Este sábado 7 de febrero, el santoral católico conmemora a San Ricardo el Peregrino, también conocido como Ricardo de Wessex. Miembro de la nobleza anglosajona, su vida dio un giro radical cuando decidió dejar su trono en Inglaterra para peregrinar hacia Roma y Tierra Santa. Acompañado por sus hijos, quienes también alcanzarían la santidad, Ricardo se convirtió en un modelo de desapego material y búsqueda espiritual para la Europa medieval.
San Ricardo y el legado de una familia de santos
La historia de San Ricardo, documentada en fuentes hagiográficas italianas, resalta que fue padre de tres santos prominentes: Willibaldo, Winebaldo y Walburga. Su partida de Inglaterra en el año 720 no fue un acto de debilidad, sino de suprema devoción. Las crónicas en inglés describen cómo el antiguo rey cruzó el Canal de la Mancha y atravesó Francia como un humilde mendigo, enseñando a sus hijos que el Reino de Dios es el único que verdaderamente prevalece.
Aunque no llegó a cumplir su sueño de visitar Jerusalén, su viaje fue considerado un milagro de resistencia y fe. Al llegar a Lucca, en la actual Toscana, Ricardo cayó gravemente enfermo. Los relatos locales mencionan que, antes de morir en el año 722, su presencia irradiaba una paz sobrenatural que conmovía a quienes lo asistían. Tras su fallecimiento, su tumba en la iglesia de San Frediano se convirtió en un lugar de curaciones inexplicables y ferviente devoción popular.
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La devoción actual a San Ricardo se centra en su papel como protector de los viajeros y de los padres de familia. Se le considera un intercesor para aquellos que buscan guiar a sus hijos por el camino del bien y la integridad moral. Su vida inspira a los cristianos modernos a discernir entre las ambiciones temporales y las riquezas eternas, recordándonos que el estatus social no es un impedimento para alcanzar la perfección evangélica.
Las oraciones dirigidas a San Ricardo suelen pedir protección durante los viajes y claridad para tomar decisiones que cambien el rumbo de la vida. Los fieles recurren a él diciendo: "Oh Dios, que hiciste que el bienaventurado Ricardo dejara su patria para buscar la ciudad celestial". Es el santo ideal para quienes atraviesan crisis de identidad o vocación, ofreciendo su ejemplo de valentía al soltar lo seguro por seguir el llamado de la Providencia.
Junto a este santo peregrino, el santoral católico de hoy recuerda al Beato Pío IX y a San Lucas el Joven. Esta semana ha sido rica en testimonios: desde el reconocimiento del Mesías por San Simeone, hasta el martirio de San Pablo Miki ayer. Mañana, domingo 8 de febrero, la Iglesia celebrará a San Jerónimo Emiliani y a Santa Josefina Bakhita, continuando un ciclo de santidad que abraza todas las condiciones humanas.
En la Ciudad de Buenos Aires, puedes encomendarte a la protección de este santo viajero en la Iglesia de San Ignacio de Loyola, la más antigua de la ciudad, ubicada en el barrio de Montserrat. En este entorno histórico de fuerte impronta misionera y peregrina, los fieles encuentran un lugar propicio para meditar sobre el desapego y la entrega total a Dios, siguiendo los pasos del rey que eligió ser un simple siervo de Cristo.