Mundial

El relato de los goles a Inglaterra: crónica de los 256 segundos que marcaron el Mundial 1986

Documentación técnica y testimonios sobre la Mano de Dios y el Gol del Siglo en el Estadio Azteca. La influencia de Diego Maradona en la victoria de Argentina frente a la selección inglesa.

La mano de dios Foto: Captura X

El 22 de junio de 1986, el Estadio Azteca se convirtió en el escenario de un evento que excedió lo deportivo. Bajo un sol de mediodía, Argentina y Inglaterra disputaron los cuartos de final del Mundial, un encuentro cargado de una atmósfera eléctrica por el contexto histórico reciente.

La primera mitad terminó sin goles, con un dominio táctico repartido. Sin embargo, a los seis minutos del segundo tiempo ocurrió la acción que inauguró el mito. Un despeje fallido de Steve Hodge elevó la pelota hacia el área pequeña, donde Diego Maradona saltó ante el arquero Peter Shilton.

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En ese instante, el capitán argentino utilizó su puño izquierdo para impactar el balón antes que el portero. El árbitro tunecino Ali Bennaceur, ubicado a espaldas de la jugada, validó el tanto pese a las protestas británicas. Maradona confesó luego que fue un acto de picardía necesaria.

La denominación de "La Mano de Dios" surgió en la zona mixta tras el partido. Según relata el periodista Daniel Arcucci en su obra sobre el astro, Diego definió el gol como un gesto técnico instintivo donde la extremidad suplió la falta de altura frente a la corpulencia del arquero.

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Apenas cuatro minutos después de la polémica, se produjo la jugada que la FIFA catalogaría décadas más tarde como la mejor de los mundiales. Maradona recibió el balón de Héctor Enrique en campo propio, rotó sobre su eje y comenzó una carrera de sesenta metros eludiendo a cinco rivales.

La secuencia técnica incluyó toques cortos y una aceleración que dejó atrás a Peter Beardsley, Peter Reid, Terry Butcher y Terry Fenwick. El historiador y escritor Eduardo Sacheri menciona que la belleza de ese gol radica en la armonía de movimientos en un terreno de juego muy irregular.

Al llegar al área, el diez argentino enfrentó la salida de Shilton. Con un amague de cintura, desparramó al portero y definió con suavidad mientras Butcher intentaba una última barrida desesperada. Fueron diez segundos de posesión donde el balón nunca se alejó más de medio metro del pie.

Víctor Hugo Morales, en su mítica narración para Radio Argentina, inmortalizó la secuencia bajo el concepto de "barrilete cósmico". Su relato se convirtió en la pieza sonora definitiva de la hazaña, describiendo la estupefacción de un estadio que comprendía estar ante un hecho histórico.

En el libro "México 86: mi Mundial, mi verdad", el propio Maradona detalla que la intención inicial era pasarle la pelota a Jorge Valdano. No obstante, la disposición de los defensores ingleses lo obligó a continuar la marcha individual hasta quedar perfilado frente al arco rival.

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La respuesta inglesa fue puramente deportiva a pesar del impacto anímico. Gary Lineker, goleador de aquel torneo, descontó sobre el final y estuvo cerca de empatar. Lineker declaró años después que, a pesar de la derrota, sintió ganas de aplaudir el segundo gol por su perfección.

El triunfo 2-1 selló el pase de Argentina a semifinales, pero el significado de esos dos goles trascendió el resultado. El primero representó la astucia criolla y el segundo la excelencia técnica pura. Ambos extremos de la identidad futbolística nacional quedaron expuestos en un mismo día.

Los registros técnicos indican que Maradona recorrió el campo a una velocidad promedio de 14.4 kilómetros por hora durante el segundo gol. El análisis del video muestra cómo utilizó el brazo derecho para mantener la distancia con los defensores ingleses sin cometer infracción alguna.

El impacto global de estas acciones posicionó a México 1986 como el torneo de la consagración definitiva de un futbolista sobre el resto. La prensa internacional destacó que nunca un jugador había influido tanto en el destino de un equipo nacional durante una cita de esta magnitud.

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Años más tarde, los propios protagonistas ingleses reconocieron la superioridad del capitán argentino. Terry Butcher admitió que intentó derribarlo en tres oportunidades durante la carrera, pero la agilidad del atacante impidió que cualquier contacto físico lograra desestabilizarlo.

La pelota utilizada en aquel encuentro, una Adidas Azteca, fue subastada décadas después por cifras récord. Este objeto de culto simboliza el momento en que el fútbol argentino alcanzó su máximo nivel de épica, uniendo el talento individual con el sentimiento colectivo de un país.

Finalmente, el análisis histórico de estos goles permite entender la vigencia del mito maradoniano. No solo se trató de avanzar de ronda, sino de establecer un estándar de genialidad que sigue siendo la referencia principal cada vez que se discute sobre la historia de los Mundiales.