“El tiempo permitió dejar atrás una idea anterior”
Cecilia Pinotti acompaña durante años a La Kalo y construye un documental sobre identidad, transformación, vínculos, dudas y una vida en movimiento.
Soy ella, primer largometraje documental de Cecilia Pinotti, sigue a La Kalo, una mujer trans del conurbano bonaerense, a lo largo de varios años. La película se construye desde una relación de cercanía y desde la decisión de acompañar un proceso antes que intentar explicarlo. El tiempo compartido modifica aquello que la directora creía estar filmando: aparecen nuevos vínculos, conflictos, contradicciones y preguntas, mientras la identidad de La Kalo se revela como algo que no permanece quieto. Pinotti: “El vínculo se fue transformando muchísimo con los años y con todo lo que atravesamos juntas. La película también fue cambiando: fueron apareciendo vínculos, conflictos, contradicciones, nuevas preguntas y situaciones que eran imposibles de prever al comienzo. Creo que justamente el tiempo permitió que dejáramos de perseguir una idea previa y pudiéramos estar atentas a lo que iba sucediendo”.
— En “Soy ella”, la identidad aparece como algo que está en permanente movimiento. ¿Cómo trabajaste cinematográficamente esa idea de transformación sin intentar fijar a La Kalo en una definición?
—Nunca me interesó explicar quién era Kalo ni llegar a una definición sobre ella. Tuvimos varias conversaciones en las que coincidimos en no ir hacia un lugar de representación colectiva, sino trabajar con su historia singular y su propio proceso. A los pocos minutos de película, la frase “yo no quiero mostrar cómo es la vida de las personas trans” funciona casi como una declaración de la película en sí misma. Me interesaba acompañarla y observar cómo iba cambiando desde su propia mirada, en su forma de pensar, en sus vínculos y en los distintos espacios. Quería que la identidad apareciera como algo vivo, en movimiento, y no como una respuesta cerrada.
— La película también registra contradicciones, incertidumbres y momentos en los que no parece haber respuestas definitivas. ¿Qué lugar querías darle a esas zonas de duda dentro del relato?
—Para mí eran fundamentales, porque no quería contar la transición como un recorrido lineal que va de un punto a otro y encuentra una respuesta definitiva. Kalo duda, cambia, se contradice, vuelve sobre algunas cosas, como nos pasa a todos. Me interesaba que la película pudiera quedarse también en esas zonas incómodas o inciertas, porque muchas veces es ahí donde aparece algo más verdadero sobre la construcción de una identidad.
— Después de tantos años acompañando a La Kalo, ¿qué cambió en tu propia mirada sobre ella y sobre la identidad desde el momento en que comenzaste a filmarla hasta hoy?
—Al principio quizás pensaba la identidad de una manera más ligada a la idea de encontrar o afirmar quién uno es. Después de todos estos años acompañando a Kalo y al proceso de la película, la entiendo como algo que se construye permanentemente y que se mueve en relación con los otros, con los espacios, con el cuerpo, con el deseo y con el paso del tiempo. Y con respecto a ella, si bien siento que nunca construimos desde la distancia sino desde nuestras semejanzas, creo que aprendí a acompañar sus preguntas incluso cuando no tienen una respuesta. Quizás ahí está una de las claves de la película: no termina siendo solamente una película sobre una mujer que cambia, sino también sobre cómo cambia nuestra manera de mirarla.
La forma del tiempo compartido
J.Z.
— ¿Hay algún momento concreto del rodaje en el que hayas sentido que entendiste hacia dónde tenía que ir la película?
Hubo un momento muy concreto: cuando Kalo me contó que había decidido comenzar su transición. Nos habíamos conocido en 2019 y hasta entonces yo venía observando mucho su universo ligado al drag, pero esa conversación abrió otra película. Ahí entendí que lo que quería contar no era solamente un personaje o una escena, sino un proceso de transformación, búsqueda y construcción mucho más profundo, que iba a atravesar su vida cotidiana, sus vínculos y también nuestra propia relación.
— ¿Qué significó para vos aceptar que la película podía cambiar mientras la estabas haciendo?
El vínculo se fue transformando muchísimo con los años y con todo lo que atravesamos juntas. La película también fue cambiando: fueron apareciendo vínculos, conflictos, contradicciones, nuevas preguntas y situaciones que eran imposibles de prever al comienzo. Creo que justamente el tiempo permitió que dejáramos de perseguir una idea previa y pudiéramos estar atentas a lo que iba sucediendo.
— ¿Qué buscabas preservar cuando llegó el momento de convertir todo ese material en una película?
Me interesaba acompañarla y observar cómo iba cambiando desde su propia mirada, en su forma de pensar, en sus vínculos y en los distintos espacios. Quería que la identidad apareciera como algo vivo, en movimiento, y no como una respuesta cerrada.
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