Manuel Belgrano: la tragedia de sus últimos días, entre enfermedades, pobreza y olvido
El prócer falleció el 20 de junio de 1820 en Buenos Aires, gravemente enfermo, sin recursos económicos y prácticamente ignorado por las autoridades. La autopsia realizada tras su muerte reveló el severo deterioro físico que sufría quien había dedicado su vida a la independencia y al desarrollo del país.
El 20 de junio de 1820, Manuel Belgrano, creador de la Bandera Argentina y una de las figuras más importantes de la historia nacional, murió a los 50 años en la casa familiar ubicada en Buenos Aires. Su partida ocurrió en medio de una profunda crisis política, en una ciudad convulsionada por enfrentamientos internos y prácticamente ajena al destino de uno de sus mayores héroes.
Lejos de los homenajes multitudinarios que hoy lo recuerdan, su funeral fue humilde y silencioso. Apenas un reducido grupo de familiares y amigos acompañó el traslado de su féretro hasta el convento de Santo Domingo, donde fue enterrado según su voluntad.
Las enfermedades que marcaron sus últimos años
Los últimos años de la vida de Belgrano estuvieron atravesados por graves problemas de salud. Diversos médicos de la época documentaron que padeció paludismo, sífilis, cuadros de hidropesía y otras afecciones que deterioraron progresivamente su organismo. Algunos estudios históricos incluso sugieren que pudo haber sufrido el mal de Chagas, aunque nunca se confirmó de manera concluyente.
Su amigo y médico personal, el escocés Joseph James Thomas Redhead, fue uno de los profesionales que más lo acompañó durante ese período. Lo asistió en el norte argentino y permaneció a su lado cuando las enfermedades comenzaron a agravarse de forma irreversible.
La situación física del general era cada vez más delicada. Las piernas inflamadas por la hidropesía le dificultaban caminar y durante el viaje de regreso desde Tucumán hacia Buenos Aires debía ser ayudado en cada parada. Su objetivo era claro: regresar a la ciudad donde había nacido para pasar allí sus últimos días.
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La autopsia que reveló el deterioro de su cuerpo
Tras su fallecimiento, el médico irlandés John Sullivan realizó una autopsia que permitió conocer el verdadero estado de salud del prócer. Los resultados mostraron un organismo profundamente afectado por años de enfermedad y desgaste.
Según los registros de la época, Sullivan encontró una importante acumulación de líquido en el abdomen, un hígado agrandado y endurecido donde detectó un tumor, además de un bazo aumentado de tamaño. También observó que los intestinos estaban distendidos y que los riñones presentaban una consistencia anormal.
La revisión médica reveló además que los pulmones estaban colapsados y llenos de líquido, mientras que el corazón aparecía agrandado. El médico incluso intentó conservar este órgano para su estudio, aunque la familia rechazó la propuesta.
Pobreza, deudas y abandono político
A pesar de haber sido uno de los principales protagonistas de la Revolución de Mayo, de las campañas militares por la independencia y del diseño de la bandera nacional, Belgrano atravesó sus últimos meses en una situación económica desesperante.
El gobierno le adeudaba numerosos salarios y no respondía a sus reiterados reclamos. Necesitaba ese dinero para afrontar deudas acumuladas y sostener sus gastos básicos. De hecho, debió recurrir a amigos cercanos para conseguir préstamos e incluso para cubrir necesidades cotidianas.
La falta de reconocimiento fue una de las mayores amarguras de sus últimos días. Mientras el país atravesaba disputas políticas y guerras internas, muchos antiguos aliados se alejaron. Quienes lo frecuentaban en sus últimas semanas relataban que el héroe nacional se sentía profundamente olvidado.
El legado de un hombre que pensó la educación argentina
Más allá de su papel militar, Belgrano fue un ferviente defensor de la educación pública. La Asamblea del Año XIII le otorgó una importante recompensa económica por las victorias de Tucumán y Salta, pero él decidió destinar esos fondos a la construcción de escuelas en distintas provincias.
Su proyecto educativo reflejaba una visión moderna para la época. Consideraba que la enseñanza era fundamental para el desarrollo de la nación y otorgaba a los maestros un rol central en la formación de los futuros ciudadanos.
Belgrano falleció a las siete de la mañana del 20 de junio de 1820. Ese mismo día Buenos Aires llegó a tener tres gobernadores distintos debido al caos político que atravesaba la provincia. Su muerte pasó prácticamente inadvertida y ni siquiera recibió los honores oficiales que correspondían a su trayectoria.
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