El 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos sufrió el atentado terrorista más letal cometido en su territorio, con el derrumbe de las Torres Gemelas y la destrucción del complejo del World Trade Center. A 25 años de aquel día, una encuesta del Pew Research Center muestra que el 83% de los adultos estadounidenses nacidos antes de 2001 todavía recuerda exactamente dónde estaba o qué estaba haciendo cuando se enteró de los ataques, mientras persisten opiniones negativas sobre el islam y los musulmanes estadounidenses.
El relevamiento fue realizado entre el 24 y el 30 de agosto de 2026 sobre 5.166 adultos estadounidenses y permite observar también el recambio generacional. El 10% de los adultos actuales nació después de los atentados y conoce lo ocurrido únicamente por lo que aprendió de otras personas, mientras que entre quienes tienen actualmente entre 18 y 24 años, el 60% afirma que se enteró del 11-S a través de actividades escolares.
La diferencia generacional también aparece en las vías por las que se incorporó ese recuerdo. El 16% de los jóvenes de 18 a 24 años señala que conoció los ataques por familiares o amigos, el 8% mediante contenidos que leyó o vio por su cuenta y el 1% por otra vía, mientras que el 14% no sabe precisar cómo recibió por primera vez esa información.
El atentado tuvo consecuencias que excedieron la destrucción del World Trade Center. La guerra contra el terrorismo impulsada por el gobierno de George W. Bush, la invasión de Afganistán, la transformación de los controles aeroportuarios y el impacto sobre la percepción de los musulmanes forman parte de las consecuencias que todavía aparecen en las divididas opiniones de la sociedad estadounidense.

Qué ocurrió el 11 de septiembre de 2001 y por qué el recuerdo sigue vigente
A las 8:46 de la mañana, el vuelo 11 de American Airlines, un Boeing 767, impactó contra la Torre Norte del World Trade Center, entre los pisos 94 y 98. Durante los primeros minutos, muchos espectadores y medios interpretaron lo ocurrido como un accidente aéreo, hasta que un segundo avión golpeó el complejo y modificó por completo la comprensión de lo que estaba sucediendo.
A las 9:03, el vuelo 175 de United Airlines se estrelló contra la Torre Sur, entre los pisos 77 y 85. Las imágenes transmitidas en directo mostraron el segundo impacto y confirmaron que Estados Unidos enfrentaba un ataque coordinado. Los dos edificios permanecieron en llamas durante períodos diferentes antes de colapsar.
La Torre Sur se derrumbó a las 9:59, después de 56 minutos de incendio, y cayó por completo en aproximadamente 10 segundos. La Torre Norte resistió durante otros 29 minutos y terminó colapsando a las 10:28, después de 102 minutos de fuego. El derrumbe provocó la destrucción de buena parte del complejo y afectó también a edificios e infraestructura de los alrededores.
Solo en el bajo Manhattan murieron 2.753 personas. Entre ellas había 343 bomberos y 71 policías que habían ingresado al complejo para intentar rescatar a quienes estaban atrapados. Muchas de las víctimas se encontraban por encima de los pisos donde habían impactado los aviones y quedaron sin una vía de escape.
Sin embargo, la destrucción no terminó solo con las dos torres. El World Trade Center 7 también colapsó durante la tarde, mientras que varias estaciones de subte y otros puntos de infraestructura de Nueva York quedaron inutilizados. El impacto urbano se extendió más allá del perímetro del complejo e, incluso, alteró durante años el funcionamiento de una parte central de Manhattan.
Las consecuencias sanitarias también se prolongaron durante décadas. El polvo producido por los derrumbes contenía amianto y otras sustancias tóxicas, y miles de rescatistas, sobrevivientes y personas que vivían o trabajaban en la zona desarrollaron enfermedades respiratorias y distintos tipos de cáncer vinculados con la exposición en la denominada Zona Cero.
El impacto político y social fue igualmente amplio. Tras el atentado, Bush declaró la Guerra contra el Terrorismo, que derivó en la invasión de Afganistán para combatir a Al Qaeda y terminar con el régimen talibán. En Estados Unidos también se creó la Administración de Seguridad en el Transporte, conocida como TSA, y cambiaron los controles de los aeropuertos, con restricciones para acceder a las zonas de embarque, límites para transportar líquidos, nuevas medidas de seguridad en las cabinas de los aviones y restricciones más duras para los inmigrantes.
