TDAH

Trastorno de moda

El logo de Editorial Perfil Foto: Cedoc Perfil

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es un trastorno que en la actualidad está en boca de todo el mundo. Todos hablamos de este trastorno que parece que se ha puesto de moda en los últimos años, pero que tiene una larga historia (…). Todos opinamos sobre el trastorno por déficit de atención, pero pocos saben realmente lo que es de una manera científica. Como bien dice el neurólogo Alberto Fernández Jaén, todo lo que no sea ciencia es un prejuicio; no es más que una opinión y, por tanto, cargado con un tinte subjetivo. Dado que el TDAH no tiene un marcador biológico o una prueba que determine si el niño lo padece o no, genera una gran cantidad de prejuicios y mitos. A diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, en el síndrome de Down o con una persona con discapacidad motora, el TDAH no es observable, lo que implica un mayor grado de incomprensión y especulación.

Además de que la sociedad en general opine y hable sobre el TDAH, en los centros escolares es uno de los diagnósticos más frecuentes. Tanto maestros como profesores y miembros de los departamentos de orientación se muestran sensibilizados por atender, con las máximas garantías, a los chicos con TDAH con el objetivo de que tengan un desarrollo escolar lo más normalizado e integrador posible. Tal es el movimiento que suscita este trastorno que la FEAADAH (Federación Española de Asociaciones de Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad) ha solicitado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que declare un día mundial de sensibilización del TDAH.

Entre tanto movimiento y preocupación en relación con este trastorno, no faltan diferentes enfoques y maneras de entender el TDAH. Desde los profesionales que aportan datos científicos en relación con los genes que codifican este trastorno hasta los que, sin negar su existencia, denuncian el sobrediagnóstico que hay en relación con el TDAH. En el extremo opuesto nos encontramos algunos profesionales de diferentes ámbitos que sostienen que el TDAH no existe y que es producto de la industria farmacéutica.

Por lo tanto, nos encontramos con posturas para todos los gustos en relación con el TDAH, aunque la gran mayoría de los expertos defienden su existencia y se apoyan en una gran cantidad de datos experimentales y científicos que así lo avalan (…). Algunos autores señalan la gran cantidad de casos de niños que han sido diagnosticados de TDAH sin serlo en realidad. En ocasiones, niños con problemas en el vínculo afectivo con sus padres o con deficiencias perceptivas visuales y auditivas han llegado a ser etiquetados como TDAH. Además de esto, una gran cantidad de chicos son diagnosticados de TDAH en consultas públicas y privadas después de que el profesional haya visto al niño y a los padres durante quince minutos o después de que los padres hayan rellenado un sencillo cuestionario. Este hecho es bastante preocupante. No podemos tolerar que se esté evaluando a niños en diez o quince minutos de consulta y que seguidamente les estemos dando un diagnóstico y un tratamiento, en muchos de los casos farmacológico. La evaluación, (…) es un proceso serio que requiere tiempo para poder hacer un correcto diagnóstico o descartar la posible patología. Si no hacemos un buen proceso de evaluación, las pautas educativas y el tratamiento multidisciplinar que requiere este trastorno estarán abocados al fracaso. Es como querer construir un edificio alto y robusto sin invertir tiempo en su base.

Uno de los puntos en donde los autores especializados no coinciden es en el nombre que se le da al trastorno. Para algunos es claramente un trastorno. Algunos teóricos hablan de espectro, ya que entienden que, al igual que en la vida, los trastornos no son cuestión de blanco o negro, sino que hay modalidades de grises (escalas). Otros abogan por la idea de síndrome, ya que si se toman las medidas y adaptaciones necesarias, no tiene por qué convertirse en un trastorno que afecte a la vida cotidiana en sus múltiples aspectos, ya que su funcionamiento es completamente normal. Supongamos que estamos impartiendo una clase a un grupo de niños de diez años. Si le pedimos a un niño que lleva gafas y que se sienta en la parte trasera de la clase que se las quite y que lea una palabra que hemos escrito en la pizarra, no va a ser capaz de leerla correctamente. En el momento en que le dejamos que se ponga las gafas, podrá leer la palabra de la pizarra sin problemas. Con este sencillo ejemplo vemos lo común que es tener dificultades en la vida cotidiana y lo fácil que es ponerle remedio. En este caso, con el sencillo acto de ponerle gafas a un niño, le permitimos seguir la clase y ver lo que pone el profesor en la pizarra. Siguiendo con la explicación de antes, el hecho de que tengamos un déficit o un síntoma no quiere decir que tengamos un trastorno, ya que hemos puesto las medidas necesarias para evitar ese trastorno(…). El motivo de que el niño manifieste una serie de síntomas no quiere decir que tenga un trastorno. 

*Autor de Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad, editorial Paidós. (Fragmento).