"Si se quedan sin plata verdaderamente el día 20, ¿cómo viven 10 días sin comer ni beber?". La pregunta que lanzó el presidente Javier Milei durante su participación en la Argentina Oil & Gas Patagonia 2026, en Neuquén, abrió una nueva polémica sobre la situación económica de los argentinos. El mandatario puso en duda los relevamientos que indican que una parte importante de la población no llega a fin de mes, calificó esa afirmación como "una pelotudez que impulsó el kirchnerismo" y volvió a defender los resultados de su programa económico.
Lejos de cerrar la discusión, el Presidente redobló las críticas a través de su cuenta de X, donde apuntó directamente contra los periodistas que difundieron las encuestas. "A los periodistas que están tan ardidos por mi contrargumento", escribió, antes de acusarlos de haber repetido "como loros una frase sin sentido". También los desafió a explicar cómo puede vivir una persona durante diez días sin comer ni beber.
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El enojo presidencial contrasta con los resultados del último Monitor de Opinión Pública de Zentrix, que ofrece una radiografía de las dificultades que atraviesan los hogares argentinos. El 65,3% de los encuestados asegura que sus ingresos se agotan a más tardar el día 20 de cada mes, mientras que el 81,8% considera que su salario no le gana a la inflación. Además, más de la mitad de los consultados tomó alguna deuda durante los últimos seis meses y una proporción importante recurrió al financiamiento para cubrir necesidades básicas.

El informe, elaborado en septiembre sobre una muestra de 1.438 casos de todo el país, expone una marcada distancia entre los indicadores macroeconómicos que reivindica el Gobierno y la percepción de los ciudadanos sobre su propia situación económica.
Así, mientras Milei destaca el equilibrio fiscal, la desaceleración de la inflación y la reducción de la deuda pública, el relevamiento muestra que para una parte considerable de la población el principal problema sigue siendo cómo administrar ingresos que no alcanzan para cubrir todos los gastos del mes.
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La discusión también tiene un componente conceptual. Que los ingresos se agoten antes de fin de mes no significa necesariamente que una familia deje de alimentarse durante los días restantes, como planteó el Presidente. El propio informe muestra que el endeudamiento se convirtió en una herramienta para financiar gastos cotidianos, especialmente entre los sectores de menores recursos. Es decir, parte del consumo puede sostenerse mediante crédito, aun cuando el ingreso mensual ya se haya agotado.

Uno de los resultados más contundentes aparece al consultar hasta qué momento del mes alcanza el dinero. El 38,9% señala que sus ingresos se terminan a más tardar el día 15, mientras que la proporción asciende al 65,3% cuando se extiende la pregunta hasta el día 20. En contraste, el 24,2% afirma que llega a fin de mes y apenas el 9,8% consigue hacerlo con capacidad de ahorro.
La situación se vuelve particularmente crítica entre los sectores de menores ingresos. Según el informe, el 59,6% de quienes se identifican como clase baja agota sus recursos a más tardar el día 15, mientras que el 83,3% no consigue superar el día 20. Del otro lado de la escala social, el 61,9% de quienes se consideran de clase alta llega a fin de mes y puede ahorrar.
"La desigualdad se vive en el calendario", sintetiza el informe de Zentrix, al señalar que la pertenencia social no solo determina cuánto dinero gana una persona, sino también durante cuántos días puede sostener sus gastos.
Más del 80% considera que su salario pierde frente a la inflación
Otro de los indicadores que expone el relevamiento es la percepción sobre la evolución de los ingresos. Ante la pregunta de si su salario le está ganando a la inflación, el 81,8% respondió que no, mientras que solo el 13,2% consideró que sí y el 5% no supo o no contestó.
Aunque la proporción de respuestas negativas disminuyó respecto de julio, cuando había alcanzado el 87,4%, el resultado muestra que la desaceleración de los precios todavía no se traduce en una mejora del poder adquisitivo percibida por la mayoría de los encuestados.
La evaluación sobre el rumbo económico nacional también continúa dominada por el pesimismo. El 61,5% considera que la situación del país es mala o muy mala, frente a un 20,4% que la califica como buena o muy buena. Otro 18,1% la considera regular.
La percepción negativa se profundiza entre los más jóvenes y los sectores de menores ingresos. Entre los consultados de 18 a 39 años, el 69,1% evalúa desfavorablemente la situación económica nacional, proporción que desciende al 57,4% entre los mayores de 60 años.
