ESPECTACULOS
‘Laguna de los Rosarios’

Creer o reventar

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Escena. Un trágico-grotesco pampeano que convierte el paisaje rural en el origen de un mito propio. | GZA. PRENSA DANIEL FRANCO

La obra teatral Laguna de los Rosarios surge de una pregunta: ¿podremos inventar arbitrariamente un mito? Según una de las acepciones de la Real Academia Española, el término refiere a una “creencia falsa: invención o fantasía sin fundamento real”, definición que ayudó a desplegar el rumbo del material y a plantear otros interrogantes. Inventar —como una utopía— una creencia en un campo ficcional, aunque sus fundamentos no sean reales.

Entonces apareció la siguiente imagen: en la pampa húmeda argentina hay un ojo de agua cargado de misterio, un lugar donde cada persona que pasa deja un rosario como ofrenda, mezcla de agradecimiento y protección frente a la hostilidad del territorio. ¿Qué habrá sucedido en esa geografía en tiempos remotos? ¿Habrá sido habitada por seres heroicos que buscaban alguna explicación del mundo?

En la intimidad de una cocina austera que funciona como el último refugio hipotecado, una madre y sus dos hijas se enfrentan a la pérdida de lo último que les queda: el campo. Todo ocurre bajo la constante amenaza de la Tormenta Pampa, que parece regir sus destinos. La tierra está en juego; sus vidas también. La anécdota simple se eleva a la categoría de tragedia criolla para intentar explicar lo inexplicable de nuestra propia identidad.

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Si bien el germen inicial de esta escritura se encuentra en Electra, de Sófocles, el proceso creativo derivó en una entidad propia que no busca ser una adaptación ni una versión de esa obra. La propuesta se define como un trágico-grotesco pampeano, una pieza que dialoga con las raíces de nuestro grotesco criollo. Esta transposición traslada la intensidad de la tragedia griega a un escenario local, donde la “anécdota simple” se complejiza a través de la idiosincrasia de los personajes y de su entorno. Ecos de lo que sucedió allí en tiempos remotos reconstruyen la existencia de seres que habitaron ese paisaje en una búsqueda heroica por dotar de sentido a su mundo. A través de una estructura de loa fantástica, la pieza despliega el origen de un mito rural donde la frontera entre la vida y la muerte se desdibuja.

La teatralización de lo cotidiano y de lo marginal reivindica la categoría del “género chico” o del entremés, encontrando en lo pequeño, lo popular y lo históricamente denostado una singularidad poética. La dramaturgia acompaña ese ejercicio de rescate y resignificación de géneros nacionales para abordar tópicos universales del teatro argentino. De ahí surge la noción de construir un acontecimiento imaginado que, como tal, pudiera devenir en mito.

La puesta responde a ciertos códigos de nuestra literatura gauchesca en el espacio, los personajes, el habla y la estructura general. Sin embargo, el abordaje escénico y estético no se plantea desde la representación —es decir, desde la imitación del rancho y de los habitantes del campo—, sino a partir de signos que remiten al universo campero y a los significantes propios de la obra, como la Tormenta Pampa, representada mediante paredes de hilos colgantes, una suerte de lluvia suspendida. Ese tratamiento los sitúa en una lógica atemporal y mítica, donde lo criollo dialoga con la figura del “muerto vivo” de nuestro grotesco nacional.

En este sentido, el trabajo reflexiona sobre los mecanismos mediante los cuales una comunidad construye relatos para explicar aquello que excede la razón. La invención de un mito funciona como una herramienta poética para interrogar la memoria, el territorio y las formas en que una identidad colectiva se narra a sí misma. Entre la tragedia, el grotesco y la tradición criolla, la pieza configura un universo donde lo íntimo y lo épico conviven. La Tormenta Pampa, la presencia de los muertos y la fuerza simbólica de la tierra componen una cosmogonía rural imaginada que busca producir una verdad sensible.

Moraleja:

Pa’ que el agua no nos tape.

Pa’ que el amor no tenga precio.

Que la Orestíada no nos coma.

Y que el vuelo sea recio.

Y se fue nomás…

*Autor y director de Laguna de los Rosarios, que podrá verse a partir del viernes 10 de julio, los viernes a las 20 hs, en el Teatro del Pueblo.