El Ucumar, también llamado Ucumari o Ucumare, es una de las criaturas más misteriosas y temidas de la región noroeste de Argentina. Se trata de un ser de apariencia híbrida, que combina rasgos humanos con los de un oso de grandes dimensiones, habitando específicamente en las selvas de montaña conocidas como yungas en Salta y Jujuy.
Los relatos de los pobladores locales coinciden en describirlo como un animal de cuerpo robusto, cubierto de un pelaje espeso y oscuro, pero con la capacidad de caminar erguido sobre sus patas traseras. Su fuerza es considerada sobrehumana, capaz de derribar árboles y enfrentar a grandes depredadores del monte con una ferocidad inigualable.
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A diferencia de otras figuras mitológicas que pertenecen estrictamente al plano espiritual, el Ucumar es percibido como una entidad física y tangible. Muchos baqueanos aseguran haber visto sus huellas en el barro o haber escuchado sus potentes gritos, que se asemejan a un rugido humanoide, en las noches de neblina espesa.
El guardián de las selvas de montaña y el origen del mito andino
La figura del Ucumar tiene raíces profundas en la cultura andina, vinculándose con el oso de anteojos, la única especie de oso nativa de Sudamérica que habita en los bosques nublados. Sin embargo, el mito trasciende la zoología para convertir a esta criatura en un ser dotado de inteligencia y comportamientos humanos complejos.
Se cree que el Ucumar habita en cuevas naturales situadas en las zonas más inaccesibles de la montaña, donde acumula frutos, raíces y, en ocasiones, presas de caza. Su comportamiento suele ser esquivo, pero se vuelve extremadamente agresivo si siente que su territorio o sus crías están bajo algún tipo de amenaza externa.
El folclorista e investigador tucumano Adolfo Colombres menciona que esta criatura representa "el eslabón perdido entre la civilización y la naturaleza salvaje de los Andes". Para Colombres, el Ucumar encarna los miedos primordiales del hombre frente a lo desconocido que habita en las profundidades de la selva virgen.
Una de las características más singulares del mito es su supuesta debilidad por los seres humanos, especialmente por las mujeres, a quienes suele raptar según la tradición oral. Estos relatos sirven para explicar desapariciones en el monte o la aparición de personas que regresan con historias incoherentes sobre su cautiverio.
En la provincia de Salta, específicamente en las zonas cercanas a Rosario de la Frontera y Metán, los avistamientos reportados han llegado incluso a las páginas de los diarios locales en décadas recientes. Estos testimonios mantienen viva la llama de la leyenda, alimentando debates entre escépticos y creyentes de lo sobrenatural.
Los cazadores de la región evitan internarse en ciertos sectores del bosque durante la noche por temor a cruzarse con el "dueño del monte". Afirman que el olor del Ucumar es penetrante y desagradable, funcionando como una advertencia olfativa mucho antes de que la criatura se haga visible entre la maleza cerrada.
La anatomía del Ucumar incluye manos grandes con garras poderosas que le permiten trepar por las laderas escarpadas con una facilidad asombrosa. A pesar de su pesada contextura, se desplaza con un silencio impropio de su tamaño, lo que le permite sorprender a intrusos o animales domésticos que se alejan de los corrales.
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Desde una perspectiva antropológica, el mito ayuda a regular el acceso del hombre a los recursos naturales, imponiendo una barrera de temor que protege las zonas más vírgenes de la yunga. El respeto por el hábitat del Ucumar es, en última instancia, un respeto por el equilibrio ecológico de las selvas del noroeste.
En Jujuy, la leyenda se entrelaza con las tradiciones mineras y de alta montaña, donde el ser es visto como un protector de los tesoros ocultos en la tierra. Los relatos de los mineros a menudo incluyen encuentros con sombras gigantescas que vigilan las entradas de los socavones naturales durante las tormentas.
La persistencia del Ucumar en el imaginario colectivo demuestra que, a pesar de la cartografía moderna, el hombre todavía siente la necesidad de poblar los espacios vacíos con mitos. La inmensidad de las yungas argentinas ofrece el escenario perfecto para que la figura del hombre-oso siga existiendo en el límite de la realidad.
Finalmente, el Ucumar se consolida como un ícono de la identidad regional, uniendo el pasado precolombino con la cultura rural contemporánea. Su grito, real o imaginado, sigue siendo parte esencial del paisaje sonoro de las montañas, recordándonos que la selva aún guarda secretos que la ciencia no ha logrado catalogar.