SANTORAL CATÓLICO

San Giles María de San José: el humilde limosnero que predicó la alegría en Nápoles

San Giles María de San José es recordado en el santoral por su vida de servicio desinteresado, su profunda caridad hacia los marginados y su inquebrantable espíritu franciscano.

SANTORAL CATÓLICO Foto: IA

Este viernes 13 de febrero, el santoral católico celebra a San Giles (Egidio) María de San José, un fraile menor alcantarino que vivió en el siglo XVIII. Nacido en Tarento como Francesco Pontillo, trabajó inicialmente como artesano antes de abrazar la vida religiosa en Nápoles. Su santidad no se forjó en grandes tratados teológicos, sino en el diario caminar por las calles napolitanas, donde se convirtió en el "Consolador de Nápoles" mediante la limosna y la palabra.

San Giles María y el servicio a los desamparados de Nápoles

La hagiografía italiana lo describe como un hombre de una humildad radiante que pasaba sus días pidiendo limosna para su convento y para los pobres. Las fuentes destacan que su sola presencia inspiraba paz; recorría los barrios más humildes con una alforja al hombro y un rosario en la mano. Para San Giles, el acto de mendigar no era una carga, sino una oportunidad para escuchar las penas de los afligidos y ofrecerles consuelo espiritual.

Se le atribuyen numerosos milagros en vida, principalmente relacionados con la multiplicación de alimentos para los hambrientos y curaciones repentinas mediante la señal de la cruz. Los registros históricos mencionan que tenía el don de la profecía y una conexión especial con San José, a quien encomendaba todas sus necesidades. Su capacidad para ver a Cristo en los enfermos y los encarcelados lo convirtió en un faro de esperanza durante una época de grandes desigualdades sociales.

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La devoción actual hacia San Giles María de San José se mantiene viva especialmente en el sur de Italia, donde es invocado como protector de los trabajadores manuales y de quienes sufren carencias materiales. Los fieles lo ven como un modelo de "santidad de lo cotidiano", recordándonos que la fe se traduce en gestos simples de amor. Se le pide intercesión para encontrar trabajo, para la paz en los hogares y para fortalecer el espíritu de servicio comunitario.

La oración dedicada a este santo suele resaltar su pobreza voluntaria y su alegría constante. Los devotos le rezan pidiendo: "Señor, que por la intercesión de San Giles María aprendamos a amar a nuestros hermanos con un corazón sencillo". Es común que se le pida ayuda para superar la soberbia y para encontrar la felicidad en las cosas pequeñas, siguiendo su lema de confiar plenamente en la Divina Providencia para el sustento diario.

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Hoy, el santoral católico también conmemora a San Benigno de Todi y a Santa Catalina de Ricci. En esta semana que concluye, hemos transitado por la pureza de Santa Escolástica y la sanación de Nuestra Señora de Lourdes. Mañana, 14 de febrero, la Iglesia celebrará a los santos Cirilo y Metodio, junto a la popular memoria de San Valentín, cerrando una semana de testimonios sobre el amor divino y la fraternidad universal.

En la Ciudad de Buenos Aires, puedes recordar su legado de caridad en el Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Pompeya, donde la Orden Franciscana mantiene viva la espiritualidad del servicio a los humildes. En este templo de los barrios del sur porteño, los fieles pueden meditar sobre la vida de San Giles y pedir su protección para que nunca falte el pan ni la esperanza en las mesas de los más necesitados.