Una vida con significado
Su padre, que vivió hasta los 90 y largos, se lo aseguró en su momento: la década de los 80 es, por lejos, la más disfrutable de todas.
Los libros escritos a la sombra de una muerte anunciada suelen ser tan fáciles de escribir como espinosos de criticar. Ni confesión desgarrada, ni despedida solemne, ni ajuste de cuentas, Gratitud, de Oliver Sacks (1933-2015), cristaliza en su título la experiencia de una persona sintiente y un animal pensante, un neurólogo que hizo de la palabra del paciente, y del pensamiento propio una obra clínica y literaria.
A fines de 2014 y dos días más tarde de haber entregado a su editor el manuscrito de En movimiento, autobiografía en la que por primera vez escribe sobre su orientación sexual –por la cual la madre le espetó a los 18 años que era una abominación, que mucho mejor hubiera sido no haberlo parido–; Sacks recibe el diagnóstico de un cáncer metastásico, producto de un melanoma en el ojo, nueve años atrás. Y decide, entonces, hacer lo que ha venido haciendo desde hace más de cuarenta años: escribir. Amar y trabajar, asegura el neurólogo recordando a Freud, son las cosas más importantes de la vida.
Gratitud consta de cuatro ensayos, accesibles y amenos. “No voy a fingir que no estoy asustado”, admite en “De mi propia vida”, el segundo. “Pero mi sentimiento predominante es el de gratitud. He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído y viajado, he pensado y escrito. He mantenido un diálogo con el mundo, ese diálogo especial que mantienen los escritores y los lectores”.
Y a diferencia de toda una tradición que le enrostra a la vejez la irresponsabilidad de haber vivido una juventud sin considerar lo que deparaba el futuro, o de una línea de pensamiento que la pondera como una simple merma de energías de toda clase (cognitiva, corporal, emocional), Sacks saborea las mieses de los últimos años consciente de lo que traen consigo: una mayor apertura mental y una liberación de las restricciones cuya artificialidad, a su edad, destila el más puro de los absurdos.
Su padre, que vivió hasta los 90 y largos, se lo aseguró en su momento: la década de los 80 es, por lejos, la más disfrutable de todas. Y en Mercurio, el primero de los ensayos, redactado a los 79 años, Sacks afirma: “A los 80 puedes ver las cosas con gran perspectiva y contemplar la historia como algo vivo y vivido, algo imposible cuando se es más joven. Soy capaz de imaginar, de sentir en mis huesos, lo que es un siglo, cosa imposible cuando tenía 40 o 60 años”.
En Sabbat, el último texto, el autor toma su pausa final y recuerda los rituales familiares de su infancia en –de acuerdo con la cultura judía– el día sagrado de reposo y cuidado del alma. En las horas finales, dice Sacks, no llegan a la mente pensamientos metafísicos ni religiosos, sino la cabal conciencia de lo que es importante: vivir una vida con significado y propósito. Una vida en cuyos tramos finales uno pueda decir, sin pudor ni miedos vacuos: la obra está terminada, es hora, ya, de descansar.
Gratitud
Autor: Oliver Sacks
Género: ensayo
Otra obra del autor: El hombre que confundió a su mujer con un sombrero; Alucinaciones; Un antropólogo en Marte; Despertares; Musicofilia; En movimiento
Editorial: Anagrama, $ 19.500
Traducción: Damià Alou
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