crítica

Ni victimismo, ni mujerismo, ni militancia queer

Hay reminiscencias del nuevo periodismo en este calidoscopio de la autora de la reciente serie de relatos Stag Dance, con dosis de imaginación periodística, swing literario y reflexiones sociológicas.

Foto: cedoc

Con una tremenda expectativa –The New York Times ubicó Detransición, baby, de Torrey Peters, entre las cien mejores novelas de los últimos cien años, y The Guardian dijo en 2021 que era “la primera gran novela transrealista”–, llega a los lectores latinoamericanos, en una excelente traducción de Cristina Pineda Huertas, una poliédrica trama con aparentes aires livianos de sitcom queer. Pero que esconde la pregunta animal, por lo políticamente incorrecta: ¿quién puede hacer la transición y qué tan fácil es para diferentes personas? Como en lo mejor de la gran novela norteamericana, el enfoque emocional allana la gran obra de la comedia humana.  

Lo de sitcom no es juego baladí en páginas que citan y escudriñan críticamente los estereotipos femeninos de Friends, Gossip Girl o How I Met Your Mother. Aunque la favorita es Sex and the City, aquí Nueva York es el Macondo de Peters, y los techos de cristal para sus personajes resultan los caracteres de Carrie, la creatividad laboral; Samantha, la libertad sexual; Miranda, el éxito en el trabajo, o Charlotte, la culminación familiar heteronorma. Con ellos combatirán con sus dolientes alforjas familiares y vinculares, en un arco temporal de semanas y años, la mujer trans Reese, la fémina cis judeo-asiática Katrina y la Amy que decidió revertir la transición para volver al macho Ames. Y embarazar a su jefa Katrina. 

Ni victimismo, ni mujerismo, ni militancia queer necia, ya que deja caer las críticas a las jóvenes mujeres trans que no han sufrido “seguir adelante sin hacerse ilusiones nuevas, ni amargarse la vida, y sin un plan que la guíe”, Peters expande el proyecto familia al horizonte de posibilidades del transgénero, que corre excéntrico en relación con lo normal y dominante. Tal cual el pedido de Amy/Ames del triángulo maternal que sus mujeres deberán procesar no en un sentido esencialista, no desde el qué se supone que sería la madre, sino dejando hablar al cuerpo y las cicatrices.

Hay reminiscencias del nuevo periodismo, el estilo que patentó Tom Wolfe pero que quizás inventó Rodolfo Walsh, en este calidoscopio de la autora de la reciente serie de relatos Stag Dance, con dosis de imaginación periodística, swing literario y reflexiones sociológicas. Todo con la manera de contar que se asemeja al microrrelato de anécdotas al estilo del chisme de lo vivido, que expande el presente convocando el pasado a lo Manuel Puig y desarma el peso de la letra patriarcal, que todo lo devora. “Hay heridas que nunca se cierran, solo se sigue construyendo encima y se tira para adelante; se gentrifican”, reflexiona Reese antes de lanzarse al agua con sus sueños de maternidad de mujer trans. 

Denne Michele Norris o Harron Walker, con sus premiadas investigaciones sobre la salud trans en importantes medios estadounidenses, son compañeras cercanas de la ola que Torrey Peters moviliza en Detransición, baby y que se opone al neoliberalismo grotesco reinante en EE.UU. Donde hay violencia, sus historias proponen cuidados. Y la vida se agita.

 

Detransición, baby

Autora: Torrey Peters 

Género: ensayo

Otra sobras de la autora: Stag Dance; The Masker 

Editorial: Caja Negra, $ 40.000

Traducción: Cristina Pineda Huertas