Resúmen porteño
A diferencia del haiku, el senryu es un poema más subjetivo que pretende capturar instantes de la sociabilidad, con intención a veces satírica, a veces política. “Un verso/ dos versos/ el tercero ya es un vicio”, dice uno de los poemas de Rodolfo Edwards en ¡Ponele música!, un bando rantifuso del poeta que patea su propio ritmo en cada línea, en la palabra que se hace vereda y melodía situada en el último farol o en el vaso a medio llenar. Todo es poesía menos la poesía, desafía Edwards, y transciende senryu a lo que tiene que decir mi tribu en la pared.
“A los pocos que quedaron de este lado”. Esa es la dedicatoria que Edwards decide para versos que son siempre hoy chupando los 18 whiskys, “en el almanaque de 1990/ un dardo quedó/ clavado para siempre”, o arañando el último tren, “miro el paisaje/ que solía ser plácido ayer/ hoy han talado los árboles/ y en la tierra yerma/ todo es desolación/ voy colgado del estribo”. Ante un hoy en que la crueldad y la injusticia se pavonea, parecido al clima de época menemista que inspiró su avizor Culo criollo –que no fue más ese tiempo que un gran sinceramiento del ser nacional en el “sálvase quien pueda” mutado actualmente en “viva la libertad, carajo”–, Edwards la coloca en el ángulo “unos tipo se propusieron/ una alianza para el progreso/ pero sólo progresa/ la temperatura en verano/ las deudas siempre/ y la maldad en proporciones/ inimaginables”
El libro anterior, El campeón del baile suelto (Ediciones Lamás Médula, 2019), el homenaje a su maestro Alfredo Carlino y a otros como Nicanor Parra y Juan Gelman, sigue la estela de urgentes poemas de Edwards, “Los Tatis” y “Los pichones de Morrison” por nombrar algunos, dentro de los campos de fuerza de militancia política y militancia poética. ¡Ponele música! sería el lado B, más cercano al timbre humano, el latido vital y sincero que su lírica halla en la cáscara de nuez y el carnet para ir a la cancha. Pero sin dejar de proponer una poesía que se mancomune con el modo de vida y en las condiciones de existencia de un pibe de Palermo y un chico de La Boca, usando las palabras “donde pertenecen”, que no se eleve sobre lo popular, sino que pueda decir un nosotros, en “los ojos del poeta se pierden en la frondosa formación de árboles de la plaza de enfrente”. Para ello señalando los elementos que hacen al estado de los cosas y los seres, anudando la sudestada y las casitas del barrio, que presagien las llamitas para alumbrar esta noche y que derrote el imperio de las circunstancias y los terrores. Habrá que salir, porteños.
Pasada la estéril disputa de encasillar a la poesía de los 90 entre neolirismo, realismo sucio y objetivismo, quedan las poemas como los de Rodolfo Edwards en ¡Ponele música! A la hora del alba y los luceros de la ciudad que todo lo invoca, en todo retorno, un cambio nacerá.
¡Ponele música!
Autor: Rodolfo Edwards
Género: poesía
Otras obras del autor: Todo es poesía menos la poesía; El campeón del baile suelto; Con el bombo y la palabra; Culo criollo; Los Tatis; Mosca blanca sobre oveja negra; The real poncho; Panfletos de papel picado
Editorial: Nebliplateada, $ 26.000