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MODO FONTEVECCHIA
TENDENCIA EN EUROPA

Un experto explica qué significa el triunfo de la extrema derecha en Alemania

El historiador Andrés Reggiani analizó en diálogo con Jorge Fontevecchia la victoria de Alternativa para Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt. Las claves de un resultado histórico tras la Segunda Guerra Mundial, el fenómeno de la desdiabolización del discurso radical y el impacto del ascenso ultraderechista en el panorama político europeo.

Elecciones regionales en Alemania
Elecciones regionales en Alemania. | AFP

El mapa político europeo volvió a crujir tras los históricos resultados electorales en Alemania, donde Alternativa para Alemania (AfD) logró posicionarse como la fuerza más votada en el estado de Sajonia-Anhalt. Este hecho inédito en el período de posguerra no solo sacudió los cimientos de la política germana, sino que reabrió la discusión sobre el alcance y la proyección de las extremas derechas en el resto del continente.

Para analizar las implicancias de esta victoria, el rol de sus figuras clave y las comparaciones con otros movimientos como el de Nigel Farage en el Reino Unido o Marine Le Pen en Francia, Jorge Fontevecchia dialogó con el especialista Andrés Reggiani, en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190). A lo largo de la entrevista, el experto desglosa las tensiones internas de la AfD, las fronteras con las corrientes neonazis y la estrategia estética y discursiva con la que buscan presentarse ante la sociedad como una fuerza moderna e inevitable.

Andrés Reggiani es historiador, docente y ensayista especializado en fascismo, eugenesia, políticas raciales e historia social del deporte. Es una de las figuras académicas clave en la Universidad Torcuato Di Tella, institución donde ejerce como profesor e investigador y donde asumió, en el año 2024, la dirección del Departamento de Estudios Históricos y Sociales y de la Licenciatura en Historia.

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Andrés, muy buenos días, Jorge Fontevecchia lo saluda. Con su expertise en el tema, que nos remarcan sus colegas, estábamos muy interesados en que usted nos hiciera un panorama de cuánto de la victoria de Alternativa para Alemania —hecho inédito desde la Segunda Guerra Mundial— trasciende a ella misma y cuánto de esto es el comienzo de un proceso que pueda generar irradiaciones en el resto de Europa y en el resto de Alemania. Por favor, cuéntenos; lo escuchamos con atención.

Bueno, buenos días, Jorge. El fenómeno de la extrema derecha en Alemania, con el partido que acaba de salir victorioso en las elecciones de un estado —el estado de Sajonia-Anhalt, uno de los cinco estados que conformaron hasta 1990 la República Democrática Alemana, donde gobernó el régimen comunista después de la Segunda Guerra Mundial—, es parte de un fenómeno más global que tiene que ver con el ascenso de las distintas variantes de las derechas. No es un caso aislado, pero evidentemente para los alemanes, por su historia, tiene una significación particular. En primer lugar, obviamente, porque se trata de una organización, de un partido definido como extremista por la Oficina para la Protección de la Constitución. Por lo tanto, está puesto siempre bajo la lupa de los organismos estatales para ver en qué medida sus programas y sus declaraciones públicas violan los principios de la Constitución, la cual es muy clara con respecto a la instigación al odio por cuestiones religiosas, raciales o políticas. En ese sentido, la organización, el partido Alternativa para Alemania, está muy cerca de otras organizaciones que han sido proscritas en respectivas ocasiones, como son los partidos neonazis. La extrema derecha en Alemania, este partido, la AfD, cobija subgrupos y tribus que podríamos definir también como neonazis. Ahora, yo le decía que esto tiene una significación particular para Alemania porque, además, se trata del caso de las elecciones del domingo: por primera vez en la historia de la posguerra, es decir, después de la derrota del nazismo, un partido de extrema derecha sale triunfador. No tiene la mayoría absoluta, pero es el principal partido, con capacidad muy cercana de formar gobierno en un estado de la República Federal Alemana. Esto ha causado un tembladeral político. Las encuestas ya mostraban que este partido saldría victorioso con más del 40%, pero llegó casi al 44%. Realmente es un shock político. Por supuesto, por un lado se teme el efecto contagio: decir «bueno, lo que ocurre ahí puede ocurrir en otros lugares». Eso infunde confianza y le da mayor fuerza al partido de otros estados de Alemania, sobre todo en el este, que es donde sigue siendo la principal fuerza política para presentarse como la verdadera fuerza alternativa, un poco tomando el nombre del partido.

Andrés, hablábamos con un colega en Oxford hace unos minutos y él nos planteaba que, a más tardar a fin de año o en marzo del año próximo, Nigel Farage será el próximo primer ministro británico, y que finalmente la extrema derecha inglesa se va a terminar imponiendo y ganando el gobierno. ¿Qué comparación se puede hacer entre Alternativa para Alemania y Nigel Farage, por ejemplo, y otras extremas derechas potencialmente con capacidad de formar gobierno?