Cómo cambió la mirada sobre el islam y los musulmanes en Estados Unidos
El impacto del 11-S también alcanzó a los musulmanes estadounidenses, que compartieron el duelo y el miedo provocados por los ataques pero quedaron expuestos posteriormente a sospechas y discriminación. Una encuesta realizada por Pew en mayo de 2026 encontró que el 43% de los adultos estadounidenses considera que los musulmanes son menos patriotas que otros estadounidenses y que el 42% cree que los musulmanes tienen un impacto negativo sobre el país.
Algunos de los encuestados relacionaron directamente esas opiniones con los atentados de 2001. Entre las respuestas recogidas aparecen expresiones como "Debido al 11-S", "¿Recuerdan las Torres Gemelas?" y "Miedo a otro ataque terrorista como el del 11-S". Los datos muestran además que determinadas opiniones sobre el islam son hoy más negativas que poco después de los ataques.
En marzo de 2002, seis meses después del atentado, el 25% de los adultos estadounidenses consideraba que el islam era más propenso que otras religiones a fomentar la violencia. En las 11 mediciones posteriores, esa proporción nunca bajó del 38% y durante la última década se ubicó entre el 45% y el 52%. A comienzos de 2026 llegó al 51%.
La percepción también quedó atravesada por la división partidaria. En la medición de 2026, el 76% de los republicanos y de los independientes que se inclinan por el Partido Republicano afirmó que el islam fomenta la violencia, frente al 29% de los demócratas y de quienes se identifican con ese partido. Inmediatamente después del 11-S, la diferencia era mucho menor, con 32% entre republicanos y 23% entre demócratas. En ese momento, Bush buscó diferenciar al islam del terrorismo y afirmó: “El terror no representa la verdadera fe del Islam”, afirmó el presidente. “El Islam es paz”.
Los registros del FBI muestran que la discriminación también tuvo una expresión concreta en los delitos de odio. Los incidentes antiislámicos denunciados pasaron de 28 en 2000 a 481 en 2001. Desde entonces la cifra tuvo fuertes variaciones, con un mínimo de 95 casos en 2021 y un máximo de 307 en 2016, pero nunca volvió a los niveles registrados antes de los atentados. Los datos del FBI llegan hasta 2025 y corresponden a delitos denunciados por las fuerzas de seguridad participantes.

Las encuestas realizadas entre musulmanes estadounidenses muestran que la discriminación y el apoyo convivieron durante todo este período. A fines de 2001, el 52% dijo que su comunidad había sufrido discriminación antimusulmana desde los ataques y el 68% consideró injusta la cobertura de los musulmanes y el islam en los medios, mientras que el 75% sostuvo que los estadounidenses habían sido respetuosos y tolerantes. En mayo de 2026, el 59% dijo que existe mucha discriminación contra los musulmanes y otro 59% consideró injusta la cobertura periodística sobre el islam y los musulmanes. Al mismo tiempo, el 34% afirmó que alguien le había expresado apoyo durante el último año por ser musulmán.
No obstante, la comunidad musulmana estadounidense también creció y ganó visibilidad política. Pew estima que actualmente hay unos 5,5 millones de musulmanes en Estados Unidos, frente a 2,4 millones en 2007. La cantidad de mezquitas pasó de unas 1.200 en 2000 a casi 2.800 en 2020. Después del 11-S hubo conflictos en distintos puntos del país por proyectos para construir mezquitas y centros comunitarios musulmanes, pero la infraestructura religiosa continuó expandiéndose. Al mismo tiempo, aumentó la presencia política. Mehmet Oz fue en 2022 el primer musulmán nominado por un partido importante para un puesto en el Senado, aunque perdió las elecciones generales, y Abdul El-Sayed fue elegido por los votantes de las primarias demócratas de Michigan como candidato al Senado en 2026.
Actualmente hay cuatro musulmanes en el Congreso y un quinto está próximo a incorporarse, frente a ninguno en 2001. En Nueva York, donde cayeron las Torres Gemelas, Zohran Mamdani fue investido este año como el primer alcalde musulmán de la ciudad. Sin embargo, esa mayor representación convive con expresiones políticas abiertamente antimusulmanas. En marzo, el representante de Texas Chip Roy publicó “No más musulmanes…” en X y en agosto la representante de Carolina del Sur Nancy Mace escribió: “Cada musulmán que ocupa un cargo público en Estados Unidos es un caballo de Troya y una amenaza tanto para la seguridad nacional como para nuestra república”.
RV /ds