SEGÚN LA DEFENSORÍA DE LA CIUDAD

Comer o tener un techo: una pareja de jubilados que alquila necesita cinco haberes mínimos para subsistir

La Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires estimó en casi $ 2,4 millones la canasta de una pareja de jubilados inquilinos, lo que equivale a cinco ingresos mínimos con bono incluido. Las ONG que trabajan con personas en situación de calle advierten que los adultos mayores que aún no llegaron a esta situación están obligados a decidir cada vez más entre pagar un techo y comer.

Jubilados Foto: Cedoc

Se ha dicho muchas veces, cuando se habla de la crisis de los jubilados, que un porcentaje cada vez mayor de quienes cobran un haber mínimo se veía forzado a optar entre alimentarse o comprar medicamentos. Pero esa misma crisis también tiene otra dimensión: los que no tienen casa propia están obligados a decidir entre adquirir alimentos, medicamentos o tener un techo, lo que en términos prácticos muchas veces se traduce en pagar el alquiler de una habitación y salir a buscar donaciones –si con suerte se consiguen– para el resto de los gastos. Una pareja de jubilados que alquila vivienda necesita, según el último cálculo de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, casi $ 2,4 millones para subsistir. La estimación incluye un costo mensual en vivienda de $ 1,3 millones, de los cuales $ 770 mil son para pagar el alquiler. El monto total equivale a 5,1 jubilaciones mínimas contando el bono congelado en $ 70 mil. Sin el bono, habría que agregar un ingreso más a la ecuación.

“Lo que nos asusta mucho es la cantidad de jubilados que se acercan, que no están todavía en situación de calle, pero desesperados por comida, por mercadería para cocinar, porque no tienen. Eso nos mata”, explicó a PERFIL Mónica de Russis, directora ejecutiva de “Amigos en el camino”, una ONG que brinda acompañamiento y ayuda a personas sin hogar. “Muchos no pueden conseguir los medicamentos y también nos piden medicación: medicación y comida. Es muy triste todo”, agregó. El alquiler de una habitación en una pensión puede rondar los $ 400 mil, con lo que una jubilación apenas alcanzaría para pagarla.

Un estudio de la Fundación Tejido Urbano reveló que, en las últimas dos décadas, la cantidad de adultos mayores que alquila una vivienda se duplicó, y que el 60% de esta población vive sola o con su cónyuge, por lo general ambos pertenecientes a la tercera edad.

La Defensoría de Ciudad de Buenos Aires analiza la situación de seis tipos de hogares: uno conformado por una pareja de varón-mujer en edad jubilatoria, de hasta 74 años, con vivienda propia; otro por una pareja de similares características pero que tiene prepaga; el tercer tipo de hogar, formado por una pareja que alquila; un hogar unipersonal formado por una mujer mayor de 75 años con vivienda propia; un hogar unipersonal de una mujer mayor de 75 años con vivienda propia y prepaga; y uno compuesto por una mujer mayor de 75 años que alquila vivienda.

Los costos de mantener esos hogares van desde los $ 896 mil (un hogar unipersonal con un titular de vivienda) hasta los $ 2,8 millones para un hogar en el que una pareja de jubilados, a pesar de tener vivienda propia, tiene que solventar los gastos de una prepaga. Las jubilaciones más bajas no alcanzan a cubrir ninguna de esas canastas que contemplan un mínimo de alimentos, bienes y servicios básicos, comunicaciones, transporte, canasta de salud y artículos de limpieza, entre otros.

De la canasta de una pareja que alquila, detalla el informe, además de lo señalado más arriba para vivienda, esta pareja requiere unos $ 609.779 para alimentos, $ 174.530 para bienes y servicios de salud, $ 227.015 para bienes y servicios personales, y $ 66.135 en bienes y servicios para el mantenimiento del hogar. El valor diario de esta canasta es de casi $ 80 mil: con dos jubilaciones mínimas se alcanzarían a cubrir poco más de 11 días.

En un contexto marcado por la pérdida de poder adquisitivo de los ingresos y los aumentos en los alquileres (entre el 41% y 87% según la región del país), “el incremento de personas en situación de calle se ve en todas las edades”, explicó De Russis. Pero en el caso de los adultos mayores esta situación puede agravarse: los riesgos de enfermarse se acrecientan sobre todo en el invierno, cuando aumentan los casos de neumonía. “Los que están con algún padecimiento, algún problema de salud mental, de demencia senil o alguna otra complicación, tal vez no entienden la gravedad y no quieren ir a los hogares o paradores”, aseguró la representante de la ONG. “En la calle es todo mucho más difícil. Si están medio desorientados deambulan y no los podemos encontrar”.

Tal como detalló este medio en otra nota, los adultos mayores están entre los grupos más afectados por el deterioro de la salud mental que experimentaron los argentinos en los últimos años. “Nos pasó con un hombre que aparentemente lo que decía tenía sentido: no nos dimos cuenta de que tenía un problema de salud mental, porque se perdía con algunas cosas. Empezamos a averiguar para ayudarlo, pero se nos cambiaba de lugar. Un día no lo encontramos más, desapareció. Esto también pasa mucho”, recordó De Russis.

El acceso a una vivienda para quienes no lo lograron hasta una edad avanzada también es más difícil. “No solo porque los niveles de ingreso suelen ser sumamente menores al resto del mercado, sino porque las opciones de acceder a préstamos también se encuentran restringidas, al acortarse el plazo de devolución se encarecen las cuotas”, explican desde Tejido Urbano. Por eso en Argentina gran parte de los adultos mayores reside en viviendas que pudieron comprar en años anteriores, “es decir, se basa en el stock acumulado”.

En los propietarios se da otra particularidad, señaló a PERFIL Eugenio Semino, defensor de la Tercera Edad en varias oportunidades: el costo de las expensas que no alcanza a cubrirse con una jubilación. En su último reporte mensual Tejido Urbano cita a la Cámara Inmobiliaria Argentina: “las expensas se han convertido en muchos casos en una carga equiparable a un ‘segundo alquiler’, producto del aumento de costos laborales, servicios, mantenimiento y reparaciones acumuladas”. La morosidad en estos pagos ronda el 17%, “reflejando las dificultades que enfrentan numerosos hogares para afrontar el costo total de la vivienda”. La estimación de la Defensoría para un hogar de jubilados es que este ítem insume un aproximado de $ 192 mil.

La Fundación concluye, sobre el acceso de los adultos mayores a una vivienda en la Argentina, que, si bien históricamente las condiciones habitacionales de este grupo etario fueron mejores que las de otros, “algunas estadísticas permiten inferir que parte de ese esfuerzo acumulado en los últimos años mejora a ritmo menor”.

La pregunta hacia adelante es qué pasará con los jubilados del futuro: en su monitor de créditos hipotecarios de junio de este año la misma fuente determinó que en el primer cuatrimestre se redujo en un 28,6% la cantidad de créditos hipotecarios otorgados en relación al mismo periodo de 2025. Si bien el reporte explica que la caída es esperable después de un crecimiento importante durante ese último año, la demanda “permanece fuertemente limitada por requisitos de ahorro previo, formalización laboral y capacidad de ingresos verificables”.