En la presentación de la nueva área que se creó, raro dado que se propone achicar al Estado, se esgrime que la Oficina de Respuesta Oficial es para: desmentir activamente la mentira, señalar falsedades concretas y dejar en evidencia las operaciones de los medios y la casta política. Porque solo “informar” no alcanza si la desinformación avanza sin respuesta.
Y sigue: "Vamos a combatir la desinformación brindando más información (...) El derecho a la libertad de expresión es sagrado para esta administración.
Asegura además: Esta Oficina no busca convencer ni imponer una mirada. Tiene por objetivo que los ciudadanos puedan distinguir hechos de operaciones y datos de relatos.
Y finalmente: La democracia no se fortalece cuando se tolera la mentira, sino cuando se la expone. La Oficina de Respuesta Oficial existe para eso: para que la desinformación no quede sin respuesta y para que la verdad vuelva a ser información.
Ministerio de la verdad: el Gobierno lanzó una "oficina de respuesta oficial" contra el periodismo
Todo el camino de las buenas intenciones para direccionar la información es parte de un gobierno en campaña permanente. Siempre.
Lo que llama la atención es que para esto se encuentran los funcionarios y el área de vocería presidencial. Lo cuestionable es que se institucionalice una función que busque sondear de qué se habla y debate en la opinión pública para marcar información errónea cuando el Estado tutela información de la ciudadanía, no de los funcionarios.
Vale recordar la Ley de Acceso a la Información Pública en donde se deja claro que los funcionarios sólo intermedian en la información y el titular, salvo excepciones, es toda persona que la requiera dado que son tributos los que sostienen a las políticas estatales.
Por esto, sólo llamamos a la tolerancia liberal frente al debate abierto por las versiones que pueden darse en la opinión pública y no al señalamiento o el seguimiento a personas que, aún cuando puedan querer generar fake news, esto debe ser objeto principal del tribunal de la opinión pública salvo se incurra en delito flagrante que será de competencia judicial.
Por lo demás, creada la entidad, una suerte de Oficina de Respuesta Oficial bien también podría ser una Oficina de Atención Ciudadana, de Apertura del Estado, de Ventanilla Única para trámites, de Ética de Integridad Oficial, y así sucesivamente en tanto la responsabilidad de rendir cuentas recae con mayor peso sobre los funcionarios públicos y sobre los ciudadanos recae la de peticionar ante las autoridades sobre su actuar.
En este punto, la crítica no va hacia iniciativas del gobierno nacional respecto de transparencia y participación real si así se las concibiera. La crítica va a todas las dependencias estatales de control y de respuesta a la ciudadanía que debieran dar a conocer con mayor amplitud, y ser proactivas al respecto, en vez de repetir, duplicar o superponer otra nueva que podría en su genética tener un potencial defecto o desvío, no querido, de clausura del debate público.
Recordemos que el debate abierto sobre los asuntos públicos entre los sectores estatales y privados nos aleja de todo intento de censura, de hostigamiento y de potencial resquemor sobre quién quisiera opinar sin que el Estado se enfrente de este modo y con la lógica asimetría de poder que posee.
Finalmente, aquí se sostiene que la pretendida verdad se construye en el sostenido principio del debate abierto y crítico con carácter político y no en la sóla y única respuesta temporal de un funcionario de un área de un gobierno y en un determinado tiempo. No necesita de más regulación, entidades ni monitoreo.
Este principio liberal y republicano debería ser el único motor de la conversación sobre los asuntos que nos importan. Recordemos a Hayek en su idea del conocimiento disperso y a Popper y su pensamiento crítico para superar la paradoja de la tolerancia ante los intolerantes.
Esperemos entonces que si alguien disiente, o no posea el ideal del conocimiento perfecto y total, no tenga que quedarse con la única herramienta de aspirar a elevar una apelación al cielo como lo pensó Locke en su tiempo.