Este viernes 6 de febrero el santoral católico rinde tributo a San Pablo Miki y sus compañeros mártires, un grupo que incluía sacerdotes, religiosos y laicos, entre ellos niños de corta edad. Pablo Miki, hijo de un capitán japonés y formado por los jesuitas, se convirtió en un elocuente predicador del Evangelio. Su ejecución marcó un hito en la historia de la evangelización asiática, demostrando que el cristianismo había arraigado profundamente en suelo japonés.
San Pablo Miki y el testimonio de perdón desde la cruz
Las fuentes históricas describen el heroísmo de los mártires durante su marcha forzada de mil kilómetros hasta Nagasaki. A pesar del frío extremo y las humillaciones, el grupo cantaba himnos de alabanza. Al llegar a la colina de Nishizaka fueron atados a cruces. Pablo Miki, en un acto de caridad extrema, predicó su último sermón desde la cruz, perdonando públicamente a sus ejecutores y declarando que solo en Cristo se halla la verdadera salvación.
Los relatos hagiográficos italianos mencionan milagros de fortaleza espiritual, destacando la figura del joven monaguillo Luis Ibaraki, de solo 12 años, quien rechazó la libertad a cambio de apostatar. La serenidad con la que los 26 enfrentaron las lanzas que atravesaron sus costados conmovió incluso a los soldados presentes. Este sacrificio colectivo se considera el "semillero de cristianos" en Japón, donde la fe sobrevivió en la clandestinidad durante siglos tras la persecución.
San Higinio, el papa que organizó la Iglesia en tiempos de persecución
La devoción actual hacia estos mártires se centra en la unidad de la Iglesia y el respeto por las diversas culturas. San Pablo Miki es invocado hoy como puente entre Oriente y Occidente. En la liturgia contemporánea, su memoria recuerda a los fieles que el mensaje de Dios no pertenece a una geografía específica, sino que es un llamado universal al amor y al perdón, incluso en medio de la opresión más violenta.
Las oraciones dedicadas a este día suelen pedir la gracia de la perseverancia final y la valentía para confesar la fe en entornos hostiles. Los devotos rezan para que, a ejemplo de los mártires de Nagasaki, podamos amar a nuestros enemigos y ser constructores de paz. Su intercesión es buscada especialmente por las comunidades cristianas perseguidas en el mundo moderno, encontrando en Pablo Miki un protector que comprendió el costo del discipulado.
Además de estos valientes mártires, el santoral católico menciona hoy a San Mateo Correa y a San Vedasto de Arrás. Esta semana ha sido un recorrido de fe intensa, desde la luz de San Simeone el lunes, pasando por la sanación de San Blas y la pureza de Santa Águeda ayer. Mañana, la Iglesia continuará su calendario con la memoria de San Ricardo, rey de los ingleses, cerrando una octava de grandes testimonios.
En la Ciudad de Buenos Aires, puedes recordar a estos mártires en la Iglesia de Regina Martyrum, situada en el barrio de Balvanera. Este templo, confiado históricamente a la Compañía de Jesús, guarda una estrecha relación con la espiritualidad de San Pablo Miki. Sus vitrales y altares invitan a la meditación sobre el sacrificio de aquellos que, como los veintiséis de Japón, entregaron su vida por la propagación de la fe católica.