El 11 de septiembre de 2001, mientras aviones comerciales impactaban contra las Torres Gemelas en Nueva York y el Pentágono en Washington, el Servicio Secreto de Estados Unidos desplegó un operativo de respuesta inmediata ante al amenaza latente de un ataque contra la cúpula política estadounidense.
Frente a la incertidumbre generalizada, el entonces director del organismo, Brian Srafford, tomó la determinación de activar el Plan Federal de Continuidad de Operaciones. Regulado bajo la Directiva de Decisión Presidencial 67, este protocolo de emergencia nunca antes se había puesto en marcha en su totalidad.
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En Washington D.C, la prioridad fue resguardar la vida de la línea de sucesión presidencial. En la Casa Blanca, la alerta de una avión secuestrado con rumbo directo a la capital obligó al agente especial Jimmy Scott a irrumpir en el despacho del vicepresidente Dick Cheney, para llevarlo al Centro de Operaciones de Emergencia Presidencial, el búnker subterráneo de la residencia.
De manera simultánea, el agente Nick Trotta interceptó a la primer dama Laura Bush, quien se dirigía al Capitolio. En ese momento fue redirigida a las instalaciones de la sede del Servicio Secreto para evitar que fuera interceptada.
La evacuación de George W.Bush y el despliegue del Servicio Secreto
En tanto, el presidente George W. Bush se encontraba en una escuela de primaria del estado de Florida al momento de ser notificado sobre las agresiones terroristas. El agente Edward Marinzel tomó la decisión táctica de denegar los pedidos del mandatario para retornar de inmediato a la capital.

En lugar de regresar al centro del poder político, el avión Air Force One inició un plan de resguardo que lo llevó primero a la Base Aérea Barksdale, ubicada en Luisiana. Posteriormente, las fuerzas de seguridad dispusieron el traslado del jefe de Estado hacia la Base Aérea Offutt en Nebraska.
Por coincidencia operativa de esa jornada, las instalaciones de la base en Nebraska tenían programado un simulacro de guerra nuclear. Esta condición técnica convertía al reciento militar en el refugio más seguro dentro de todo el territorio estadounidense.
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La autorización de Marinzel para coordinar el regreso de Bush a la Casa Blanca recién se emitió cuando las autoridades decretaron el cierre del espacio aéreo civil en todo el país y se confirmó el sobrevuelo constante de patrullas aéreas de combate sobre la capital estadounidense.
Mientras tanto, en Nueva York, los agentes especiales Tom Armas y John Buckley se hallaban en las oficinas del 7 World Trade Centre para una reunión institucional cuando la primera aeronave colisionó contra la Torre Norte.

Ambos agentes acudieron por iniciativa al lugar del desastre y lograron ascender hasta el piso 40 de la Torre Norte antes de que la onda expansiva del choque en la Torre Sur los derribara. Tras la caída de la primera estructura, Armas y Buckley colaboraron activamente con el Departamento de Bomberos de Nueva York para guiar a los sobrevivientes fuera del perímetro.
Al cumplirse 25 años de aquel acontecimiento, los documentos e itinerarios reconstruidos ponen en manifiesto la autonomía con la que operaron los efectivos en el terreno. La prioridad fundamental del Servicio Secreto radicó en preservar la cadena de mando gubernamental sin margen para la falla táctica.