La brecha social también resulta significativa: el 70,7% de la clase baja considera negativa la situación económica del país, frente al 56,5% de la clase media y al 42,9% de la clase alta.
Cuando la pregunta se concentra en la economía personal, el panorama mejora parcialmente, aunque todavía predomina el malestar. El 39,1% califica su situación como mala o muy mala, el 31,6% como regular y el 29,1% como buena o muy buena.
La deuda dejó de financiar consumo y ahora sirve para comprar alimentos
El relevamiento dedica un apartado especial al endeudamiento familiar, uno de los fenómenos que adquiere mayor relevancia en un escenario de ingresos ajustados y dificultades para sostener el consumo.
Según Zentrix, el 56,2% de los encuestados tomó alguna deuda o crédito en los últimos seis meses. Sin embargo, lo más significativo no es solamente cuántas personas se endeudan, sino para qué necesitan hacerlo.
Entre quienes identificaron el principal motivo de su endeudamiento, el 55,1% mencionó la necesidad de cubrir gastos básicos, como alimentos y salud, mientras que otro 21,3% señaló el pago de tarifas y servicios. Apenas el 11,8% recurrió al financiamiento para comprar bienes durables y el 10,4% lo atribuyó a situaciones imprevistas.
Crédito para sobrevivir: cómo se endeudan los hogares según su nivel de ingresos
La diferencia entre los estratos sociales vuelve a ser determinante. En la clase baja, el 68,1% tomó deuda durante los últimos seis meses y, entre quienes se endeudaron, el 65,5% destinó esos recursos a cubrir alimentos y salud. En cambio, entre los sectores de mayores ingresos, solo el 36,5% recurrió al crédito y el 63,4% de quienes lo hicieron utilizó el financiamiento para adquirir bienes durables.
El informe advierte que esta diferencia refleja dos funciones completamente distintas del crédito. Mientras que para los hogares de mayores ingresos representa una herramienta para ampliar su capacidad de consumo, para los sectores más vulnerables se convierte en una forma de financiar la subsistencia.
El problema es que recurrir sistemáticamente al endeudamiento para afrontar gastos cotidianos puede profundizar las dificultades financieras. Las cuotas y los intereses comprometen una parte de los ingresos futuros y reducen aún más el margen disponible para sostener el consumo.
Qué esperan los argentinos del Estado frente a la morosidad
La encuesta también indagó sobre el papel que debería asumir el Estado frente a las dificultades de pago de las familias.
El 36,1% considera que la morosidad es un problema de toda la sociedad y que el Estado debería hacerse cargo. Otro 30,9% entiende que se trata de un problema entre privados, pero que requiere intervención estatal. En contraste, el 29,1% sostiene que el Gobierno no debería intervenir.
Entre quienes respondieron sobre las modalidades de intervención, el 61,3% se inclinó por regular el otorgamiento y las condiciones de los créditos, mientras que el 23,6% prefirió una refinanciación de deudas a través del Banco Central. Solo el 7,5% planteó una condonación de las obligaciones mediante una ley.
En otras palabras, el reclamo predominante no apunta a eliminar las deudas, sino a modificar las condiciones de acceso al financiamiento y evitar que los compromisos asumidos terminen agravando la vulnerabilidad económica de las familias.
Los resultados del Monitor de Opinión Pública muestran así uno de los desafíos que enfrenta el Gobierno: la estabilización de las variables macroeconómicas no garantiza, por sí sola, una recuperación inmediata del bienestar de los hogares.
Y allí aparece la principal contradicción con el planteo presidencial. Mientras Milei cuestiona cómo pueden sobrevivir las familias si el dinero se termina antes de fin de mes, los datos de Zentrix ofrecen parte de la respuesta: mediante endeudamiento, restricciones de consumo y una capacidad de ahorro que, para buena parte de los encuestados, prácticamente desapareció.
Con más del 60% de opiniones negativas sobre la economía nacional, salarios que para la mayoría siguen perdiendo frente a la inflación y una creciente dependencia del crédito para afrontar gastos esenciales, el relevamiento deja planteada una pregunta central para el rumbo económico: cuánto tiempo puede sostenerse la mejora de los indicadores macroeconómicos sin que sus efectos lleguen de manera más amplia al bolsillo de los argentinos.
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