El debate sobre el precio de la ropa es en esencia un debate sobre el modelo de país. Sobre qué tipo de economía quiere darse la Argentina. Es una discusión que vuelve una y otra vez, como la piedra de Sísifo. La posición del Gobierno fue de absoluto desprecio por los productores argentinos, si tomamos los ejemplos del jefe de Gabinete Manuel Adorni y del ministro de Economía Luis Caputo, dos que deberían empezar a serenarse. Federico Sturzenegger, hay que decirlo, le subió la vara cuando puso como modelo a David Ricardo y la teoría de las ventajas comparativas. Mejor así (aunque la teoría no siempre se traslada a la práctica).
Como economía con una base industrial estructuralmente heterogénea, de más de un siglo de historia, hoy desplazada, en palabras del reconocido especialista Bernardo Kosakoff, hacia un modelo de ensamblaje, y con un sector informal excluido; un sector agroindustrial de alta competitividad internacional; buen desarrollo en economía del conocimiento y en el umbral de la explosión de su potencialidad energética y minera; el desafío actual de la Argentina es cómo pararse frente a un orden internacional incierto, de gran volatilidad y al que Donald Trump busca incansablemente dirigir hacia el proteccionismo.
Acuerdo comercial entre Argentina y Estados Unidos: los puntos clave para cada país
El Gobierno todo lo copia del de Estados Unidos, al punto que este jueves replicó la creación de una agencia de “respuesta oficial rápida” al periodismo, una nota aparte. Es raro que no imite lo que está pasando en ese país con la economía.
El 2 de abril del año pasado Donald Trump inició una guerra comercial contra el mundo, y llamó a esa fecha “Día de la Liberación”. Subió aranceles a las importaciones a niveles nunca vistos en el último medio siglo con el doble propósito de reducir el déficit crónico de la balanza comercial y reindustrializar la economía estadounidense después de décadas de relocalizaciones de empresas en China.
¿Debería seguir Argentina un camino similar al de Trump? Sin duda que no. La argentina es una de las economías más cerradas del mundo, y aún en el marco de un repliegue general, una apertura razonable podría redundar en un mayor dinamismo de su comercio internacional y en un atractivo para la llegada de inversiones.
Tras 25 años de negociaciones, la Argentina acaba de participar del acuerdo histórico que selló el Mercosur con la Unión Europea que se propone eliminar aranceles para más del 90% de productos y fortalecer el comercio y la inversión.
El acuerdo, que aún requiere aprobación parlamentaria, crea una zona de libre comercio de 700 millones de personas. Además, es un acuerdo estratégico y geopolítico: supone un límite potencial a la ambición de Trump de consolidar América Latina, el Hemisferio Occidental, como su “esfera de influencia”, límite con el que parecen comprometidas la UE y Brasil, la principal economía de la región.
No es desde luego el compromiso de Javier Milei.
El Gobierno anunció la firma del acuerdo comercial con Estados Unidos
La Argentina y los Estados Unidos firmaron este jueves el Acuerdo sobre Comercio e Inversión Recíproco, cuyo marco se conoció en noviembre pasado junto a similares alcanzados por Washington con Ecuador, El Salvador, y Guatemala, países aliados de Trump en América latina de escasísima relevancia en el comercio internacional.
El acuerdo, que ocupa 37 páginas y un anexo tarifario, fue subido ayer a la web por la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR), en idioma inglés. Resulta, en sentido contrario al acuerdo Mercosur-UE, también un acuerdo geopolítico-estratégico.
En los enunciados, se propone profundizar el comercio y la inversión bajo criterios de reciprocidad, competitividad y armonización regulatoria. Pero la asimetría es evidente y el acuerdo se acerca más a una integración condicionada de la Argentina a los intereses de Estados Unidos que a un acuerdo de libre comercio (de hecho, no lo es).
Acuerdo comercial entre Argentina y Estados Unidos: los puntos clave para cada país
Como ya se dejaba ver en el acuerdo marco de noviembre, el texto impone extensos compromisos a la Argentina en relación a la apertura de su mercado a bienes norteamericanos, en materia de servicios, propiedad intelectual, economía digital, trabajo, medio ambiente, denominaciones de origen y obligaciones con terceros países (China). Sobresalen los compromisos asumidos por la Argentina con estándares, certificaciones y prácticas estadounidenses en materia de regulación, con la consiguiente pérdida o disminución de autonomía.
En materia de inversión, a través de instituciones como el Banco de Exportación e Importación de los Estados Unidos (EXIM Bank) y la Corporación Financiera Internacional para el Desarrollo, en colaboración con socios del sector privado, Estados Unidos “considerará apoyar el financiamiento de inversiones en sectores clave de Argentina”.
Julieta Zelikovich, doctora en Relaciones Internacionales, magister en Relaciones Comerciales Internacionales, enumeró los compromisos de uno y otro país contenidos en el acuerdo en un post en X: “Obligaciones de Argentina: 113 (son más xq hay listados de cosas). Obligaciones de EEUU: 10 (8 de esas son mutuas con Argentina... Así que en realidad son 2). Acuerdo de sumisión comercial y económica”.
En clave promocional, un comunicado de la Cancillería argentina a poco de conocido el acuerdo destacó que se trata del primer acuerdo en su tipo en la región que incluye compromisos de inversiones de EE.UU. Y subraya que la Argentina podrá colocar el año próximo 80 mil toneladas más de carne en el mercado estadounidense, y llevando el acceso actual hasta las 100.000 toneladas, con un incremento de 800 millones de dólares en las exportaciones.
“Estados Unidos eliminará los aranceles recíprocos para 1.675 productos argentinos en una amplia gama de sectores productivos, lo que permitirá recuperar exportaciones por 1.013 millones de dólares”, dice ese texto. Indica que Argentina eliminará 221 aranceles a “máquinas, material de transporte, dispositivos médicos y productos químicos”, reducirá al 2% otros 20 productos, “principalmente autopartes”, y “otorgará cuotas para vehículos, carne y otros productos agrícolas”.
El acuerdo deja extrañamente abierta la discusión sobre el acceso de acero y aluminio argentino a los Estados Unidos, dos productos a los que Trump impuso aranceles de entre un 25% y 50%. “El Gobierno de los Estados Unidos ratificó su compromiso de revisar oportunamente”, dice. Uno de los allí aludidos es Techint, de Paolo Rocca, el nuevo enemigo que se construyó el Gobierno.
La Cancillería afirma que el acuerdo con los Estados Unidos de Trump forma parte de la estrategia de inserción internacional de la Argentina y busca legitimar además que es compatible con los compromisos con el Mercosur y el acuerdo con la Unión Europea. Pero las dos cuestiones presentan dudas. Ya se puede augurar un trabajoso paso por el Congreso para su aprobación.
LT