POLÍTICAS DEMOGRÁFICAS

Un municipio de Japón subsidia el uso de apps de citas

La prefectura de Kochi decidió financiar algoritmos de emparejamiento para intentar revertir el colapso demográfico y la falta de matrimonios en las zonas rurales. A través de esta estrategia, el Estado busca convertir la herramienta que profundizó el aislamiento en el motor que reactive la formación de nuevas familias.

¿Matcheamos? Las apps de citas nos han dado acceso a un buffet interminable de personas. Foto: shutterstock

La crisis de natalidad en Japón llegó a un punto tan crítico que algunas regiones comenzaron a financiar citas románticas como política pública. La prefectura de Kochi, ubicada al sur del país, lanzó un programa que subsidia aplicaciones de citas para jóvenes solteros con el objetivo de incentivar matrimonios y nacimientos en una de las zonas más envejecidas y despobladas del archipiélago.

El plan, vigente desde el 1 de abril de 2026 hasta marzo de 2027, ofrece hasta 20.000 yenes anuales —unos 125 dólares— a residentes solteros de entre 20 y 39 años para cubrir gastos de registro, membresía y cuotas premium en plataformas de emparejamiento certificadas por el Estado. También incluye financiamiento para eventos presenciales de speed dating y actividades grupales orientadas a generar vínculos.

Aunque popularmente se habla depagar Tinder”, el ecosistema japonés de aplicaciones de citas tiene características propias. Plataformas como Pairs, una de las más utilizadas del país, concentran gran parte de los usuarios jóvenes.

Otras como Omiai apuntan a personas que buscan rehacer su vida sentimental tras una primera relación, mientras que servicios como Marish o With incorporan tests de compatibilidad psicológica y algoritmos diseñados para encontrar parejas estables orientadas al matrimonio.

El fenómeno ya no es marginal. Según datos oficiales japoneses, uno de cada cuatro matrimonios celebrados en el último año nació a través de aplicaciones de citas, superando por primera vez a los encuentros tradicionales en universidades o lugares de trabajo.

El problema de fondo, sin embargo, es mucho más profundo que el avance tecnológico. Kochi tiene apenas 650.000 habitantes y sufre una fuga constante de jóvenes hacia ciudades como Tokio u Osaka. Pero la crisis demográfica atraviesa a todo el país.

En 2025, Japón registró menos de 706.000 nacimientos, el nivel más bajo desde que existen registros modernos. La tasa de fecundidad cayó a 1,15 hijos por mujer, muy lejos del 2,1 necesario para sostener la población. Hoy el país tiene cerca de 125 millones de habitantes, pero las proyecciones oficiales estiman que podría caer a apenas 87 millones para 2070: una pérdida cercana a 40 millones de personas en apenas medio siglo.

El envejecimiento también avanza a velocidad récord. Más del 30% de la población japonesa tiene actualmente 65 años o más y la edad media nacional ya supera los 50 años, una de las más altas del mundo. Al mismo tiempo, la cantidad de jóvenes que alcanza la mayoría de edad se encuentra en mínimos históricos.

La transformación cultural también aparece reflejada en otro dato inquietante: en 1980 apenas el 2,6% de los hombres japoneses llegaba soltero a los 50 años. En 2020 ese número trepó al 28%. Entre las mujeres, el salto fue del 4,47% al 17,81%.

Una encuesta oficial realizada en 2024 mostró además que siete de cada diez hombres solteros reconocen no saber cómo encontrar esposa. El 67% afirmó tener problemas de confianza o dificultades para socializar, incluso cuando desean formar pareja o construir una familia.

La paradoja es que el mismo ecosistema digital que prometía conectar personas parece estar profundizando el aislamiento. Allí aparece la mirada del filósofo Byung-Chul Han y su libro "La sociedad de la transparencia". Han sostiene que la cultura digital destruyela negatividad”: el misterio, la espera, la distancia y todo aquello que hace posible el deseo. “La transparencia elimina toda distancia en favor de la cercanía total”, escribe el filósofo. Para Han, la hiperexposición constante de las redes sociales termina convirtiendo incluso al amor y al erotismo en productos de consumo rápido.

La lógica de las aplicaciones de citas parece encajar perfectamente en esa descripción. Las personas aparecen como mercancías en una vidriera infinita: se desliza hacia la derecha o hacia la izquierda, mientras persiste siempre la sensación de que puede existir una opción mejor unos perfiles más abajo. La sobreoferta permanente genera una ilusión de infinitas posibilidades que muchas veces termina paralizando el compromiso.

El caso japonés lleva esa contradicción al extremo. El Estado subsidia aplicaciones diseñadas bajo lógica algorítmica para intentar reparar justamente el deterioro de los vínculos humanos tradicionales. Como si la misma tecnología que aceleró la soledad social tuviera ahora que ser utilizada para reconstruir el deseo, el encuentro y la familia.

Aunque el problema es global, en Japón adquiere una intensidad particular. Factores económicos, culturales y laborales ayudan a explicar por qué el fenómeno aparece allí de manera tan aguda: jornadas laborales extensas, altos niveles de presión social, dificultades para independizarse, una cultura históricamente conservadora en materia afectiva y una creciente desconexión interpersonal.

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La caída de la natalidad tampoco es exclusiva del país asiático. En Argentina los nacimientos cayeron más de 40% entre 2014 y 2024. En la Unión Europea, 2022 registró el menor número de nacimientos desde 1960. Y en Estados Unidos la natalidad cayó alrededor de un 23% desde 2007.

Sin embargo, pocas imágenes resultan tan simbólicas como la de un gobierno financiando membresías premium de apps de citas para intentar evitar su propio colapso demográfico. Porque detrás de los algoritmos, los matches y los subsidios aparece una pregunta más profunda: qué ocurre en una sociedad cuando cada vez hay más conexión digital, pero menos capacidad real para encontrarse con otro.

 

MV/ff