opinión

El Mundial, los bares y las pizzerías

Ancho de espadas. Argentina no jugó bien contra Argelia. Pero jugó bien (¡bien es poco decir!) Messi. Foto: xinhua

Me gusta que el partido del lunes contra Austria caiga a las 2 de la tarde. Los bares, restaurantes y pizzerías van a estar repletos (cosa que no ocurrió el martes pasado contra Argelia, jugado a las 22), la gente va a estar parada frente a las vidrieras de los negocios que venden plasmas y televisores, que seguramente darán el partido; muchos lo van a ver en el trabajo por internet o, incluso, escuchar por radio (taxistas,colectiveros, canas, etc.). No solo por el fútbol: cualquier excusa es buena para mí para que se pare el ritmo laboral y el clima depresivo que nos atraviesa. 

Este es el Mundial de la pobreza creciente, del ajuste económico permanente, de la crueldad como política de estado, del poder obsceno de los grandes grupos económicos, de injerencia de Estados Unidos en la política argentina (en especial en la política económica) tal vez como nunca en la historia, y de la complicidad del poder judicial y los medios hegemónicos, complicidad que roza el delito.

En ese clima, un grupo de jugadores-millonarios salen detrás de la pelotita y el país, el lunes, se va a parar por dos horas. Bienvenidas esas dos horas, que no cambiarán nada sustancial, salvo, precisamente, esas dos horas.

Entre tanto, Argentina no jugó bien el martes contra Argelia. Jugó bien (¡Bien es poco decir!) Messi. Pero por largos momentos Argelia le manejó la pelota, y el medio campo, extrañamente, no funcionó: De Paul, Alexis y Enzo muchas veces jugaron en la misma línea, con lo que pasar a uno implicaba pasar a los tres. Sé que puede sonar levemente bostero de mi parte, pero era un partido para Paredes. Faltó un 5 que se cierre atrás, y que pudiera meter pases entre líneas (como el muy bueno de De Paul a Messi en el primer gol). También le ganaron varias veces la espalda a Montiel, algo que se ajustó con la entrada de Molina. Como pocas veces (o no tan pocas veces) el partido lo ganó Messi solo, pero el equipo no acompañó. Incluso el gol anulado de Argelia se lo había comido Emiliano Martínez, que descuidó el primer palo. Es cierto -y esto no es algo menor, sino al contrario, algo importante- que era el primer partido y que, para ganar un Mundial, hay que ir de menor a mayor. Los equipos que arrancan bien arriba suelen quedarse en el camino. Por lo tanto, también se puede pensar el asunto es al revés: un equipo que llegaba con muchos, muchos jugadores tocados, que sacó claramente adelante el primer partido, con un Messi extraordinario y el resto regularcito, tiene mucho para crecer. Yo los veo al propio Messi y a Scaloni muy sueltos, distendidos, de muy buen humor, casi alegres. Pero no soberbios. Sino como quien se sacó de encima la mochila de la obsesión (de ganar la tercera estrella) y ahora parecen estar disfrutando del lugar ganado y del juego mismo.

El único problemita inesperado fue el empate de España contra el ignoto Cabo Verde, que abre una posibilidad de 16avos de final contra ellos. Ya jugar contra Uruguay es difícil, contra España (más allá de lo mal que jugaron el otro día) sería un flor de compromiso. Hay que hinchar porque se cuele Arabia Saudita en ese grupo. El Mundial recién arranca y el lunes allí estaré, frente a la pantalla en mi pizzería favorita.