Día Mundial de la Fertilidad

El desafío de la fertilidad en Argentina: acceso al tratamiento y los factores que marcan la agenda médica

En el Día Mundial de la Fertilidad, especialistas analizaron el impacto de la postergación de la maternidad y la importancia de las leyes de cobertura asistencial en el país.

Fertilización in vitro Foto: Agencia Freepik

El 4 de junio se conmemora el Día Mundial de la Fertilidad, una fecha instituida con el objetivo de visibilizar las dificultades que enfrentan millones de personas para concebir y promover el cuidado de la salud reproductiva. La jornada busca desmitificar los problemas asociados a la concepción y poner en agenda la necesidad de un acceso equitativo a los tratamientos médicos.

En la actualidad, la Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la infertilidad como una enfermedad del sistema reproductivo caracterizada por la imposibilidad de lograr un embarazo clínico tras 12 meses o más de relaciones sexuales no protegidas. Las estadísticas globales señalan que afecta a una de cada seis personas en edad reproductiva a lo largo de su vida.

El escenario demográfico y social en la Argentina muestra una tendencia sostenida hacia la postergación de la búsqueda del primer hijo. Razones de índole laboral, profesional, económica y personal influyen de manera directa en que los proyectos de mapaternidad se trasladen hacia la tercera y cuarta década de vida de las personas.

Los especialistas en medicina reproductiva adviertieron de manera constante que la edad biológica de las mujeres sigue siendo el factor predictivo más importante para lograr el embarazo. El potencial reproductivo femenino disminuye de forma gradual con el paso de los años, un proceso que se acelera de manera notable a partir de los 35 años debido a la disminución tanto en la cantidad como en la calidad de los ovocitos.

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El impacto de la edad y los tratamientos de reproducción asistida

Frente a esta realidad biológica, la vitrificación de ovocitos cobró un protagonismo central en las consultas médicas de los últimos años. Esta técnica de criopreservación permite a las mujeres conservar sus gametos a la edad en que fueron obtenidos, interrumpiendo el reloj biológico para utilizarlos en el futuro con las mismas tasas de éxito del momento de la congelación.

Por el lado del factor masculino, los estudios clínicos demuestran que los hombres tampoco son ajenos al paso del tiempo, aunque de una manera diferente. A partir de los 40 años, se observa una disminución progresiva en la calidad del semen y un incremento en la fragmentación del ADN espermático, lo que puede asociarse a mayores dificultades para concebir.

A partir de los 40 años, se observa una disminución progresiva en la calidad del semen 

En el país, el marco legal vigente está determinado por la Ley Nacional de Reproducción Médicamente Asistida (N° 26.862), sancionada en el año 2013. Esta legislación garantiza el acceso integral a los procedimientos y técnicas médico-asistenciales de reproducción asistida a toda persona mayor de edad, sin distinciones de orientación sexual o estado civil.

La normativa establece la obligatoriedad de cobertura para el sistema de salud público, las obras sociales y las empresas de medicina prepaga. Esto incluye tanto a las técnicas de baja complejidad, como la inseminación artificial, como a las de alta complejidad, entre las que se destacan la fertilización in vitro (FIV) y la inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI).

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Las recomendaciones de los médicos para pelear contra la fertilidad

A pesar del amparo que brinda la ley, persisten desafíos en la implementación y en los tiempos de respuesta de los prestadores de salud. Las demoras en las autorizaciones de los tratamientos y en la provisión de la medicación específica suelen generar situaciones de alta carga de estrés en los pacientes, lo que requiere muchas veces el acompañamiento de equipos interdisciplinarios de psicología.

La medicina reproductiva actual no se limita únicamente al tratamiento de la infertilidad cuando esta ya se manifestó. Los consensos médicos actuales hacen hincapié en la prevención, recomendando la realización de consultas orientativas tempranas, análisis de sangre para evaluar la reserva ovárica y espermogramas para conocer el estado general de la fertilidad.

Los hábitos de vida también juegan un rol preponderante en el cuidado de la capacidad reproductiva. El tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, el sedentarismo, el estrés crónico y una mala alimentación son señalados de forma recurrente por los profesionales de la salud como factores modificables que perjudican directamente las chances de lograr un embarazo natural.

 

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