CULTURA
crítica

Nuevas formas del mal

Ryrie es británico, historiador de la religión cristiana –en lo anglicano y su circunstancia–, nació en 1971 y ejerce su fe en la parroquia de Shotley St., diócesis de Newcastle. Pero esta traza no domina el desarrollo del texto, al contrario, resulta lateral, casi anécdota. Porque la forma del razonamiento es la del historiador.

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“Tengo para mí que el nazismo es la personificación moderna del mal”. Con esta frase en la Introducción a este ensayo en tres partes y una Conclusión, acaso apresurada, Ryrie sintetiza el modelo que Occidente (el europeo) impuso en sus sociedades como escala para que lo terrible no volviera a ocurrir (al menos en territorio propio): la guerra. Y a poca distancia de lo citado también sentencia: “La era de Hitler, la era en que la fascinación y el horror ante el nazismo se apoderaron de nuestra imaginación moral, está tocando a su fin”.

Es decir, su tesis es que hay nuevas formas del mal que nuestra imaginación, obnubilada por el líder de masas criminal, jamás consideraría posibles. Este cuarto del siglo XXI está a la deriva, carente de memoria histórica real, su población es víctima tanto de la ignorancia como de la ambición inmediata, circunstancial, de supervivencia extrema. La impronta estilística con que concatena sus ideas hace de Ryrie un extraño de época, no al estilo de Émile Zola en Yo acuso, o al de Bertrand Russell en Por qué no soy cristiano (“el mundo que conocemos fue hecho por el demonio en un momento en que Dios no estaba mirando”).

Ryrie es británico, historiador de la religión cristiana –en lo anglicano y su circunstancia–, nació en 1971 y ejerce su fe en la parroquia de Shotley St., diócesis de Newcastle. Pero esta traza no domina el desarrollo del texto, al contrario, resulta lateral, casi anécdota. Porque la forma del razonamiento es la del historiador basado en los hechos, lo ocurrido como un conglomerado de verdades cuyas consecuencias todavía siguen barajando el destino en nuestros días. Y, además, ninguna interpretación ideológica puede modificar ese pasado tan sólido como ineludible.

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Con solidez, en “La historia más grande jamás contada”, de la primera parte, encuentra cómo las sociedades convierten las secuelas de la guerra en un heroísmo generalizado, acaso pacifismo que pocas veces tuvo réplica en lo real. Así, el mundo ideal, fraccionado en el bien y el mal, va más allá de Kant, también del positivismo jurídico. Todo esto contrasta con la formación social del lector en castellano, más si vive en América del Sur, y ni que decir de los lectores argentinos, dignos portadores de un ADN nacionalista cosecha 1950, desprestigiado por el revisionismo histórico cínico, por el que se supone que lo argentino tiene alguna autoridad moral.

La tercera parte de La era de Hitler contiene dos destinatarios que, tal vez, nos sean inocuos: laicos progresistas y conservadores tradicionalistas. El siglo XXI de este territorio argentino padece inestabilidad colonial recurrente (nunca superada), la falta de autocrítica social y la necia renovación idealista de una grandeza inexistente. Esto hace de este libro un ejercicio de réplica, para la discusión con el pasado, con la triste pobreza conceptual que queda como sedimento social. Al final, el autor propone cómo ganar una guerra cultural: Imposible, no hay cultura, tampoco guerra en semejante devastación.

La era de Hitler y cómo sobrevivir a ella

Autor: Alec Ryrie

Género: ensayo

Otras obras del autor: The English Reformation; Unbelievers: An Emotional History of Doubt; The origins of the Scottish Reformation: The Sorcerer’s Tale

Editorial: Gatopardo, $ 20.610

Traducción: María Antonia de Miquel