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El Petiso Orejudo: El primer asesino serial y la sombra eterna del penal de Ushuaia

Cayetano Santos Godino, el Petiso Orejudo, marcó la historia criminal argentina. Sus crímenes en Buenos Aires y su muerte en la cárcel del fin del mundo lo convirtieron en un mito de la criminología.

El Petiso Orejudo
El Petiso Orejudo: | captura

Cayetano Santos Godino, conocido popularmente como el Petiso Orejudo, representa el primer caso documentado de un asesino serial en la historia de la República Argentina. Su figura, surgida en los barrios humildes de Buenos Aires a principios del siglo XX, instaló un pánico social desconocido hasta entonces para los habitantes de la capital.

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Hijo de inmigrantes italianos, Godino mostró desde muy temprana edad conductas extremadamente violentas y una incapacidad absoluta de empatía. Sus ataques se centraban en niños pequeños, a quienes atraía a terrenos baldíos o casas en construcción para someterlos a torturas físicas que, en varios casos, terminaron en la muerte de las víctimas.

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La fisonomía de Godino, caracterizada por sus orejas prominentes y su baja estatura, se convirtió en la imagen del mal para la prensa de la época. Los diarios cubrieron sus detenciones y posteriores liberaciones con un sensacionalismo que alimentó el mito de una criatura predestinada a la criminalidad por sus rasgos biológicos.

Criminología positivista y el encierro en el Penal de Ushuaia

El caso del Petiso Orejudo fue analizado bajo la lupa de la criminología positivista, que en aquel entonces buscaba explicaciones científicas a la maldad humana. Médicos y peritos forenses estudiaron su cráneo y sus orejas, intentando hallar estigmas físicos que justificaran su conducta desviada y su falta de remordimiento.

En un intento desesperado por "curar" su maldad, las autoridades médicas de la época sometieron a Godino a una cirugía estética para reducir el tamaño de sus orejas. Se creía erróneamente que sus rasgos físicos influían en su psiquis, pero tras la intervención, su comportamiento agresivo no mostró mejora alguna.

Finalmente, tras ser declarado culpable de múltiples asesinatos e intentos de homicidio, fue trasladado al Penal de Ushuaia, conocido como la cárcel del fin del mundo. Este recinto de máxima seguridad, destinado a los delincuentes más peligrosos y presos políticos, se convertiría en su hogar definitivo y en el escenario de su misterioso final.

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En la prisión de Tierra del Fuego, Godino vivió en un aislamiento casi total, rechazado incluso por los otros internos debido a la naturaleza de sus crímenes contra niños. Los relatos de los guardiacárceles describen a un hombre silencioso, que pasaba las horas observando el paisaje gélido desde su celda, ajeno al arrepentimiento.

El historiador Leonel Contreras, en sus investigaciones sobre la delincuencia porteña, señala que el Petiso Orejudo "inauguró una categoría de horror que la sociedad argentina no estaba preparada para procesar". Su caso obligó a revisar los protocolos de seguridad infantil y la vigilancia en los espacios públicos de la ciudad.

La muerte de Cayetano Santos Godino en 1944 está rodeada de leyendas y versiones contradictorias que alimentan su mito oscuro. La versión oficial indica que falleció por una hemorragia interna, pero la creencia popular sostiene que fue asesinado por sus compañeros de pabellón tras matar a la mascota del penal.

Se dice que los presos, enfurecidos porque Godino había arrojado al gato de la cárcel al fuego de una caldera, le propinaron una paliza mortal. Este acto de crueldad final hacia un animal indefenso habría sido el detonante para que el código de ética carcelario sentenciara al asesino más odiado de la historia.

Hoy en día, la celda que ocupó en el antiguo penal de Ushuaia, transformado en museo, es uno de los puntos más visitados por turistas y estudiosos del comportamiento criminal. El espacio conserva una atmósfera pesada, donde los visitantes intentan comprender el origen de una violencia tan extrema en un individuo tan joven.

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La figura del Petiso Orejudo ha trascendido el ámbito policial para instalarse en la cultura popular como una advertencia sobre el mal absoluto. Su nombre se utiliza frecuentemente en relatos de terror urbano y en estudios académicos que analizan la relación entre la pobreza, la genética y el entorno social en la delincuencia.

A pesar del paso del tiempo, el impacto de sus crímenes sigue generando debates sobre la responsabilidad penal y el tratamiento de los psicópatas en el sistema carcelario. La transformación de un asesino de niños en una leyenda oscura refleja la fascinación macabra que la sociedad mantiene por aquellos que rompen todos los límites.

El expediente de sus crímenes es un documento fundamental para la historia forense argentina, detallando una serie de eventos que cambiaron para siempre la percepción de la seguridad urbana. Su historia permanece como un recordatorio sombrío de que el horror puede habitar en los rincones más comunes de una ciudad en crecimiento.