HISTORIA ARGENTINA

Madame de Perichon: la espía "Perichona" que escandalizó y sedujo a la Buenos Aires colonial

Marie Anne Périchon de Vandeuil, apodada la Perichona, fue una figura clave del espionaje en el Virreinato del Río de la Plata. Su romance con Santiago de Liniers y sus vínculos políticos sacudieron la colonia.

Marie Anne Périchon de Vandeuil. Foto: Facebook Felipe Pigna

Marie Anne Périchon de Vandeuil, conocida en la historia argentina como la Perichona, nació en la Isla de Francia (actual Mauricio) y arribó a Buenos Aires a finales del siglo XVIII. Su llegada transformó el rígido ambiente social de la capital virreinal, introduciendo costumbres sofisticadas y una red de influencias que desafiaba el orden establecido por la corona española.

Poseedora de una belleza notable y una inteligencia estratégica, Madame de Perichon se convirtió rápidamente en el centro de las miradas de la élite porteña. Su posición social le permitió acceder a los círculos más cerrados del poder, donde comenzó a tejer una trama de contactos que incluía a funcionarios coloniales, comerciantes poderosos y militares de alto rango.

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El punto de inflexión en su biografía ocurrió durante las Invasiones Inglesas, cuando inició un romance apasionado y público con Santiago de Liniers, el héroe de la Reconquista. Esta relación no solo fue un escándalo moral para la época, sino que otorgó a la Perichona un poder político real, permitiéndole influir en las decisiones del futuro virrey de Buenos Aires.

Espionaje, contrabando y el exilio de la mujer más peligrosa del virreinato

Desde su residencia, la Perichona operaba una central de inteligencia informal donde se cruzaban intereses británicos, franceses y criollos. Se le atribuía la capacidad de obtener secretos de Estado y de facilitar negocios de contrabando, aprovechando la debilidad de los controles españoles y la agitación revolucionaria que empezaba a gestarse en el Río de la Plata.

La desconfianza hacia su figura creció entre los sectores conservadores y los partidarios de la corona española, quienes la veían como una agente al servicio de los intereses de Napoleón Bonaparte. Su origen francés y su cercanía con Liniers la colocaron en el centro de las sospechas de espionaje internacional en un momento de extrema tensión geopolítica.

El historiador y diplomático Vicente Fidel López describió a Madame de Perichon como una mujer de "instintos audaces y una sagacidad que superaba a los hombres más astutos de su tiempo". Para López, la Perichona no era simplemente una cortesana, sino una jugadora política que entendía los hilos invisibles que movían la economía y la guerra.

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Su influencia llegó a ser tan irritante para las autoridades coloniales que el propio Cabildo de Buenos Aires y el enviado de la Junta Suprema de España exigieron su expulsión. Fue acusada de malversación y de ser un peligro para la seguridad pública, lo que la obligó a partir hacia el exilio en Río de Janeiro, donde continuó sus actividades de intriga.

En la corte portuguesa de Brasil, Madame de Perichon no pasó desapercibida y entabló vínculos con lord Strangford, el embajador británico. Esta nueva etapa de su vida reforzó las teorías sobre su rol como espía doble o triple, capaz de negociar con facciones opuestas siempre que el beneficio personal y político fuera significativo.

Regresó a Buenos Aires tras la Revolución de Mayo, pero el nuevo escenario político ya no era el mismo. A pesar de haber recuperado parte de sus bienes, la Perichona se vio obligada a mantener un perfil más bajo, aunque su nombre seguía asociado a los secretos más oscuros de la etapa final del dominio español en América.

La vida de Marie Anne Périchon es un testimonio de cómo las mujeres de la colonia utilizaron los salones y la seducción como herramientas de poder real en un mundo dominado por hombres. Su capacidad para manejar información privilegiada la convirtió en un actor geopolítico en las sombras, cuya importancia ha sido a veces minimizada por el relato oficial.

Su descendencia también dejó huella en la historia argentina; fue abuela de la malograda Camila O'Gorman, cuya trágica historia de amor y ejecución durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas replicaría, de manera mucho más cruenta, el estigma del escándalo y el desafío a las normas sociales imperantes.

Madame de Perichon pasó sus últimos años en una quinta de las afueras de la ciudad, alejada de los focos de la política activa pero rodeada del aura de misterio que siempre la acompañó. Falleció en 1847, llevándose consigo secretos que nunca fueron revelados y dejando una leyenda de audacia que aún fascina a los historiadores.

El estudio contemporáneo de su figura permite analizar las redes de espionaje y los intereses comerciales cruzados en el Río de la Plata antes de la independencia. La Perichona fue, en muchos sentidos, una mujer adelantada a su tiempo que comprendió que la información era la moneda más valiosa en el convulsionado tablero de la historia.

Finalmente, la Perichona permanece en el imaginario popular como la gran seductora de la Buenos Aires colonial, una mujer que con un abanico y una mirada inteligente pudo poner en jaque a virreyes y generales. Su historia es el relato de una sobreviviente que navegó con éxito las tormentas políticas de dos siglos, dejando una marca imborrable en la cultura porteña.