Comedores comunitarios: la demanda crece de manera sostenida, especialmente en la segunda quincena de cada mes
Durante los últimos días del mes se acercan a comedores familias y personas que, incluso teniendo trabajo, no llegan a cubrir sus necesidades básicas. Así, además del endeudamiento, el desahorro o la venta de pertenencia, estas instituciones se volvieron en una nueva estrategia de los argentinos para poder completar la alimentación de los días que le sobran al salario. La UCA advirtió que, junto a la suba sostenida de la cantidad de personas que asisten a comedores, se experimenta también una caída en los alimentos disponibles para atender todos los casos. Testimonios.
“Al 20 no llega nadie. Y después del 20 la gente come agua y harina (la famosa torta frita), por eso tenemos cada vez más casos de obesidad”, afirma en contacto con PERFIL Leonardo Álvarez, de la ONG Sal de la Tierra. A ese lugar llegan cada vez más personas desempleadas, pero también con trabajo en plataformas como Uber y Rappi, asegura.
El Monitor de Opinión Pública de Zentrix reveló que dos de cada tres de los argentinos encuestados se quedan sin dinero a más tardar el día 20, con picos del 72% entre quienes tienen menos de 40 años y del 83,3% en los sectores con menores recursos económicos. El número tuvo una gran repercusión esta semana no tanto por su importancia en cantidad de casos, sino por la respuesta del Presidente a estos indicadores. “Si se quedan sin plata verdaderamente el día 20, ¿cómo viven diez días sin comer ni beber?”, expresó Javier Milei durante su participación en la Argentina Oil & Gas Patagonia 2026, en Neuquén, poniendo en duda la veracidad de esta información.
Los usos del crédito
En este contexto, prosigue el documento de la consultora, “el crédito funciona menos como una decisión de consumo que como una extensión del ingreso: entre quienes se endeudaron, el 55,1% lo hizo para cubrir gastos básicos (alimentos y salud) y el 21,3% para pagar tarifas y servicios, mientras que solo el 11,8% compró bienes durables”. La mitad de los argentinos tuvo que recurrir a endeudarse con conocidos, financieras o bancos; gastar ahorros; o vender pertenencias para llegar a fin de mes: el tema fue ampliamente analizado por instituciones, consultoras y notas periodísticas basadas en datos oficiales del Banco Central y del Indec.
La Encuesta Permanente de Hogares incorpora esta pregunta sobre el endeudamiento, pero hay un interrogante que deja sin responder: ¿qué pasa cuando todas esas vías se agotan? La explicación podría estar en un hecho concreto que notan los comedores comunitarios a los que consultó PERFIL: la demanda crece de manera sostenida, pero especialmente en la segunda quincena del mes.
Los que antes colaboraban ahora necesitan asistencia, y al grupo fijo de personas jubiladas y sin empleo se suman familias enteras, explican sus referentes a PERFIL. “Los comercios ya no pueden aportar más. Nosotros tenemos un puesto de tortillas y tortas fritas en el que trabajan tres voluntarias: ellas se quedan con el 50% de las ventas y el resto es para la ONG. Con eso compramos pollo, carne o verduras”, agrega Álvarez. Por lo general cocinan un guiso de 400 raciones “que tiene papa, cebolla, morrón, zanahoria y zapallo. Y, a veces, carne roja”. Cada dos meses reciben un camión de productos secos de la provincia de Buenos Aires, cuenta, y el resto lo gestionan por sus medios.
Un documento de la UCA publicado este año (Estudio exploratorio sobre las características y los cambios ocurridos en los servicios alimentarios prestados por Comedores y Merenderos Sociales del AMBA) analiza la trayectoria de comedores comunitarios y merenderos durante todo 2025. Advierte que el escenario es crítico: la demanda alimentaria crece de manera persistente, pero la provisión de alimentos es escasa. “Los alimentos frescos (carnes, verduras, frutas) y lácteos, que son los de mayor valor nutritivo, registran mayores faltantes y menor suficiencia, comprometiendo la calidad nutricional de las prestaciones”. Esto, sumado a la necesidad de achicar porciones para poder aumentarlas en número, “indica que muchas personas reciben dietas con baja intensidad nutricional, aumentando riesgos de malnutrición infantil, enfermedades crónicas y deterioro de la salud comunitaria”.
