De la hostilidad del empleo público a las tareas de cuidado
El 25% de las mujeres adultas trabajan en el Estado, mientras que solo el 14% de los hombres lo hacen. No solamente es central para las mujeres como empleador: cuando el Estado se retira de sus tareas de cuidado, infraestructura, salud y atención social, en general ese desamparo es cubierto con horas no remuneradas de las mujeres en el ámbito familiar.
A esta altura del partido nadie duda de la intención explícita del Gobierno de achicar el Estado. El Presidente dijo ser un topo que viene a destruirlo desde adentro, entre otras declaraciones más incómodas como aquella del último junio: “Sí, soy cruel, con los gastadores, con los empleados públicos, con los estatistas”. En coherencia con ese plan y esa hostilidad, el empleo público se viene reduciendo de manera tal que en la comparación 2023-2025 se ha perdido el 10% de los puestos, según la estimación de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que releva todos los niveles del empleo público. El achique del Estado también queda claro en los números de recaudación –relevantes dado que determinan cuánto tiene el Estado para gastar (o cuánto tiene que ajustar)–: en 2025 la recaudación cayó 1,2% contra 2024 en términos reales, y 7,9% contra 2023, perdiendo, así $ 2,5 billones que podría haber usado, por ejemplo, para financiar los programas de ciencia y tecnología que se están vaciando, o para garantizar la implementación de la ley de financiación de emergencia pediátrica. Cabe señalar que el total del gasto primario del sector público nacional bajó en 2025 un 27,1% sobre 2023, con la obra pública como principal perjudicada.
En este contexto, la reducción y deterioro del Estado no tienen el mismo impacto para hombres y mujeres. Por empezar, el Estado como empleador tiene un peso bien distinto según el género: el 24,8% de las mujeres adultas, entre 35 y 50 años, trabajan en el Estado, mientras que solo el 14% de los hombres de la misma edad trabajan allí.
Además, la reducción del empleo público que expone el Indec no pareciera responder a jubilaciones anticipadas, más bien todo lo contrario. El grupo que más se reduce entre quienes trabajan en el Estado está entre los 18 y 26 años. Pareciera responder más a una retirada voluntaria, producto de salarios que son cada año menos competitivos, con el actual gobierno. Si contrastamos el segundo trimestre de 2023 contra el mismo periodo de 2025, se redujo en un 43% la cantidad de jóvenes en el empleo público. Los dos sectores que explican el achique tienen distinto impacto según el género: la educación, por un lado, y defensa por el otro.
¿No resulta extraño que las escuelas tengan cada vez menos maestras jóvenes?, ¿y que las fuerzas tengan cada vez menos hombres jóvenes? ¿Hacia dónde va el futuro de estas instituciones que tienen sus salarios en niveles críticos? ¿Tendrán algún misterioso punto en común las noticias de gendarmes quitándose la vida, la violencia contra maestras en escuelas con este contexto de hostilidad y ajuste al empleo público?
Por otro lado, el sector privado absorbe de manera muy distinta este crecimiento de la mano de obra disponible donde el Estado se retira. En estos dos años, la actividad de las mujeres se redujo en lo público, pero creció en el ámbito privado: el 100% de esos nuevos puestos son precarizados. En cambio, en el caso de los hombres, según los datos recabados en la EPH, la absorción fue con puestos de mejor calidad. Esto fortalece una diferencia estructural y alimenta el crecimiento de la brecha salarial de género, hoy en picos históricos.
El Estado no solo es central para las mujeres como empleador, cuando se retira de sus tareas de cuidado, infraestructura, salud y atención social en general ese desamparo es cubierto con horas no remuneradas de las mujeres en el ámbito familiar. Si una institución como PAMI tiene menos empleados, y funciona peor, y eso implica tener que reclamar trámites, ir presencial a las oficinas, perder varios meses de internación en alguna institución hasta que lográs una respuesta, la mayoría de esas horas son suplidas por mujeres.
Podemos pensar en un movimiento invisible donde ciertas mujeres dejan de hacer esas tareas desde adentro del Estado, para empezar a hacerlas desde afuera, en la invisibilidad del trabajo precario o en la cobertura de horas no remuneradas en la demanda familiar.
*Investigadoras del Instituto Argentina Grande (IAG).
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