crítica

Una mirada humanista, certera, emocional

El logo de Editorial Perfil Foto: Cedoc Perfil

Esta es una historia familiar, porque resuena en un portador de la memoria, quien escuchó la saga natural de su raíz inmigrante para escribir. En la apariencia confesional de una serie de infidencias –incluso las que humillan al que enuncia, porque deja expuesta su impotencia o incapacidad de intervención en lo real–, el ornamento del ego se diluye. Así aparece el peso de la Historia, los hechos.

Guebel extiende los capítulos como tela para el corte: confecciona así el modelo progresivo de la memoria de Blanca, la tía, blanco de conflictos familiares, una página en blanco que registra el todo y sus causas, especie de vórtice del huracán: trata de dar calma ante lo irremediable mientras el sustrato trágico sigue latente. Si la geografía va de Europa a esta tierra y de aquí a Estados Unidos, es en un cruce de otras fronteras, las de lecturas y escuchas, también excusas.

La noción que surge es la del pionero, pero sin carretas, sin la inocencia de creer en una misión divina. Hay que poblar el mundo, contra viento y marea. Y la memoria de Blanca resulta indolente, sabia. Resuena así la Antología de Spoon River de Edgar Lee Masters, pero en voz alta, volviendo sobre versos inevitables. Un ejercicio que se repite, al azar, buscando la cita en Nosotros, los Caserta de Aurora Venturini. Por último, hace casi dos años recomendaba en este sitio la novela Soy una tumba de Facundo Báñez con una pregunta y su respuesta (que adquiere potencia con esta ficción); “¿Perdernos en las palabras es buscar el epitafio en todas las páginas? Lean este libro desnudos, sin pudor.”

Despojados de ropaje, aflora el sentimiento. Entonces Guebel evita la trampa de la piedad identitaria, el listado de facetas para que el lector identifique un afecto sincero para la compasión. Porque la frase que flota, a la manera de sombra, resulta: esto es la verdad del pasado. Tanta verdad como la de un nombre. A modo de ejemplo, por semejante deriva y desencuentros, suena Old Souls (Viejas almas), la canción de Paul Williams, ejecutada con maestría irrepetible por Jessica Harper en El fantasma del paraíso (Brian De Palma, 1974): “Our love is an old love/It’s older than all our years/I have seen in strange young eyes/Familiar tears”.

Una historia familiar elude el costumbrismo inmigrante desarmando la estructura de la víctima (siempre las mujeres, ese centro de cordura y persistencia lógica), donde la esperanza de una vida digna implica un amor apenas conforme, cierta maternidad resignada, la obsesiva voluntad por el éxito fallido en los hombres y, por qué no, la voluntad casi ciega por superar toda dificultad. Ya no es ser judíos, porque la fórmula implica a toda diáspora, italiana, española, libanesa…

Pero las piezas no encajan, porque está el pasado individual, con locura, codicia, limitaciones de todo tipo y la torpeza del entusiasmo. ¿Cómo se construye una sociedad humana? Esto responde Guebel: en la sutileza de innumerables sacrificios invisibles. Una mirada humanista, certera y emocional.

 

Una historia familiar

Autor: Daniel Guebel

Género: novela

Otras obras del autor: Paranoia; El absoluto; Derrumbe; El hijo judío

Editorial: Random House, $ 35.000