LA BRECHA DEL EMPLEO

La macro se ordena, pero el empleo juega otro partido: la informalidad ya afecta a más de 9 millones de trabajadores

Aunque la desocupación se mantiene casi sin cambios, el deterioro aparece en la calidad del trabajo. Laura Caullo, economista de IERAL, advierte que el mercado laboral “está jugando otro partido”. Un informe de IDESA suma otro dato: crece la participación laboral de mujeres jóvenes, pero mayormente en empleos informales.

Roberto Corné: “El 40% de los trabajadores informales está bajo la línea de pobreza” Foto: CEDOC

La economía argentina empieza a mostrar señales de ordenamiento macroeconómico, pero esa mejora todavía no se traduce en una recuperación clara del mercado laboral. La desocupación se mantiene prácticamente en los mismos niveles que un año atrás, aunque el dato que más preocupa es otro: el avance de la informalidad, que ya alcanza al 44,4% de los trabajadores.

Así lo advirtió Laura Caullo, licenciada en Economía y responsable del Área de Empleo y Política Social del IERAL de la Fundación Mediterránea. “Haciendo una analogía con el clima futbolístico que estamos viviendo ahora con el Mundial, la macroeconomía comenzó a ordenarse, pero el mercado laboral está jugando otro partido”, señaló. Y en ese sentido explicó, hay provincias con un mercado laboral “lesionado” que todavía no logra reactivarse.

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Siguiendo los datos numéricos y de acuerdo con los últimos datos oficiales del INDEC correspondientes al primer trimestre de 2026, la tasa de desempleo se ubicó en 7,8%, prácticamente en el mismo nivel que en igual período de 2025. Ese porcentaje equivale a cerca de 1,8 millones de personas que buscan activamente trabajo en la Argentina.

Sin embargo, para Caullo el problema central no está sólo en la cantidad de personas sin empleo, sino en la calidad de los puestos disponibles. “No está faltando trabajo en Argentina. Lo que está ocurriendo es una mala calidad en el trabajo que tenemos”, planteó. En ese sentido, precisó que la informalidad laboral llegó al 44,4%, lo que representa a más de 9 millones de trabajadores sin aportes previsionales, sin cobertura de riesgos del trabajo y sin los beneficios ni la estabilidad asociados al empleo formal.

La economista describió el escenario actual como una “economía bifurcada”. Por un lado, aparece el avance en el equilibrio fiscal, la baja de la inflación y el reordenamiento de la política monetaria. Pero, por otro, el empleo aparece como el “jugador lesionado” de la recuperación, especialmente en las actividades más intensivas en mano de obra.

“El jugador lesionado hoy está siendo el empleo y, en particular, aquellas actividades económicas que son mano de obra intensiva”, afirmó Caullo. Según explicó, los sectores que hoy funcionan como motores de la economía -hidrocarburos, minería, servicios financieros e industria del conocimiento- no serían los principales generadores de puestos de trabajo.

El punto es central para entender por qué la mejora de algunos indicadores macroeconómicos todavía no se siente con fuerza en el bolsillo de los trabajadores. En la mirada de Caullo, esos sectores explican, en promedio, apenas tres de cada 100 puestos de trabajo formales. En cambio, comercio, industria y construcción concentran alrededor del 40% del empleo total en la Argentina.

La contracara es que esos rubros, más intensivos en mano de obra, todavía no muestran una reactivación lo suficientemente sólida como para empujar una mejora generalizada del mercado laboral. Mientras esa recuperación no llegue, el empleo seguirá con dificultades para “volver a ingresar a la cancha”, en palabras de la economista.

Pluriempleo, subocupación y presión laboral

Otro fenómeno que crece es la llamada “presión laboral”: personas que ya tienen empleo, pero buscan cambiar de trabajo, sumar horas o conseguir una ocupación adicional porque los ingresos no alcanzan. Según Caullo, este comportamiento refleja el deterioro del poder adquisitivo de los hogares y la necesidad de sumar más ingresos familiares.

“Cuando en el hogar no alcanzan los ingresos de un trabajador, empiezan a sumarse más miembros a la búsqueda de trabajo”, explicó. En ese universo aparecen los ocupados demandantes, que buscan cambiar de empleo, y los subocupados, que quieren trabajar más horas. Sumados a los desocupados, conforman un grupo de más de 5,5 millones de trabajadores bajo presión laboral.

 

Del total, cerca de 2,5 millones son personas que ya tienen empleo, pero aun así buscan otro trabajo. Para Caullo, el dato confirma que el problema del mercado laboral argentino no se agota en la desocupación abierta: también incluye salarios insuficientes, empleos parciales y una demanda creciente de mejores condiciones laborales.

