Santo Toribio de Mogrovejo: el incansable misionero y protector de los pueblos originarios
Santo Toribio es honrado hoy en el santoral por su monumental labor como organizador de la Iglesia en América y su defensa heroica de la dignidad de los indígenas en el siglo XVI.
Este lunes 23 de marzo, el santoral católico celebra la fiesta de Santo Toribio de Mogrovejo, segundo Arzobispo de Lima y Patrono del Episcopado Latinoamericano. Nacido en España y siendo laico con una brillante carrera jurídica, fue nombrado arzobispo por una disposición excepcional. Al llegar a América, transformó su vida en una misión itinerante, recorriendo a pie y a lomo de mula miles de kilómetros para llevar el Evangelio y la justicia a los rincones más remotos del Virreinato del Perú.
Santo Toribio y la evangelización en las lenguas nativas
La hagiografía italiana destaca su labor como el "segundo apóstol del Perú". Fuentes relatan cómo Toribio, desafiando las convenciones de su tiempo, aprendió diversas lenguas nativas para predicar directamente a los indígenas sin intermediarios. Convocó importantes concilios y sínodos que establecieron las bases de la Iglesia en el continente, promoviendo la creación de seminarios y la impresión del primer libro en América del Sur: un catecismo trilingüe en español, quechua y aimara. Su frase más famosa resonaba con fuerza ante los abusos de los conquistadores: "Cristo es la Verdad, no la costumbre".
San Bienvenido de Osimo: el obispo de la paz y el guardián de la justicia social
Los milagros atribuidos a su intercesión se vinculan frecuentemente con la provisión de agua en desiertos y la curación de enfermos durante sus viajes. Los registros históricos mencionan que, en una ocasión, hizo brotar una fuente de agua golpeando una roca con su báculo para saciar la sed de sus acompañantes en una zona árida. Es conocido también por haber confirmado a otros tres grandes santos: Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres y San Juan Macías, creando una constelación de santidad en la Ciudad de los Reyes que aún hoy asombra al mundo.
La devoción actual a Santo Toribio de Mogrovejo lo posiciona como el patrono de los obispos de América Latina y de los derechos humanos. En la liturgia, se resalta su desapego de las comodidades del palacio arzobispal para vivir entre los más humildes. Los fieles recurren a él para pedir por la santidad de los pastores de la Iglesia, por la unidad de los pueblos americanos y para obtener la fortaleza necesaria para defender la verdad y la justicia social en contextos de opresión o desigualdad.
La oración dedicada a este santo suele pedir un celo apostólico renovado. Los devotos suelen rezar: "Señor, que en Santo Toribio nos diste un modelo de pastor entregado a su rebaño, concédenos trabajar con la misma pasión por la dignidad de cada ser humano". Es común invocarlo para pedir por el éxito de las misiones en zonas rurales y para que los gobernantes tengan un corazón sensible a las necesidades de los pueblos originarios, recordando que él mismo falleció en una pequeña misión, repartiendo sus bienes entre sus sirvientes y los pobres.
San José: el custodio del Redentor y modelo de la paternidad en el silencio
Junto a este gran arzobispo, el santoral católico recuerda hoy a San José Oriol y a los Santos Mártires de Cesarea. Durante esta semana hemos transitado por la sabiduría de San Bienvenido ayer y nos preparamos para la gran solemnidad de la Anunciación del Señor pasado mañana, 25 de marzo. Mañana, 24 de marzo, se recordará a Santa Catalina de Suecia, manteniendo una semana de figuras que supieron ser luz en tiempos de expansión y reforma de la fe.
En la Ciudad de Buenos Aires, puedes honrar su memoria y pedir su intercesión en la Basílica de Nuestra Señora de la Piedad o en la Catedral Metropolitana, donde su figura es venerada como padre de la fe en estas tierras. Es un lugar ideal para pedir por la unidad de los países latinoamericanos y para que el espíritu misionero de Santo Toribio inspire a los argentinos a salir al encuentro de los más necesitados, llevando no solo ayuda material, sino la esperanza del Evangelio vivida en la propia lengua y cultura del pueblo.