En el comedor de Iris, en Misiones, las voluntarias “no dan abasto”, explica la misma responsable a este medio. “La demanda crece las últimas semanas de cada mes. Tenemos una gran cantidad de comensales, grandes y chicos, que vienen a buscar para cenar. Vemos a la gente que saca cosas de la basura para comer, gente que la pasa muy mal por la crisis económica que estamos atravesando”, afirma.
“En la provincia de Misiones, si bien algunos comedores están recibiendo ayuda por parte de la municipalidad o del gobierno provincial, hay muchos baches y se siente mucho el desfinanciamiento”, asegura por su parte Soledad Soler, parte de la red Alimendar, que recupera alimentos a punto de ser descartados y los distribuye en decenas de comedores con los que trabajan, entre ellos el de Iris. Para enfrentar esta crisis relanzaron esta semana la Red de Alimendar y la Red de Cocineras Comunitarias con una convocatoria a organizaciones que deseen sumarse.
El sistema de prestación de servicios alimentarios relevado por la UCA “presenta una situación de operación 'al límite´”, señalan. “Se está frente a una red comunitaria que sostiene a la población con necesidades de asistencia alimentaria con enormes esfuerzos, pero que opera en condiciones de fragilidad extrema”. La mayoría de estos lugares fueron pensados para dar soluciones ante una emergencia, pero ya tienen un promedio de diez años, y funcionan “gracias al trabajo realizado –e invisibilizado– por mujeres de sectores populares”.
Mercedes Frassia fundó CasaSan en 2017, un centro de contención para niños, niñas y adolescentes que con el tiempo se transformó en un comedor al que asisten cientos de jubilados. “Lo que hemos notado últimamente es que en las fiestas y salidas que organizamos para los jubilados, en donde tradicionalmente las mujeres traían algo para comer, las voluntarias ahora no pueden traer nada. Eso es lo que más vemos, la imposibilidad de la gente de salirse del presupuesto más mínimo”, comenta a PERFIL.
“Bajó la calidad de alimentación para todos. La gente resiste porque no para de achicarse en sus gastos. Antes podían darse un gusto con las comidas, como pan con mermelada”.
El presupuesto en comedores
Para 2026 el presupuesto preveía asistir financieramente a 12 mil comedores escolares, pero, según las metas físicas ejecutadas del presupuesto (actualizadas al 19 de octubre), esta ayuda llegó a 6.000. “El motivo de la variación resulta del proceso de adecuación programática orientado a preservar la sostenibilidad de la política pública frente a cambios en las condiciones económicas y en la estructura de costos de las prestaciones alimentarias”, puede leerse en la explicación oficial del Ministerio de Capital Humano.
Para 2027 se agregan a la lista 302 comedores escolares (12.302 en total).
En relación con 2023, según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia tuvo, en septiembre, una caída en su ejecución presupuestaria del 75%. “Los programas de Economía Social y de Apoyo al Plan Nacional de Primera Infancia no registran ejecución en 2026 (-100%). Por su parte, el Plan Nacional de Protección Social evidencia una caída del 58%”, y entre las políticas alimentarias también se observan retrocesos, “con disminuciones en Comedores Comunitarios y Merenderos (-57,5%) y en la Prestación Alimentar (-36%)”.
El informe de la UCA advierte, finalmente, que sin un fortalecimiento integral a través de políticas públicas “robustas y previsibles” la capacidad de respuesta de comedores y merenderos sociales “podría verse comprometida en el corto plazo”.