Ojos brujos
Antonio Lorente pasó por Buenos Aires con sus lápices blandos, sus monos de obsequio y ese catálogo de ojos hechizados que parecen mirar desde una infancia anterior al lenguaje. Ilustrador de clásicos, de niñas pálidas, muchachos rosados y fantasmas victorianos, el artista español presenta “13 de fantasmas. Una antología de relatos espectrales” y prepara nuevas incursiones góticas mientras defiende, frente al ruido de la IA, una evidencia antigua: la imagen todavía puede tener duende, memoria y alma.
El ritual, el juego, se repite. Antonio Lorente pone uno de sus lápices negros blandos en la máquina sacapuntas, modela la madera y el sortilegio, y se dispone autografiar con un mono de obsequio, en su reciente paso Buenos Aires. Una ilustración que empezará invariablemente por los ojos, para algunos la puertas del alma; para otros, el abismo de lo inefable de los otros. Sentidos anteriores a verbalizar que se asemejan a la inocencia de la infancia, un tiempo recobrado en las ilustraciones de Lorente, que presentó la novedad de 13 de fantasmas. Una antología de relatos espectrales (Edelvives), una selección de cuentos de fantasmas victorianos de Miguel Herráez, junto a su catálogo de niñas pálidas y muchachos rosados. Todos en ojos brujos por Antonio Lorente, que sonando el compás de un tango abolerado, brillan en los sueños igual que una visión. La infancia como patria a dónde seguir viajando.
“Cuando soy consciente de lo que puedo llegar a cambiarle el momento a alguna persona, es muy fuerte, y se me pone la piel de gallina. Testimonios y gente contándome cosas, algunas privadas. Ahí pienso que una imagen vale más que mil palabras porque es un sentimiento que de repente puede hacerte volver a tu infancia, recordar ese momento en que te leían tus padres”, deja por un instante la rueda de firmas y vuelve el ilustrador español la mirada a sus primeros años, criado en un hogar con “olor a sal”, cercano al Mediterráneo, “mis dibujos poseen una reminiscencia de las caras y las historias de mi propia infancia o de los amigos de juventud. En la también novedad de El principito me pasó lo mismo que con Peter Pan, ambos libros muy esperados desde chico. Confieso que atesoro en un lugar especial de mi casa la página doble de rosas de El principito, hecha al óleo, y si bien vendo algunos originales, me costará mucho desprenderme. De todos modos necesito despegarme de alguna pieza, tengo varias mías de Carmilla de Joseph Sheridan Le Fanu, que inspiró a Drácula, y justamente el vampiro de Bram Stoker es otro de mis sueños”, anticipa Lorente, que empezó ilustrando los textos de su hermana María Jesús Lorente, entre ellos Genios. El eco fantasma de sus voces (2018), y en 2020 fue un fenómeno editorial en el rubro de libros ilustrados de lujo con Ana, la de Tejas Verdes, de L.M. Montgomery.
“Siempre he dibujado y pintado mujeres. Y supongo que porque mi mundo siempre ha sido muy femenino, muy matriarcal. Mi abuela crío a sus tres hijas sola porque mi abuelo murió joven y yo crecí con ellas antes de estudiar bellas artes en Valencia y, luego, sobrevivir cinco años en Londres y empezar a exponer en galerías. Vengo de una familia en la que la mujer es importante. Y pues yo tengo un lado femenino muy sensibilizado”, acota Lorente, aunque señala que pretende salir de “la zona de confort” con la serie “La mano encantada”, más ligada al terror. Tras 13 fantasmas edita un nuevo título, el clásico gótico Dr. Jekyll and Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson.
“Los clásicos me interesan porque me permiten conectar con diferentes generaciones, como me pasó con Mujercitas. Yo ilustro libros simplemente, ni para grandes, ni para chicos”, asevera el artista que obtuvo un premio oficial de España a mejor álbum 2021 por Las aventuras de Tom Sawyer, y amplía que “en las firmas o redes veo gente de mi edad para arriba. Y al final vienen niños, pero son niños que acompañan a los padres o a sus tíos. Y es que es un tipo de libro de formato de lujo casi para el coleccionista. Incluso los padres que se los compran a sus hijos, se los compran pero los tienen que tocar con guantes dicen, con mucho cuidado”, recorta Lorente, quien no le teme a las manías de fan de repetición y serie. “No es mi caso. Intento hacer lo que me apetece y cuando lo haces con cariño y amor, creo, conecta con la gente. Es el camino que estamos haciendo con mis lectores y cada vez somos más”, cierra quien visitó por segunda vez el país para fervor de sus seguidores en redes y presentaciones.
Divinas proporciones. Mientras en la escuela nacional del dibujo pueden surgir conexiones en esos ojos de Lino Enea Spilimbergo y las imágenes de ensueño con un toque kitsch de Alicia Carletti y Andrés Compagnucci, o en los compañeros ilustradores de ruta argentinos de Lorente como Leicia Gotlibowski y Nunö, el surrealismo pop del artista español de Almería abreva en una fuente insospechada para los millennials. “Del Renacimiento soy un apasionado. La pintura prerrafaelista me encanta, aparte que lo he pintado hasta la saciedad de estudiante, y la he analizado en profundidad. Me encanta el Lowbrow de Mark Ryden y Margaret Keane pero alucino con Caravaggio. Toda esa mezcla que al final voy haciendo, meto en una coctelera gigante y sale mi estilo, que tiene mucho del clasicismo reversionado en pop”, reflexiona Lorente, quien se siente “a gusto” siendo parte de la nueva ola mundial de “reconocimiento” a los ilustradores en museos, ferias y la prensa.
IA versus El Duende. Aunque el bit mete la cola. Especializado en pintura digital en sus inicios, que ahora mezcla con otras técnicas como el óleo, tempera o incluso tinta de calamar, reconoce que recibe a diario el guadañazo. “Lorente es IA. En el 2015 yo subía una imagen que era ¡guau! ¡qué pasada! Ahora ya tengo que enseñar cómo hago la imagen. Creo que las redes funcionan de manera diferente ahora y es lo que digo a muchos ilustradores que empiezan, que tienen miedo, pero que deben mostrarse trabajando. No es algo que piense ni que me moleste siquiera cuando señalan alguna obra mía de IA. Sé además que existe un prompt con mi estilo. Las cosas que hago, las muestro, las comparto y luego sean libres de tropezarse y darse cuenta de que mis dibujos tienen alma, no IA. Ahora me verán preparando material sobre Federico García Lorca, que como otros empiezo dibujando en los márgenes de libros gastados”.
Tiempo atrás Antonio Lorente compró la casa en que vivió unos años de niñez el poeta de Romancero gitano. Abierta para el público en Almería y “tematizada” por la familia Lorente le sirve de inspiración para “un diario de las cosas muy curiosas que me pasaron el año que permanecí allí”. Niño, déjame que baile.