Estrategia internacional

Cómo puede el mundo reiniciar la consigna “Estados Unidos primero”

El presidente Donald Trump cuestionó el nombre del fútbol americano y planteó alinear el deporte con los estándares globales. Al mismo tiempo, su administración busca usar la presidencia del G20 para consolidar el dominio de Estados Unidos en finanzas, energía, IA y monedas digitales.

El sorteo de grupos ya se realizó, definiendo los cruces iniciales para las 48 selecciones Foto: AFP

WASHINGTON, DC – “No hay duda al respecto”, afirmó el presidente estadounidense, Donald Trump, en la ceremonia del sorteo final de la Copa del Mundo de la FIFA celebrada este mes: el deporte que los estadounidenses llaman “soccer” es “fútbol”, y Estados Unidos tiene que “buscar otro nombre” para su Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL).

La disonancia cognitiva se hizo evidente. El sumo sacerdote de “Estados Unidos primero” había admitido que al menos un ejemplo del excepcionalismo estadounidense, por trivial que fuera, “realmente no tiene sentido”, y sugirió que el nombre del deporte nacional más reconocido de Estados Unidos debería ajustarse a los estándares globales.

Detrás de la declaración de Trump había un interés personal: la Copa del Mundo del próximo año ofrecerá un escenario grande, deslumbrante y, a juzgar por la reciente creación por parte de la FIFA de un “premio de la paz” solo para él, entusiasta, desde el que podrá alimentar su insaciable apetito de elogios. Pero cuando se trata de liderazgo, la motivación puede importar menos que los resultados. Esto apunta a una oportunidad. Si bien es posible que a Trump no le importe mucho construir un orden mundial mejor y más justo, tal vez sea posible aprovechar su interés personal para promoverlo. Hay varias áreas en las que Estados Unidos podría estar dispuesto a jugar con nuevas reglas globales y promover transformaciones ampliamente beneficiosas.

En primer lugar, la administración Trump reconoce la necesidad de reformas financieras internacionales que el propio gobierno encabezará, según su nueva Estrategia de Seguridad Nacional (NSS). Para Trump, el objetivo es “preservar y aumentar” el dominio financiero de Estados Unidos, entre otras cosas garantizando que las instituciones financieras internacionales “sirvan a los intereses estadounidenses”. Pero al impulsar reformas en las cuotas de voto del Fondo Monetario Internacional y una nueva emisión del activo de reserva del FMI, los derechos especiales de giro (DEG), Estados Unidos podría reforzar simultáneamente la posición del dólar como moneda de reserva clave y abrir el camino para que otros compitan.

La cumbre de líderes se realizará en diciembre de 2026 en Doral, Florida

En segundo lugar, la administración Trump reconoce que la seguridad energética debe incluir la energía nuclear. El lema “perfora, cariño, perfora” puede ser burdo, pero el plan para reforzar el dominio energético de Estados Unidos establecido en la NSS, que incluye proyectos nucleares respaldados por Estados Unidos en África, abre el camino a una solución adicional más allá de las energías renovables: los reactores modulares pequeños (SMR). El mundo necesita desesperadamente una energía básica más limpia y confiable, que los SMR fabricados en Estados Unidos podrían proporcionar. Pero para que esta innovación beneficie a Estados Unidos y sirva como bien público mundial, el G20 -que, desde el 1 de diciembre, está presidido por Estados Unidos- debería dar un paso al frente para establecer las normas de seguridad y los controles de exportación pertinentes.

En tercer lugar, en vez de intentar lidiar contra el futuro restringiendo o prohibiendo las monedas digitales, Trump está tratando de acaparar el mercado, como lo demuestra la Ley de Orientación y Establecimiento de la Innovación Nacional para Stablecoins (GENIUS) de Estados Unidos. Al utilizar la presidencia del G20 para establecer normas comunes para las monedas digitales transparentes y respaldadas por activos, la administración Trump puede garantizar que funcionen dentro de un marco regulado, y no en la sombra.

