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El acorazado Graf Spee: La huella del Tercer Reich en el Río de la Plata y el refugio de su tripulación

Tras la histórica Batalla del Río de la Plata en 1939, el buque alemán Graf Spee fue hundido por su capitán. Sus marinos hallaron en Argentina un hogar definitivo que marcó la historia local.

 Graf Spee
Graf Spee | wikipedia

El 13 de diciembre de 1939, las aguas del Río de la Plata fueron escenario del primer gran enfrentamiento naval de la Segunda Guerra Mundial. El crucero pesado Admiral Graf Spee, una joya de la ingeniería náutica alemana, se enfrentó a tres buques británicos en un combate feroz. Tras recibir daños considerables, el navío comandado por Hans Langsdorff buscó refugio en el puerto de Montevideo para reparaciones urgentes.

Las presiones diplomáticas internacionales y el asedio de la flota inglesa obligaron al capitán Langsdorff a tomar una decisión drástica para evitar la captura de su tecnología. El 17 de diciembre, ante la mirada de miles de espectadores en la costa, el imponente acorazado de bolsillo fue detonado y hundido por su propia tripulación. Las explosiones marcaron el fin de la carrera del "acosador" de las rutas comerciales del Atlántico.

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Tras el hundimiento, más de mil marinos alemanes fueron trasladados a Buenos Aires, donde el gobierno argentino les otorgó inicialmente un estatus de internados. Muchos de estos hombres fueron distribuidos en diferentes puntos del país, desde la Capital Federal hasta las sierras de Córdoba. Esta dispersión geográfica permitió una integración cultural profunda y acelerada con las comunidades locales de la época.

El capitán Hans Langsdorff, agobiado por el honor militar y el destino de su nave, se quitó la vida en una habitación del Hotel de Inmigrantes tres días después del naufragio. Sus restos descansan hoy en el Cementerio Alemán de la Chacarita, siendo objeto de homenajes anuales por parte de descendientes y entusiastas de la historia bélica. Su figura es recordada por haber priorizado la vida de sus hombres sobre la nave.

La herencia de los marinos alemanes y su integración en la sociedad argentina

En la provincia de Córdoba, especialmente en la zona de Villa General Belgrano, la influencia de los tripulantes del Graf Spee es todavía tangible en la arquitectura y la gastronomía. Muchos marinos decidieron no regresar a Europa tras el fin del conflicto mundial en 1945, optando por formar familias en suelo argentino. Esta inmigración técnica aportó conocimientos valiosos en carpintería, mecánica y diversas industrias regionales.

El historiador y autor del libro "Tras la estela del Graf Spee", Enrique Dick, destaca que la presencia de estos hombres transformó pequeños pueblos del interior. Según sus investigaciones, los marinos no eran vistos como enemigos, sino como trabajadores disciplinados que buscaban una nueva oportunidad lejos de la guerra. La convivencia pacífica ayudó a disolver los prejuicios políticos que rodeaban al origen del buque nazi.

A lo largo de las décadas, se han realizado numerosos intentos por rescatar piezas del acorazado que permanece hundido en el lodo del estuario. Elementos como el telémetro, anclas y una imponente águila de bronce con la esvástica fueron recuperados en operaciones de salvamento. Estos objetos han generado intensos debates éticos y legales sobre su exhibición pública o su posible venta en subastas internacionales.

La estructura del Graf Spee sigue siendo un peligro para la navegación debido a la escasa profundidad y la acumulación de sedimentos en el lecho del río. Aunque gran parte del acero fue desguazado de manera informal durante los años posteriores al hundimiento, el núcleo del casco permanece bajo las aguas. Es un sitio de interés arqueológico subacuático que atrae a buzos especializados de todo el mundo.

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En la ciudad de Rosario y en la provincia de Mendoza también se registraron asentamientos de exmarinos que trabajaron en talleres ferroviarios y bodegas. La red de solidaridad establecida por la comunidad alemana residente en Argentina fue fundamental para su subsistencia durante los primeros años de internación. Muchos cambiaron sus nombres o perfiles para evitar ser perseguidos por servicios de inteligencia aliados.

Los relatos de los sobrevivientes, transmitidos oralmente a sus nietos, componen una parte esencial del folclore histórico de las sierras cordobesas. Historias sobre el viaje transatlántico y la caballerosidad en combate del capitán Langsdorff son temas recurrentes en los museos locales. Estos testimonios humanizan un conflicto global que, para muchos argentinos de entonces, se sentía geográficamente muy distante.

El impacto del Graf Spee en la cultura popular argentina se refleja en documentales, libros y piezas de teatro que analizan el suceso desde múltiples ángulos. No se trata solo de un evento bélico, sino de un fenómeno migratorio que dejó una marca indeleble en la identidad de varios pueblos. La silueta del buque hundiéndose sigue siendo una de las imágenes más icónicas de la historia del siglo XX.

Hoy en día, la descendencia de aquellos marinos se encuentra totalmente asimilada a la identidad nacional, manteniendo en algunos casos tradiciones de sus ancestros. El respeto por el valor técnico del barco convive con la memoria del drama humano que significó la guerra. Los cementerios y monumentos donde descansan los tripulantes son los últimos testigos de una odisea que terminó en las costas del Plata.