Messi y la Selección: conciertos para piano y orquesta
El partido contra Jordania se convirtió en un trámite y eso hace que, de hecho, Argentina para llegar a la final tenga que jugar 7 partidos y no 8, porque el octavo, el de hoy, ya no tiene importancia. Scaloni, obviamente, va a poner muchos suplentes o titulares que están averiados, para que estiren las patas, corran un poco y agarren ritmo los que no los tienen. El misterio –y lo que puede dar un poco de rating al asunto– es saber si Messi va a jugar un rato, tal vez la media hora final. Ojalá juegue un poco, porque es conmovedor verlo jugar así a los 39 pirulos. Verlo jugar a él. ¿Y al resto? No solo Messi hizo los 5 goles que marcó la selección en los dos partidos, sino que casi no hubo ninguna otra situación de gol, fuera de los que él hizo, salvo (si no recuerdo mal) el mano a mano de Julián Álvarez, que pateó al bulto y que de los rebotes vino el segundo gol de Messi a Austria. A la inversa, es cierto también que en dos partidos, contra equipos menores, no recibió ningún gol ni los rivales tuvieron alguna jugada clara de gol. Pero al equipo no lo termino de ver del todo bien. Sufrió demasiado en los dos partidos contra equipos, como dijimos recién, menores.
Hay un formato de la música clásica que, tal vez, permita ayudarnos a entender lo que pasa. Son los conciertos para piano y orquesta. De un lado, está el pianista, que es el solista, el que lleva la melodía difícil, la estrella del espectáculo. Y detrás de él, la orquesta, que acompaña, por momentos dialoga con él, en otros toma protagonismo para que el pianista pueda descansar un momento. La relación entre el pianista-solista y la orquesta es de ida y vuelta, ambos se necesitan mutuamente. Pero en estos dos partidos, por momentos vi a Messi como un solista sin orquesta.
Contra Austria Enzo jugó bien, Paredes jugó un ratito y también entró bien (aunque se hizo amonestar a los 2 minutos, como de costumbre), Medina de 3 cumplió mucho mejor de lo que esperaba, pero al equipo en general le sigue costando funcionar como una orquesta. Messi, a los 39 –y antes tampoco– no puede salvar siempre al equipo. Tienen que aparecer alguno de los dos 9 (muy bajos en los dos partidos), el medio campo tiene que ser más dinámico, el equipo tarda demasiado en recuperar la pelota. Creo que Scaloni es bien consciente de todo esto, por eso, en cada conferencia de prensa que da, vuelve sobre el tema de que hay que acostumbrarse a que va a haber momentos (demasiado largos para mí) en que la selección va a tener que defenderse y aguantar.
Entre tanto, en medio del Mundial del “éxito” (así lo definió Infantino) en Estados Unidos siguen las deportaciones del ICE, hay un referí somalí al que no dejaron entrar y no pudo dirigir en el torneo (volvió a su país, después de ser rechazado en migraciones del aeropuerto de Miami, procedente de Estambul, y fue recibido como un héroe) y en los programas deportivos los cronistas pasan horas discutiendo sobre cuál es la mejor temperatura del agua en Miami, y sobre si la camiseta suplente de Argentina es linda.
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