Día Mundial contra la Trata de Personas

La regla de las tres P: los pilares globales para combatir la trata de personas y proteger a sus víctimas

Este 30 de julio se conmemora la jornada establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Frente a un delito transnacional que afecta a millones de personas en el mundo, los organismos internacionales instan a reforzar la prevención, la persecución penal y la protección integral.

La regla de las tres P Foto: Freepik

El 30 de julio se conmemora el Día Mundial contra la Trata de Personas, una cita establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas con el objetivo de concienciar a la sociedad sobre la situación de las víctimas de una de las violaciones de derechos humanos más severas del mundo contemporáneo.

Denominada con frecuencia como la esclavitud del siglo XXI, la trata de personas constituye un delito transnacional complejo en el que redes criminales reclutan, transportan y retienen a personas mediante la fuerza, la coerción o el engaño para someterlas a diversas formas de explotación, desde el trabajo forzoso hasta la explotación sexual.

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Para articular una respuesta global frente a este fenómeno que genera ganancias multimillonarias para el crimen organizado, las Naciones Unidas y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) han estructurado la estrategia internacional sobre tres pilares fundamentales conocidos como la regla de las tres P: prevención, persecución y protección. Este enfoque tripartito busca abordar el problema de manera holística, comprendiendo que la erradicación del delito exige tanto la intervención de la justicia como el fortalecimiento del tejido social.

Prevención y persecución: desarticular la captación y cortar la impunidad

El primer pilar, la prevención, apunta a neutralizar las condiciones de vulnerabilidad que las redes de trata aprovechan para captar a sus víctimas. Factores como la pobreza, el desempleo, la falta de oportunidades educativas y las crisis migratorias son frecuentemente instrumentados por los tratantes.

Las campañas de concienciación y la educación digital resultan indispensables en la actualidad, especialmente ante el incremento del reclutamiento a través de falsas ofertas laborales en internet y redes sociales. Prevenir implica también alertar a las comunidades para que puedan identificar las señales tempranas de captación.

la trata de personas constituye un delito transnacional complejo en el que redes criminales reclutan, transportan y retienen a personas mediante la fuerza, la coerción o el engaño

Por su parte, el pilar de la persecución se enfoca en el fortalecimiento de las capacidades policiales y judiciales para investigar a las organizaciones criminales. Dado el carácter fronterizo y transnacional de la trata, la cooperación internacional, el intercambio de inteligencia entre países y la tipificación adecuada del delito son herramientas clave para evitar que las cúpulas delictivas operen en la impunidad. La persecución penal no solo busca la privación de la libertad de los tratantes, sino también el decomiso de los activos financieros generados por la explotación.

La protección integral: el centro de la respuesta en los derechos humanos

El tercer pilar, y el más urgente desde la perspectiva de los derechos humanos, es la protección y asistencia a las víctimas. Quienes logran ser rescatados de redes de trata suelen presentar secuelas traumáticas complejas que requieren una intervención especializada e interdisciplinaria. La protección implica garantizar refugio seguro, atención médica y psicológica de emergencia, asesoramiento jurídico gratuito y el respeto irrestricto al principio de no sanción, el cual establece que las víctimas no deben ser criminalizadas por actos ilícitos que hayan sido forzadas a cometer durante su situación de explotación.

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En esta jornada global, los organismos internacionales recuerdan que la lucha contra la trata de personas no es una tarea exclusiva de los fueros judiciales o las fuerzas de seguridad, sino un compromiso colectivo que involucra a gobiernos, organizaciones de la sociedad civil y a la ciudadanía en su conjunto. Solo a través de una aplicación rigurosa y coordinada de estos tres ejes será posible avanzar hacia la erradicación de este delito y la restitución plena de la dignidad de sus sobrevivientes.

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