La sombra del Nipah: India contiene un brote letal mientras Asia levanta muros sanitarios
Con una tasa de mortalidad que llega al 75%, el virus que inflama el cerebro vuelve a poner en guardia a los aeropuertos del continente. Aunque Nueva Delhi asegura que el foco en Bengala Occidental está bajo control, el recuerdo de epidemias pasadas activó escáneres térmicos y cuarentenas preventivas desde Bangkok hasta Beijing.
El fantasma de una enfermedad que mata a tres de cada cuatro infectados recorre nuevamente los pasillos de los aeropuertos asiáticos. Mientras el mundo aún procesa las lecciones de la última pandemia, el virus Nipah volvió a asomar la cabeza en el estado indio de Bengala Occidental, obligando a los países vecinos a desempolvar sus protocolos de emergencia. No es para menos: con una letalidad que deja al COVID-19 como una amenaza menor en comparación, este patógeno que salta de los murciélagos a los humanos transformó un puñado de contagios locales en una crisis de vigilancia regional.
El foco de preocupación se centra en un hospital de Bengala Occidental, donde se detectaron dos casos confirmados desde diciembre. Las autoridades indias se apuraron a levantar un cerco sanitario, rastreando a 196 personas que tuvieron contacto con los enfermos. Aunque el Ministerio de Salud local asegura que todos los testeos dieron negativo y que la situación está contenida, la "oscuridad informativa" inicial y el temor a la propagación por frontera dispararon las alarmas en las capitales vecinas, que no están dispuestas a confiar solo en las promesas de Nueva Delhi.
Tailandia e Indonesia lideran la respuesta defensiva. En el aeropuerto Suvarnabhumi de Bangkok, los pasajeros que aterrizan desde la región afectada deben pasar por escáneres térmicos y zonas de vigilancia visual reforzada. El objetivo es detectar la "fiebre del Nipah" antes de que cruce la puerta de embarque. Malasia, por su parte, elevó su nivel de alerta al recordar que fue en sus tierras donde este virus se identificó por primera vez en los años 90, cuando saltó de los cerdos a los criadores.
El miedo se extiende también a China y Myanmar. El gobierno de ambas naciones fue tajante: recomendó evitar cualquier viaje no esencial a las zonas críticas de India y advirtió a sus ciudadanos que, de presentar síntomas tras regresar, deben buscar ayuda médica de inmediato. Por su parte, Beijing anunció una evaluación de riesgos en sus fronteras, reforzando la capacitación de su personal médico para identificar un virus que, en sus etapas finales, provoca convulsiones y una inflamación cerebral que suele ser irreversible.
Lo que hace al Nipah un enemigo tan temible es la ausencia total de herramientas médicas para combatirlo. A día de hoy, no existe una vacuna aprobada ni un fármaco específico que lo detenga; el sistema de salud solo puede ofrecer cuidados paliativos mientras el cuerpo del paciente lucha contra una encefalitis aguda. Esta vulnerabilidad es la que empuja a países como Vietnam a endurecer las normas de seguridad alimentaria, advirtiendo sobre el consumo de frutas que puedan haber estado en contacto con la saliva o la orina de murciélagos infectados.
Históricamente, Bengala Occidental no es terreno nuevo para este virus, con brotes registrados en 2001 y 2007. Sin embargo, la sombra del desastre de 2018 en Kerala, donde murieron 17 personas en pocos días, sigue fresca en la memoria colectiva. Por su parte, India afirma que el brote de este inicio de 2026 ya es historia, pero para el resto de Asia, la vigilancia apenas comienza.
Perfil de un asesino microscópico
El Nipah es un virus zoonótico, lo que significa que el "paciente cero" siempre es un animal. Su huésped natural es el murciélago frugívoro, una especie común en el sur de Asia que puede contaminar frutas o pozos de agua. La transmisión a humanos se produce por el consumo de estos alimentos o por el contacto con cerdos que actuaron como “huéspedes intermedios”. Una vez que el virus entra en una persona, la transmisión entre humanos es posible a través de fluidos corporales, lo que convierte a los trabajadores de la salud en la primera línea de riesgo.
El cuadro clínico del Nipah es devastador. Comienza con una gripe común (fiebre, dolor de cabeza y malestar), pero en cuestión de 48 horas puede progresar a una encefalitis (inflamación del cerebro). Los pacientes sufren mareos, desorientación y, en los casos más severos, convulsiones previas al coma. Aquellos que logran sobrevivir a la fase crítica no siempre quedan fuera de peligro: muchos arrastran secuelas a largo plazo, como cambios de personalidad o convulsiones recurrentes que persisten de por vida.
Aunque el panorama es sombrío, la ciencia está utilizando las plataformas desarrolladas durante la pandemia de 2020 para buscar una solución. Científicos de la Universidad de Oxford están liderando pruebas con una vacuna candidata que utiliza tecnología de vanguardia. Actualmente, estas investigaciones se encuentran en Fase II en Bangladesh. La Organización Mundial de la Salud clasificó a este virus como un "patógeno prioritario".
La buena noticia para los expertos en salud pública es que el Nipah no es tan contagioso como el sarampión o el coronavirus. Requiere un contacto muy estrecho para pasar de una persona a otra, lo que limita su potencial para generar una pandemia global inmediata. Sin embargo, su altísima tasa de mortalidad compensa esa “baja contagiosidad” con un terror psicológico muy grande.
TC
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