Veinticinco años después, el 11-S se conmemora en medio de una pelea política
El aniversario del 11 de septiembre sumó un séptimo momento de silencio en homenaje a quienes murieron por enfermedades vinculadas al polvo tóxico. La publicación de miles de archivos sobre la Zona Cero, la polémica por la presencia del alcalde Zohran Mamdani y una nueva guerra en Medio Oriente atravesaron la conmemoración.
Nueva York. A las 8:46 de la mañana de este viernes, la hora exacta en que el vuelo 11 de American Airlines se incrustó en la Torre Norte, el Bajo Manhattan volvió a quedarse en silencio. Es el primero de siete momentos de silencio. Hasta el año pasado eran seis: dos por cada torre alcanzada, dos por cada torre caída, uno por el Pentágono y uno por el campo de Shanksville. Este año se agregó un séptimo, al final de la lectura de los 2.983 nombres, y ese séptimo es el que explica por qué el aniversario número 25 no es una efeméride sino una noticia.
Está dedicado a los que murieron después. Más de 9.000 personas fallecieron por enfermedades derivadas del polvo tóxico que dejaron las torres al derrumbarse, casi el triple de las que murieron aquella mañana. Los casos de cáncer vinculados al World Trade Center pasaron de 3.200 en 2015 a cerca de 53.000 este año. Michael Bloomberg, alcalde entre 2002 y 2013 y hoy presidente del directorio del Memorial, dijo al anunciar la incorporación del séptimo silencio que la devastación del 11 de septiembre se extendió mucho más allá de ese único día.
Los papeles
Tres días antes de la ceremonia, el martes, el alcalde Zohran Mamdani dio la noticia que reordenó la semana: la ciudad publicó más de 170.000 páginas de archivos municipales sobre la respuesta oficial a los atentados y sobre la calidad del aire en la Zona Cero. Los documentos, disponibles en un portal público, sugieren que funcionarios de la ciudad conocían la presencia de asbesto y otros materiales tóxicos mientras declaraban en público que era seguro respirar en el sur de Manhattan.
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Entre el material figuran el llamado memo Harding, 68 cajas que la ciudad dice haber localizado recién en 2025 pese a pedidos de acceso a la información presentados durante años, y archivos de la administración de Rudolph Giuliani, el alcalde que conducía Nueva York aquel 11 de septiembre. Mamdani fue directo: dijo que los neoyorquinos siempre supieron la verdad, pero nunca habían podido verla escrita, y que a quienes respiraron ese aire los líderes en los que confiaban les mintieron.
Los que le pidieron que no fuera
La escena de la plaza del Memorial tiene, entonces, una carga particular. Mamdani, el primer alcalde musulmán de la ciudad, estuvo parado ahí tres días después de abrir esos archivos, junto a dirigentes que durante toda la semana le pidieron públicamente que no asistiera.
Giuliani declaró a Newsmax que le ofende que Mamdani vaya, y agregó versiones sin sustento sobre un supuesto plan de musulmanes para tomar el control de partes de Estados Unidos y Europa. George Pataki, gobernador de Nueva York en 2001, pidió lo mismo. Bruce Blakeman, precandidato republicano a gobernador, prometió darle la espalda durante la ceremonia.
Otros sectores leyeron la campaña de otra manera. Organizaciones judías de derechos civiles rechazaron los pedidos de exclusión por considerarlos islamofóbicos, y dirigentes demócratas del estado condenaron las declaraciones de Giuliani. Mamdani asistió igual. Dijo que quiere que la semana esté centrada en las familias y en los socorristas.
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El presidente que no vino
Donald Trump, neoyorquino, no estuvo en la Zona Cero. Conmemoró la fecha en el Pentágono. La razón que trascendió es reveladora: quería pronunciar un discurso, y el Memorial no permite que los políticos hablen en la ceremonia desde 2012, para preservar su carácter apartidario. El único acto del calendario cívico estadounidense donde no se hace política terminó siendo, este año, aquel al que el presidente decidió no ir. La administración estuvo representada por el vicepresidente J.D. Vance, que la semana pasada generó rechazo al sugerir que aprovecharía la ocasión para ridiculizar a Joe Biden. Los cuatro expresidentes vivos, Joe Biden, Barack Obama, George W. Bush y Bill Clinton, sí estuvieron en Manhattan.
Los días previos tampoco ayudaron al clima de tregua. El miércoles y el jueves, el Partido Republicano realizó en Dallas una convención de medio término, un formato casi inédito fuera de los años electorales presidenciales. Allí Trump prometió enviar 5.000 dólares a cada adulto estadounidense si su partido conserva el Congreso en noviembre. El programa oficial, de más de cien oradores, apenas mencionó dos temas: los aranceles y la guerra con Irán.
Otra guerra, otro enemigo
Porque el cuarto de siglo encuentra a Estados Unidos otra vez en guerra en Medio Oriente. El conflicto con Irán comenzó el 28 de febrero con ataques conjuntos con Israel, precedidos por el mayor despliegue militar estadounidense en la región desde la invasión de Irak en 2003. Hubo un alto el fuego en abril con mediación de Pakistán, un memorando de entendimiento en junio y una ruptura en julio. A comienzos de septiembre se registró el intercambio de fuego más intenso en más de un mes. La diferencia con 2001 es sustantiva: aquella guerra se libró contra un actor no estatal y derivó en dos ocupaciones; esta es contra un Estado, y la conduce el presidente que llegó a la Casa Blanca prometiendo terminar con las guerras eternas.
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