haber abandonado el escenario. En un contexto de diversidad lingüística y temática, la ficción reafirma su capacidad para explorar experiencias humanas complejas y conectar distintos tiempos, geografías, problemáticas y sensibilidades.

Elegidos. Dos de los tantos preferidos. Der., la brasileña Ana Paula Maia y su “On Earth as it is Beneath”, publicado por Charco Press. Izq., el italiano Ermanno Cavazzoni y su “Storia di un’amicizia”, publicado por Quorlibet. Foto: cedoc

L’Espresso, revista italiana, publicó esta semana un artículo titulado: “Premio Strega, los doce finalistas: un gran regreso de la novela (y el declive de la autoficción)”. En paralelo, se dieron a conocer las seis novelas finalistas del International Booker Prize 2026 que, de manera llamativa, también confirman que la autoficción sufre una previsible decadencia, en inglés y desde textos en otras lenguas. Los admiradores, cultores y defensores de dicho género, referencian prestigio en ciertos autores como Karl Ove Knausgård, Annie Ernaux, Emmanuel Carrère, Alejandro Zambra, Roberto Bolaño, Javier Marías; eclecticismo exagerado que extendería la elástica definición a otros varios, como Mario Vargas Llosa, Alan Pauls y Juan José Saer.

Según Melania Mazzucco, presidenta del Comité Directivo del Premio Strega y ganadora del mismo en 2003 con la novela Vita: “Esta es una edición que marca el regreso de la novela, de la historia y los relatos, y la contracción paralela de las narrativas autobiográficas, las memorias familiares y la autoficción que, por el contrario, dominaron en ediciones recientes”.

El anuncio de los doce finalistas inicia la gran gira de difusión del premio con encuentros en bibliotecas, festivales literarios y ferias internacionales (como la de Ciudad de México el 1° de julio), que incluye a candidatos y finalistas. Los cinco finalistas se anunciarán el 3 de junio en el Teatro Romano de Benevento. La final se celebrará el 8 de julio en la Piazza del Campidoglio de Roma y no en Ninfeo de Villa Giulia, donde se ha celebrado desde 1953.

Existe una gran expectativa por la exposición por el 80 aniversario del Premio. Titulada “Uno, Cinco, Doce”, se inaugura el 29 de abril en el Macro (Museo de Arte Contemporáneo de Roma), comisariada por Maria Luisa Frisa y Mario Lupano, tiene por objeto exhibir secuencias para leer, año tras año, repasando la historia y acontecimientos más destacados del Premio, y así experimentar la emoción de entrar en su corazón íntimo, el salón de Casa Bellonci, espacio para el encuentro de intelectuales en la postguerra.

De la votación de más de 400 jurados sobre autores y títulos publicados propuestos por intelectuales, surgen los doce nominados (entre paréntesis la casa editora): Maria Attanasio, La rosa invertida (Sellerio), propuesta de Ottavia Piccolo; Ermanno Cavazzoni, Historia de una amistad (Quodlibet), propuesta de Massimo Raffaeli; Teresa Ciabatti, La reina de las mujeres (Mondadori), propuesta por Roberto Saviano; Mauro Covacich, Lina y la piedra (La nave di Teseo), propuesta de Edoardo Nesi; Michele Mari, Los invitados de piedra (Einaudi), propuesta de Vittorio Lingiardi; Matteo Nucci, Platón: una historia de amor (Feltrinelli), propuesto por Giancarlo De Cataldo; Alcide Pierantozzi, El desequilibrado (Einaudi), propuesta de Donatella Di Pietrantonio; Bianca Pitzorno, El sonámbulo (Bompiani), propuesta de Roberta Mazzanti; Christian Raimo, La invención del color (La nave di Teseo), recomendada por Luciana Castellina; Elena Rui, Las viudas de Camus (L’Orma), recomendada por Lisa Ginzburg; Nadeesha Uyangoda, Agua sucia (Einaudi), recomendada por Gaia Manzini; y Marco Vichi, Los ojos de un niño (Guanda), recomendada por Laura Bosio.

Las 50 mil libras esterlinas que otorga el Booker Prize se reparten en partes iguales entre el autor y el traductor al inglés; cada pareja finalista recibe 5 mil. El ganador se anuncia el 19 de mayo en la Tate Modern de Londres. Estas novelas abarcan cinco idiomas y sus tramas invocan historias en contextos reales. Cinco de los autores y cuatro de los traductores son mujeres. Dos de las novelas son óperas primas. Una de ellas fue escrita en francés en 1996 y esperó treinta años por este reconocimiento en inglés. Un escritor taiwanés preseleccionado por primera vez. Y de la autoficción ni rastro. 

Las novelas elegidas: Las noches son tranquilas en Teherán, de Shida Bazyar, traducida del alemán por Ruth Martin; La que permanece, de René Karabash, traducida del búlgaro por Izidora Angel; El director, de Daniel Kehlmann, traducido del alemán por Ross Benjamin; Así en la Tierra como debajo de la Tierra, de Ana Paula Maia –Brasil–, traducida del portugués por Padma Viswanathan; La bruja de Marie Ndiaye, traducida del francés por Jordan Stump, publicada en 1996; y Diario de viaje por Taiwán, de Yáng Shuang-zi, traducido del mandarín por Lin King.

Como indica el crítico Nawaid Anjum (The Federal): “Estas novelas abarcan cinco idiomas y se entrelazan con historias reales: revoluciones aplastadas, exilios que se extienden durante décadas, menús coloniales reinterpretados como resistencia, prisiones construidas sobre antiguos terrenos de esclavitud, la paulatina caída de un cineasta en la transigencia (G.W. Pabst) y la negativa de una adolescente a aceptar el cuerpo que le ha sido impuesto por la costumbre.”

Y el mismo concluye: “La lista de finalistas demuestra que la ficción traducida no es un nicho, sino una necesidad. ¿De qué otra manera aprenderíamos que una noche en Teherán puede ser demasiado silenciosa, que el nuevo nombre de una virgen juramentada puede ser a la vez prisión y refugio, que un plató de cine puede ocultar un campo de concentración, que un alcaide aún puede sentir ternura, que la brujería fracasa de la misma manera que el amor común, y que una comida compartida en el Taiwán de la década de 1930 puede tener sabor a conquista y deseo? Estas novelas invitan a los lectores a afrontar la incomodidad con naturalidad, reír donde menos se espera, a través de continentes y décadas, con el mismo pulso inquebrantable: el de reconocernos.”