Es interesante pensar sobre el rol que cumple una respuesta en un proceso comunicacional, y lo primero que merece ser indicado es que una respuesta expresa la evidencia de una continuidad en una comunicación, es decir, como señal específica de que las partes involucradas comprenden que se seguirá hablando. Se puede también señalar que algunas respuestas son para cerrar una conversación, tanto de manera cordial como conflictiva, como aquel que bruscamente abandona una reunión con un insulto, pero es posible al mismo tiempo indicar que no hay manera de culminar un diálogo si no es del mismo modo en que hasta en ese momento ese diálogo fluyó, es decir, con respuestas de respuestas.
La comunicación no es lo que suele indicarse como el envío de mensajes de un emisor a un receptor, o una aventura de comunicaciones buenas o malas, claras o confusas. Estas cuestiones se han ido puesto en cuestión desde el momento en que la sociología ubicó en el centro de su atención, ya a principios del siglo XX, a los denominados procesos de interacción, es decir, en los desafíos que se encuentran toda vez que por lo menos dos personas, y de ahí en adelante, deben disponerse a llevar adelante un proceso comunicacional. Este es incluso el elemento fundamental que separa a la sociología de la filosofía, o que por lo menos los ubica en intereses complementarios; la segunda reflexiona sobre el hombre, la primera sobre el hombre con otros hombres y sus problemas asociados a esa combinación. La primera versión sociológica estadounidense sólidamente institucionalizada, conocida como Escuela de Sociología de Chicago, colocaba su obsesiva atención en los problemas nuevos que el crecimiento de esa ciudad evidenciaba y asumía a la mayoría de ellos como desafíos que excedían a las personas, pero que resultaban en problemas de retroalimentación colectivos, como por ejemplo el crimen. Y desde Europa Simmel, intentando definir a la novedosa sociología escribía que “en las partes tomadas aisladamente no hay aún sociedad; en las acciones recíprocas ésta existe realmente”. El camino social se construye en los problemas del conjunto.
La creación de una cuenta en la red social X denominada Oficina de Respuesta Oficial puede ser interpretaba en un contexto sociológico bajo las condiciones de discusión descriptas, más que sobre componentes morales o de preferencias. Si bien la cuenta es presentada formalmente como un medio para “señalar falsedades concretas y dejar en evidencia las operaciones de los medios y la casta política”, no se trata por esto de una comunicación que ofrezca un cierre de ese proceso, al modo del ya conocido FIN de Adorni. Las cadenas de respuestas que la red ofrece promueven en realidad la expansión de una comunicación, y no su finalización. Las respuestas, como siempre ocurre, son maneras de avisar que aquello, permite su continuidad.
Las miradas horrorizadas sobre esta cuenta pierden de vista el objetivo productivo que para su público la misma ofrece. No es este un defecto nuevo del mundo progresista, que intenta enfrentarse con Milei y sus siempre inteligentes estrategas. Estos comprenden que la relación con su público se basa en la concreción de ofertas de comunicación, con respuestas a enemigos, que permiten nutrir a su público del tipo de respuestas que ellos esperan para confirmar lo que piensan; sus enemigos, en lugar de comprender que se trata de un estrategia, buscan el lado formal y racional para en vez de participar en las respuestas de una manera estratégica, culminan haciéndolo desde el lugar de lo “bueno” o lo “malo”. Invitados a radios afines a sus sentimientos espantados, o incluso en sintonía con conductores, harán declaraciones de crítica sobre aquello que en el fondo no terminan de comprender en su funcionalidad social.
Esta cuenta simula circular como un actor más de los medios de comunicación masivos, y esto se apoya en que su fuente de energía proviene de las noticias. Sin embargo, su rol no es el de sumar un elemento de información adicional al acumulado de estos medios, sino el de tratar la cuestión informada por los medios dentro de otro ámbito, que es en este caso el del sistema político. Con esta cuenta se produce, en consecuencia, el traslado de un asunto noticioso, en otro político.
Esta no es una conversión menor. Los medios de comunicación masivos se especializan, si es que lo hacen de alguna manera, en comunicar a la población sobre informaciones novedosas. La batalla por la exclusividad y la primicia es lo que define la carrera de estos medios por vencer en estas aventuras a sus rivales en audiencia, y los periodistas que trascienden son aquellos que quedan marcados por haber logrado desarmar la cerradura de un secreto o de un acceso a un dato notable y estruendoso, para que sea observado con horror e indiscreción por el público impresionado. La política, por el contrario, tiene una obsesión diferente, y en ella no hay nada más importante que sostener la batalla victoriosa contra su rival. No es en ella la novedad, como búsqueda comunicacional, la esencia indiscutible de lo que se intenta, sino el impacto hacia un otro.
Esta cuenta, es precisamente, una máquina constante y sostenida, de respuestas en el contexto del conflicto político que no puede dejar de imaginar amenazante; y las respuestas son el modo de continuar el diálogo con sus públicos de interés. Bajo estas consideraciones la cuenta puede ser interpretada como un correcto gesto técnico que atiende el modo en que la sociedad se reproduce, siempre sobre la base de la comunicación, dejando en claro que las respuestas ayudan a continuar el diálogo, y no a cerrarlo.
Sobre el concepto de información también se puede puntualizar algo adicional. Aparentemente, esta cuenta se dedica a la información en un sentido de verdad, contra otro de mentira informada. Pero pocas veces se piensa en qué significa “información” en un contexto comunicacional, más allá de su verdad o mentira. Dice Luhmann que en contexto de interacción, aquel que registra a un otro hablándole, debe poder diferenciar el contenido informativo que le intentan transmitir, de la intención de comunicarle algo. Es decir, el tema y el dejar en claro el intento de hablarle, van unidos. Así como la comunicación solo puede llevarse adelante sobre la base de un contenido temático, debe poder dejar en claro a quién llama la atención y a quién no. En ese contexto, si la información es verdadera o falsa, importa muy poco; lo que debe lograr esta cuenta es despertar la unión entre lo que dice y el que siente que le habla en un sentido personal. Esto quiere decir, que sus votantes, deben sentirse conectados, como si fuera que es personalmente para ellos.
Toda información es una novedad en una comunicación, o más específicamente, una diferencia respecto a lo que se venía conversando. Toda comunicación avanza sobre la base de información, de diferencias en la conversación, y no tiene otra manera de hacerlo. La comunicación en un sentido político busca, justamente, informaciones que nutran, como novedades en el discurso, el sostenimiento de la relación afectiva (o algo por el estilo) con su público; los noticieros buscan que sus públicos los sigan porque tienen mejores novedades. Así, la información, es siempre, una novedad con producciones alternativas, dependiendo de los contextos.
El enojo de los rivales de Milei completa el círculo de su búsqueda comunicacional. Una y otra vez confunden una estrategia para públicos específicos, con sus propios intereses. En lugar de describir intenciones, dedican tiempo a ver si tienen o no razón en verdades o mentiras. Los únicos que se dedican en serio a eso son los científicos, que poseen métodos aceptados para diferenciar a unos de otros, y ni la política ni los medios masivos, los visitan con frecuencia. En realidad, solo los buscan para llamar la atención o para pelearse entre ellos, porque siempre la verdad, fuera de la ciencia, es un punto de vista, para divertirse contra otros.
* Sociólogo.