En Córdoba, por ejemplo, la presión laboral alcanza a más de un tercio de la población económicamente activa, mientras que el promedio nacional ronda un cuarto de la PEA. “Los ingresos no alcanzan, por eso presionan para cambiar de trabajo, incrementar el número de horas y, de alguna manera, llegar a fin de mes”, resumió Caullo.

Mujeres jóvenes: más participación laboral, pero en empleos de baja calidad

El diagnóstico sobre la informalidad suma otro dato sensible: el deterioro golpea con fuerza sobre las mujeres jóvenes. Un informe de IDESA advirtió que la caída de la natalidad, fenómeno que también se registra en la Argentina, está empujando una mayor participación femenina en el mercado laboral. Sin embargo, esa incorporación no se está dando en empleos formales, sino mayormente en ocupaciones precarias o de baja calidad.

Según el relevamiento, entre 2015 y 2025 se incorporaron al mercado laboral unas 220.000 mujeres de entre 20 y 29 años. Pero la inserción se concentró en la informalidad: 140.000 pasaron a desempeñarse como asalariadas privadas no registradas y otras 130.000 como cuentapropistas, mientras que el número de mujeres jóvenes asalariadas formales cayó en 50.000. Para IDESA, esto muestra que la buena noticia de una mayor participación laboral femenina se diluye por la debilidad de la demanda de empleo de calidad.

El informe también vincula esta tendencia con el llamado “bono demográfico”: una ventana de oportunidad en la que aumenta la proporción de personas en edad activa respecto de niños y adultos mayores. Pero esa oportunidad puede desperdiciarse si la mayor oferta de trabajadores no encuentra empleos registrados y productivos. En ese caso, advierte IDESA, la mejora presente será limitada y el país acumulará un pasivo hacia el futuro, cuando el envejecimiento poblacional sea más marcado.

En línea con el planteo de Caullo, el trabajo de IDESA insiste en que el ordenamiento macroeconómico es una condición necesaria, pero no suficiente. Para revertir la informalidad, plantea acelerar la reforma laboral, descentralizar convenios colectivos, reducir la litigiosidad laboral y establecer un mínimo no imponible para las contribuciones patronales, especialmente para motorizar la formalización en las micropymes, donde se concentra buena parte del empleo informal.

Provincias con baja participación y distritos con mayor competencia

La presión laboral también muestra diferencias marcadas entre provincias. Caullo explicó que en algunas jurisdicciones del norte argentino, como Formosa, Santiago del Estero y Chaco, se observa una baja participación laboral, asociada a economías más dependientes del sector público y con menor dinamismo del empleo privado.

En el otro extremo aparecen los grandes aglomerados urbanos, como los partidos del Gran Buenos Aires y Córdoba, donde el mercado laboral es más activo por la densidad poblacional y el entramado productivo. Sin embargo, allí también la presión laboral es más elevada, porque la competencia por los puestos disponibles es mayor y las oportunidades resultan insuficientes frente a las aspiraciones de la población.

El mapa laboral, entonces, muestra que en algunas provincias hay baja participación y menor dinamismo del sector privado. En los grandes centros urbanos, en cambio, hay más movimiento, pero también mayor presión sobre un mercado que no genera suficientes empleos de calidad.

Reforma laboral y reformas pendientes

Consultada sobre qué debería ocurrir para que el ordenamiento macroeconómico se traduzca en una mejora laboral más visible, Caullo sostuvo que el camino iniciado con la reforma es “adecuado”, aunque aclaró que no habrá resultados mágicos ni inmediatos. También consideró que la reforma laboral puede ser un paso en la dirección correcta, aunque insuficiente por sí sola.

“La reforma laboral, aun con ciertas restricciones, entiendo que es parte de la política y podría haber sido más ambiciosa. Es un peldaño en el camino correcto. Sin embargo, es una condición necesaria, no suficiente”, planteó. Para la economista, la Argentina todavía tiene reformas estructurales pendientes, entre ellas la tributaria y la previsional.

El número de ocupados informales subió un 11,3% en los últimos dos años

Caullo remarcó que el país cuenta con empresarios, capital humano y condiciones para mejorar, pero advirtió que la incertidumbre electoral sigue siendo un factor que afecta la marcha de la economía. “Argentina también tiene el condimento electoral cada dos años, que no es menor”, señaló, al advertir que las elecciones de medio término y las presidenciales del año próximo pueden volver a introducir tensiones en la actividad.

Por ahora, el dato que queda sobre la mesa es contundente: la desocupación no explotó, pero la calidad del empleo se deteriora. En una economía que busca mostrar señales de estabilización, el desafío sigue siendo transformar esa mejora macro en trabajo registrado, mejores ingresos y mayor protección social.

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