Yasy Yateré: la leyenda del duende de la siesta y el misterio de los niños raptados
El mito del Yasy Yateré describe a un duende rubio que utiliza un silbido mágico para atraer niños en el litoral argentino. Su leyenda rige las costumbres de descanso en las zonas rurales.
El Yasy Yateré es una de las deidades emblemáticas de la mitología guaraní, con una presencia dominante en la cultura popular de las provincias de Misiones, Corrientes y Formosa. Se lo describe como un niño pequeño, de cabellos rubios y ondulados, que transita por el monte completamente desnudo o cubierto por una leve túnica.
El Petiso Orejudo: el primer asesino serial y la sombra eterna del penal de Ushuaia
A diferencia de otras criaturas del folklore regional que poseen aspectos monstruosos, el Yasy Yateré destaca por una apariencia casi angelical que utiliza como señuelo. Habita en la espesura de la selva y se manifiesta principalmente durante el horario de la siesta, momento en que los adultos descansan y el monte queda en silencio.
El poder de este ser radica en un bastón de oro que porta siempre consigo, que funciona como una vara mágica para realizar encantamientos. También se le atribuye un silbido agudo y melodioso que imita el canto de las aves, herramienta fundamental para atraer a los niños que se alejan de sus hogares durante las horas prohibidas.
El bastón de oro y el peligro del silbido en el monte guaraní
La tradición sostiene que el Yasy Yateré busca a niños que andan solos para jugar con ellos y alimentarlos con miel silvestre y frutas del bosque. Sin embargo, este encuentro no es inocente; el contacto con el duende produce un estado de trance o pérdida de la memoria que deja a las víctimas en una situación de vulnerabilidad total.
Una vez que el niño cae bajo su influencia, el ser suele lamerle la frente, un acto simbólico que, según la creencia popular, provoca que el infante se vuelva mudo o experimente ataques de epilepsia. Tras jugar con ellos durante horas, los abandona enredados en lianas o en lo alto de árboles, lejos de cualquier rastro conocido.
El mito del Curupí: el duende de la selva que confunde a los caminantes
El investigador paraguayo Natalicio González explica en sus textos que el Yasy Yateré es, en esencia, "el fragmento de la luna que baja a la tierra para custodiar la pureza del monte". Su nombre deriva de la expresión guaraní que significa "fragmento de luna", vinculando su origen con los ciclos celestes y la luz nocturna.
Para protegerse de su influencia, los habitantes del litoral recomiendan no responder a los silbidos que provienen de la vegetación cerrada durante la tarde. Se cree que si alguien logra arrebatarle su bastón de oro, el duende pierde sus poderes mágicos y rompe en un llanto inconsolable hasta que el objeto le es devuelto.
El mito cumple una función social de control preventivo, asegurando que los niños respeten el descanso de los mayores y eviten los peligros reales de la selva. Los riesgos de insolación, picaduras de víboras o ataques de animales salvajes son personificados en esta figura para generar un respeto reverencial hacia el entorno natural.
Existen relatos de pobladores que aseguran haber visto al duende moviéndose entre los matorrales con una agilidad imposible para un ser humano. Describen su mirada como perdida y brillante, capaz de hipnotizar a cualquiera que fije los ojos en él, lo que refuerza su carácter de entidad espiritual y no meramente física.
En algunas versiones de la leyenda, el Yasy Yateré es considerado el hermano del Curupí, compartiendo la tarea de vigilar la naturaleza pero desde una perspectiva diferente. Mientras el Curupí utiliza la fuerza y el terror, el Yasy Yateré se vale de la seducción y el juego para marcar territorio frente a la intrusión humana.
La vestimenta del duende, cuando la lleva, suele consistir en un sombrero de paja que oculta parcialmente su rostro, dándole un aspecto de campesino pequeño. Esta imagen se ha cristalizado en la artesanía regional, donde es común encontrar figuras de madera que lo representan con su vara dorada y su silbato de caña.
A pesar del avance de la tecnología y la pérdida de los espacios verdes, el temor al "dueño de la siesta" persiste en las colonias rurales misioneras. El silencio que se impone entre las doce y las tres de la tarde no es solo una costumbre climática, sino un ritual de respeto hacia la presencia invisible que habita el monte.
Los médicos rurales de la región a menudo encuentran casos de niños insolados o perdidos que los familiares atribuyen directamente a un encuentro con el ser. Esta convivencia entre la explicación científica y la mítica define la identidad del noreste argentino, donde lo sobrenatural se integra en la vida cotidiana sin conflictos.
lv cp