Diqui James: “La tecnología no pudo reemplazar la necesidad de estar ahí”
El creador de Fuerza Bruta presenta AVEN y explica por qué su nueva obra apuesta por la naturaleza, la emoción compartida y el optimismo.
En una época atravesada por pantallas, algoritmos y experiencias mediadas por el celular, el teatro inmersivo parece ir exactamente en la dirección contraria. Mientras buena parte del entretenimiento se consume en soledad, Fuerza Bruta insiste en reunir cuerpos, provocar asombro y construir una experiencia física imposible de replicar desde una pantalla. Con el regreso de AVEN, su nueva creación, Diqui James vuelve sobre algunas de las preguntas que atraviesan toda su obra, aunque desde un lugar diferente: “Estamos muy metidos en el mundo digital, pero también estamos muy conectados con los eventos en vivo. La tecnología avanzó muchísimo para que puedas ver un recital o un partido desde cualquier lado, pero la gente sigue queriendo estar ahí. Hay una necesidad humana muy primitiva de vivir lo que está pasando con el cuerpo, en el lugar. Y eso, sorprendentemente, la tecnología todavía no pudo reemplazar”.
—En varias oportunidades hablaste de que la naturaleza pasó a ocupar un lugar central en esta etapa creativa. ¿Cómo se transforma esa fascinación en imágenes y escenas?
—AVEN es un espectáculo absolutamente urbano. Somos personas que vivimos en la ciudad y durante mucho tiempo encontramos belleza en las luces, los edificios, los puentes o el movimiento urbano. Pero ahora sentimos que la belleza está en otro lado: en el mar, en los animales, en las tormentas, en entender que compartimos un mismo planeta. Empezamos a trabajar una idea de naturaleza artificial: cómo evocar esa belleza utilizando tecnología, mecanismos y máquinas. Todo está construido artificialmente, pero la emoción nace de esa naturaleza que hoy sentimos que necesitamos volver a mirar.
—Hay una idea muy presente hoy de volver a la naturaleza como una forma de resistencia frente al ritmo de la vida contemporánea.
—Porque nuestro lenguaje ya es muy primitivo. Cuando entrás a un espectáculo de Fuerza Bruta entrás en un lugar anterior a la palabra. Trabajamos con impulsos que van directo al cuerpo y a la emoción, sin pasar por un filtro intelectual.
Viajamos por culturas muy distintas y la gente entiende lo que hacemos porque ese lenguaje atraviesa las palabras. Desde ese lugar, hablar de la naturaleza fue mucho más cercano de lo que imaginábamos. Claro que siempre desde lo que somos: personas de ciudad evocando la naturaleza con herramientas hechas por el hombre. Ahí aparece un sentido poético muy fuerte.
—¿Qué respuesta del público te sigue sorprendiendo?
—Siempre buscamos construir un lenguaje inspirado en el carnaval y el teatro callejero que pudiera atravesar edades, culturas y formas de vivir muy distintas. Nos llevó muchos años llegar a eso. Hoy entrás a una función y ves personas completamente diferentes viviendo una experiencia colectiva. La reacción también es colectiva. Eso es algo que agradezco muchísimo porque es, en definitiva, el gran regalo que nos está dando AVEN.
—También sostenés que los procesos creativos más importantes siguen naciendo en Buenos Aires. ¿Qué tiene esta ciudad que sigue siendo decisiva para Fuerza Bruta?
—Nos dimos cuenta cuando empezamos a viajar. Acá nos sentíamos medio marcianos, pero afuera entendimos lo argentino que era nuestro trabajo. Trabajamos con actores japoneses, ingleses, brasileños, estadounidenses... y ahí descubrís la cantidad de cosas que a un actor argentino nunca tendrías que explicarle. Hay una energía muy particular. Además, el público forma parte del espectáculo. En Fuerza Bruta el espectador también actúa. Y esa relación con el público la entendemos mejor acá que en cualquier otro lugar. Después adaptamos detalles para cada país, pero el corazón creativo siempre nace en Buenos Aires.
El optimismo como acto de resistencia
J.M.D.
Diqui James evita pensar el arte en términos de obligaciones. Para el creador de Fuerza Bruta, la única responsabilidad de un artista es “ser verdadero”. A partir de esa premisa, sostiene que cada obra encuentra su propio camino: algunas eligen incomodar o generar conciencia desde la oscuridad; otras, como AVEN, buscan provocar una reacción opuesta. “Queremos hacer el show más feliz del mundo”, afirma. El objetivo no es ofrecer respuestas ni construir un discurso, sino despertar emociones y recuperar la experiencia compartida. “Queremos que la gente sienta que todo es posible, que descubra que tiene mucho más de lo que cree y que viva esa experiencia colectiva.”
Esa búsqueda también parte de un diagnóstico sobre el presente. James cree que muchas personas llegan “bajoneadas” o demasiado encerradas en sí mismas, y que el espectáculo puede funcionar como una interrupción de ese estado. “Queremos ayudarlas a salir de ese lugar, acercarlas a la belleza. Que salgan un poco más felices y con la sensación de que pueden cambiar algo en su vida.” En ese contexto, también aparece una mirada crítica sobre el vínculo con la tecnología. “El celular alimenta mucho ese encierro. Parece una ventana al mundo, pero muchas veces juega en contra”, sostiene. Frente a esa lógica individual, Fuerza Bruta propone una experiencia física y colectiva. “Nosotros buscamos exactamente lo contrario: que el espectáculo te saque de vos mismo.”
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