RECESIÓN

El “efecto sándwich” destruye la rentabilidad industrial mientras la recesión golpea el empleo formal

Un informe sectorial advirtió sobre la pérdida de más de 100.000 puestos de trabajo en 2026 ante la caída del consumo y el aumento de los costos. Mientras las empresas extractivas festejan récords de exportación, las pymes manufactureras advierten que no tienen margen para resistir.

Industria automotriz Foto: Cedoc

El aumento feroz de los costos energéticos, la caída constante del consumo y la suba marginal de la producción en mayo —que el ministro de Economía, Luis Caputo, festejó como un amesetamiento pero que los industriales leen como una crisis profunda— derivaron en una nueva etapa de confrontación con el Gobierno. “Echamos empleados todos los días y no solo pasa en las pymes”, alertaron referentes industriales que operan tanto dentro como fuera de la UIA.

La recesión del sector que más empleo formal genera en la Argentina refleja una depresión histórica, agravada al comparar el escenario con la última década, incluso considerando el impacto de la pandemia. Si bien los sectores extractivos son los ganadores del modelo de Caputo y Javier Milei, el fenómeno “serrucho” de la actividad evidencia distorsiones que recalentaron el clima en el círculo rojo productivo.

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“Estamos atravesando momentos de crisis total, a la espera de cambios estructurales que tardan mucho en llegar, como la reforma tributaria. El Fondo Monetario Internacional la pide, pero el Gobierno no la implementa porque recauda menos y porque sabe que las empresas de Vaca Muerta y los proyectos tecnológicos pedirán más beneficios”, advirtió el dueño de una empresa con negocios diversificados. “Si me funden en una fábrica, me mantengo con otra. Pero los empleados son cada día menos”.

El colapso de la manufactura y el efecto sándwich

El Índice de Producción Industrial (IPI) manufacturero reflejó una caída interanual del 5,7% durante mayo. Si bien el indicador general mostró una leve mejora mensual desestacionalizada del 0,4%, la consultora I+D —que dirige el ex UIA Diego Coatz— advirtió en su último informe que “el sector acumula una caída del 3,1% en lo que va de 2026 y se ubica un 14,5% por debajo de su pico de la última década”. Ante este escenario, proyectó una pérdida de 105.000 empleos —60.000 directos y 45.000 indirectos— para todo el año.

Las plantas operan con una capacidad ociosa cercana al 40%, obligando a vender bienes incluso para cubrir costos fijos. Sobre este punto, el análisis de Qualy sostuvo que la actividad atraviesa un escenario contractivo, condicionado por una demanda interna debilitada y una creciente competencia de productos importados.

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Esta presión estructural configuró lo que los técnicos de I+D definieron como un “efecto sándwich”, una dinámica donde la demanda cae, los precios industriales tienen poco margen para recomponerse y los costos suben. Para la consultora, el impacto tarifario fue determinante: el precio de la energía eléctrica para grandes usuarios aumentó 79% —de USD 79/MWh a USD 140/MWh sin contrato PPA—, mientras que el gas subió entre 30% y 50%. Por el contrario, los valores de salida de fábrica avanzaron apenas 25,6% frente a una inflación general del 33,2%.

Ni el Mundial ayudó a la recuperación real de las pymes

El entramado de las pymes absorbió el achique con mayor severidad. El índice productivo del sector retrocedió 7,3% interanual en mayo, cuadro que el estudio de Qualy atribuyó a que “las pymes industriales acumulan stocks y conviven con elevados niveles de capacidad instalada ociosa”. A su vez, según datos del Observatorio Pyme, la caída de las ventas es la principal problemática para el 83% de las firmas. El informe de I+D alertó sobre un deterioro financiero: el retraso en el pago de clientes saltó del 35% al 60%, mientras que la mora crediticia en las familias pasó de 3,7% a 12,1% y en las empresas, de 0,9% a 3,3%.

En los mostradores, las ventas minoristas pyme aumentaron 0,9% interanual en junio, comportamiento que Qualy explicó por el cobro del aguinaldo y el movimiento comercial generado por el Mundial de fútbol. No obstante, la medición mensual desestacionalizada arrojó una merma del 1,3%, lo que demostró la persistencia de un presupuesto familiar acotado que prioriza compras puntuales y relega los bienes durables.

Construcción, automotrices y el oasis energético

La parálisis también sacudió a ramas dinamizadoras del empleo urbano. En la construcción, los despachos de cemento cayeron 1,2% interanual en mayo y profundizaron su baja al 1,4% en junio. Los analistas de Qualy advirtieron que la actividad enfrenta una nueva normalidad con valores de edificación más altos y márgenes más comprimidos, ya que “la baja de costos en dólares quedó atrás”. Por ello, el ecosistema desarrollador mantiene una postura de cautela y exige financiamiento para reactivar proyectos.

La industria automotriz acompañó el derrotero fabril. Durante junio, la producción nacional en las terminales se contrajo 13,6% interanual, mientras que las exportaciones cayeron 11,3% mensual. Si bien el relevamiento destacó que las ventas mayoristas repuntaron 22,6% en el mes, impulsadas por un notable incremento en la demanda de vehículos eléctricos, aclaró que el balance interanual mantuvo una profunda disminución del 26,3%.

La contracara del hundimiento manufacturero se concentró en la actividad extractiva. Los registros oficiales expusieron que las exportaciones alcanzaron en mayo un récord histórico de USD 9.537 millones, apuntaladas por una suba del 167% en el sector de combustibles y energía. A la par, la extracción total de petróleo creció 18,4% interanual, traccionada por un salto del 37,4% en el hidrocarburo no convencional. Qualy remarcó que se consolidó el desarrollo a escala de los recursos de Vaca Muerta, que acaparó el 77,2% de los barriles nacionales.

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Este esquema dual quedó plasmado en los balances corporativos: mientras Molinos Río de la Plata reportó ganancias tras reducir gastos, Morixe registró una pérdida por el desafiante contexto recesivo. El sector bancario (Banco Macro y Grupo Financiero Galicia) y la energética CGC mostraron fuertes utilidades, exhibiendo una rentabilidad que no alcanza a derramar sobre el entramado industrial pyme.