Bueno, yo diría que, en primer lugar, por el lado de la cuestión ideológica, creo que hay diferencias importantes. La AfD está a la derecha de otras extremas derechas. En primer lugar, está definida así, como partido extremista, por un organismo de gobierno; además, cobija en su seno a otras tribus y grupos. El mismo partido tiene corrientes internas mucho más extremas que otras más moderadas. De hecho, hay que recordar que la AfD nace como un partido ultraliberal contra las políticas de rescate de la Eurozona luego de la crisis de 2008. Nace en 2013 y, con la crisis migratoria de 2015, el partido se radicaliza como una fuerza antiinmigración, xenófoba y euroescéptica, desplazando a los que lo habían formado en 2013. Ahora está a la cabeza con figuras que comparten un piso, un mínimo común denominador, que es la antiinmigración. Hay sectores ahí más liberales desde el punto de vista económico, como el caso de una de sus referentes, Alice Weidel, que de hecho es una mujer lesbiana en pareja con una ciudadana de Sri Lanka y vive en Suiza; es decir, es un caso muy raro para lo que es la extrema derecha. Ella es copresidenta con figuras mucho más tradicionales del espectro de la extrema derecha, mucho más conservadoras desde el punto de vista de los valores. Así que hay que ver también cómo se dirimen esas tensiones internas dentro del partido una vez que alcance el gobierno, si es que alcanza esa función de gobierno. Ahora, sobre la comparación con Farage: por un lado está el tema de la ideología; la AfD está más a la derecha que Farage. Si uno viera el programa y las declaraciones, ambos comparten este ideario antiinmigratorio, pero en el caso alemán está la historia, porque hay una continuidad entre los valores o las ideas del nacionalsocialismo que llegan todavía hoy, de una manera más diluida, a este tipo de partidos. Esto es lo que los expone muchas veces a la penalización legal, es decir, está prohibido hacer todo tipo de declaraciones que relativicen, y mucho menos que reivindiquen, el nazismo. Con respecto al sistema político, es diferente. Inglaterra tiene un sistema bipartidista y Alemania tiene un sistema multipartidista; está mucho más fragmentado el escenario político alemán, con lo cual ahí ya está justamente el problema hoy, al día siguiente de las elecciones. Si la extrema derecha no obtiene, como ha ocurrido, la mayoría absoluta —es decir, 42 diputados en el parlamento regional; obtuvo solamente 39 bancas—, necesita tres diputados de algún lugar. Esto significa, como en la historia de la Alemania de posguerra, una negociación que no tiene un límite definido, porque esto puede durar meses: una negociación que apunte a formar un gobierno que funcione, ya sea con mayoría absoluta o un gobierno en minoría tolerado por alguna otra fuerza política. Esa es una diferencia muy importante con los sistemas bipartidistas.

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Andrés, y siguiendo en esto para tratar de poner unos puntos cardinales que nos ordenen el pensamiento: así como Alternativa para Alemania está a la extrema derecha de Farage, en el caso de Marine Le Pen —que es otra candidata de derecha que podría formar gobierno, en este caso en Francia, en un futuro no muy lejano—, ¿también podríamos decir que se diferencia de Alternativa para Alemania, o que Le Pen podría ser más una derecha conservadora?

Sí. Bueno, ahí está el problema de ver hasta qué punto las diferencias no ocultan que son más bien maquillajes políticos para no asustar demasiado a la población. Eso es lo que ha ocurrido con el partido de Le Pen, Agrupación Nacional, sobre todo cuando la hija del fundador, Jean-Marie Le Pen, asume la dirección del partido tras enfrentarse con su padre en 2011. Lleva a cabo un proceso que se llamó de «desdiabolización» del partido: pulir algunos elementos, algunas aristas más crudas, sobre todo del discurso antiinmigratorio, y transformar ese discurso en uno a favor del laicismo y en contra de la injerencia de la religión en la vida política y social, que es obviamente el problema que presentan algunas corrientes islamistas. Es decir, donde no hay una diferencia clara en la tradición islámica entre lo privado y lo público. Entonces, el lepenismo lo que ha hecho en Francia es justamente encontrar una manera de seguir diciendo lo mismo con otras palabras: reemplazar la cuestión de la raza por la cuestión de la laicidad o la neutralidad del Estado en materia religiosa. Yo creo que en el fondo no hay grandes diferencias. Quizá radique en el hecho de que, en el caso de Alternativa para Alemania, hay una corriente neonazi que está muy presente y que por momentos levanta la cabeza, asoma, y esto le puede costar al partido no solamente multas económicas importantes, sino arriesgarse a la proscripción, como ha ocurrido con otros partidos como Los Republicanos y otras organizaciones neonazis. Yo mantendría un poco esas diferencias y, al mismo tiempo, no hay que dejarse llevar por cierta campaña política que lo que busca a veces es presentar una cara más amigable. Inclusive el candidato ganador en las elecciones de Sajonia-Anhalt el domingo es un candidato carismático, sabe hablar, tiene una presencia y una estética moderna, muy alejada de lo que uno asociaría con la extrema derecha; no parece un dinosaurio. Lo mismo la copresidenta Alice Weidel, vestida como una ejecutiva. Es decir, apelan a cierta sensibilidad de los más jóvenes para que los vean como una alternativa moderna y no arcaica a un sistema político que parece no poder dar respuesta.

Andrés Reggiani, muchísimas gracias. Le mandamos un saludo aquí a la distancia y nos mantenemos en contacto. Muy gentil.

Gracias, hasta luego.