En cuarto lugar, Trump se ha comprometido a garantizar el dominio global de Estados Unidos en materia de IA. Tal y como está, la estrategia de su administración, que busca eliminar cualquier regulación que pueda obstaculizar la innovación, descuida un punto crucial: la fragmentación limitaría la escala del dominio de cualquier actor. Aprovechando su presidencia del G20 para promover una “interoperabilidad de alta confianza”, que equilibre la apertura con la seguridad, la administración Trump podría evitar que el sector de la IA (y la economía digital en general) se fragmente en bloques ineficientes que compitan entre sí.

En quinto lugar, en lugar de embarcarse en una carrera frenética por los minerales críticos, la administración Trump hace hincapié en la creación de “redes de suministro de minerales resilientes”. Mediante acuerdos de “inversión a cambio de acceso” con socios de África y América Latina, Estados Unidos podría, en principio, asegurar las cadenas de suministro sin replicar la dinámica extractiva del pasado colonial occidental. Si esto condujera a una infraestructura más sólida, más puestos de trabajo e ingresos en los países socios de Estados Unidos, éste obtendría aún más beneficios.

Hay otras áreas en las que, con el replanteamiento adecuado, la comunidad internacional podría cambiar la postura de la administración Trump. Para empezar, Trump ha recortado drásticamente la ayuda exterior estadounidense. Pero esa ayuda puede crear mercados para las exportaciones estadounidenses, hacer que las cadenas de valor sean más seguras y resilientes, generar crecimiento y reducir la presión migratoria. No se trata de una limosna, sino de un activo que genera dividendos, y se lo debería replantear como tal.

Del mismo modo, la administración Trump rehúye la acción climática. Pero, dada su herencia tecnológica, Estados Unidos está mejor equipado paraganaren la fabricación limpia que en la producción barata y contaminante. Un mecanismo justo de ajuste fronterizo por emisiones de carbono, respaldado por la cooperación del G20 en materia de contabilidad de emisiones, le permitiría a Estados Unidos aprovechar al máximo su ventaja comparativa sin verse perjudicado por competidores intensivos en el uso de carbono.

Incluso podría haber una forma de conseguir que Trump se sumara a una campaña coordinada del G20 contra las finanzas ilícitas y los “mercados paralelos”. Como muchos populistas, su ascenso al poder se vio impulsado por la frustración popular con las “élites” que, en la práctica, están saqueando el país. Si bien sus políticas hasta ahora han beneficiado en gran medida a los ricos, a menudo a expensas de muchos de los que votaron por él, su gestión de la economía se ha convertido en una importante vulnerabilidad política de cara a las elecciones de mitad de mandato del próximo año. Impulsar la regulación de los flujos de capital transfronterizos restablecería la confianza en el capitalismo global y mejoraría la estabilidad, protegiendo así a los ahorradores del contagio externo.

Por último, el rechazo de Trump al papel tradicional de Estados Unidos como “asegurador de último recurso” del mundo podría convertirse en apoyo a una “arquitectura de seguros global”, financiada mediante la puesta en común de riesgos. Este sistema, que solo podría coordinar el G20, le permitiría compartir la carga de las crisis sistémicas sin renunciar a su posición al frente de la mesa.

Quién es el argentino que produce el documental de Melania Trump

Es cierto que se trata de un escenario muy optimista, quizás incluso ilusorio. Es probable que el próximo año traiga consigo una presidencia del G20 impulsada por el resentimiento que no haga nada para mejorar las perspectivas de Estados Unidos o del mundo. Pero, si Trump aprovecha aunque sea algunas de las oportunidades aquí descritas, el hombre que sugirió cambiar el nombre del fútbol americano podría acabar reescribiendo las reglas de la economía global.

*Vera Songwe, investigadora sénior no residente de la Brookings Institution, es fundadora y presidenta de la Liquidity and Sustainability Facility y copresidenta de la Expert Review on Debt, Nature, and Climate. **Bernice Lee es miembro distinguido de Chatham House.

Copyright: Project Syndicate, 2025.
project-syndicate.org