Peronismo

Adolfo Rodríguez Saá con Fontevecchia: "Voy a ser candidato a gobernador de San Luis para volver a la senda del progreso"

El histórico dirigente analiza la profunda crisis del PJ, reclama democratizar la conducción dando espacio a los liderazgos del interior, y sostiene que la deuda externa debe sanearse con un plan de producción sin acudir al default.

Adolfo Rodríguez Saá Foto: web

En un escenario marcado por la reconfiguración de la oposición y la búsqueda de nuevos rumbos, Adolfo Rodríguez Saá analiza el presente del peronismo y los dilemas estructurales de la Argentina. En diálogo con Jorge Fontevecchia, en Modo Fontevecchia, por +PerfilRadio Perfil (AM 1190), el dirigente puntano advierte que el peronismo atraviesa una crisis severa provocada por disputas internas de cúpula e insiste en que la futura conducción no debe resolverse entre las figuras de la política metropolitana, sino a través de una elección interna abierta y democrática que le devuelva la voz al interior del país. Evocando la histórica contienda entre Carlos Menem y Antonio Cafiero en 1988, rescata la legitimidad de las urnas como la única herramienta capaz de articular un liderazgo federal.

Más allá de la interna partidaria, Rodríguez Saá aborda los debates centrales del país: la necesidad de encarar un saneamiento definitivo de la deuda externa sin caer en la trampa del default ni del sobreendeudamiento, el dramático deterioro del sistema educativo y la urgencia de construir un modelo productivo que aproveche el talento y los recursos de las provincias.

Adolfo Rodríguez Saá es un abogado e histórico dirigente político, destacado por haber gobernado su provincia, San Luis, durante casi dos décadas entre los años 1983 y 2001. Tras la renuncia de Fernando de la Rúa en plena crisis socioeconómica de la Argentina, la Asamblea Legislativa lo proclamó presidente interino el 23 de diciembre del año 2001. Posteriormente se desempeñó como diputado nacional entre 2003 y 2005 y como senador nacional representando a San Luis durante varios períodos consecutivos entre 2005 y 2023.

Adolfo, qué gusto volver a hablar con usted después de un tiempo. Creo que hace como dos años que no hablamos, así que tenemos mucho para ponernos al día. Como dirigente histórico del peronismo, usted atravesó momentos de todo tipo: de reorganización, de fragmentación... Un poco como si fuera el estado del arte, ¿cómo ve al peronismo y a la política hoy, con sus ojos y su experiencia?

Buenos días. Un gusto estar nuevamente con vos, Jorge.

Gracias.

Un periodismo serio, responsable, un ejemplo.

Muchas gracias.

El peronismo está en una crisis muy grave porque es la oposición, es la alternativa, pero se bate en pujas internas de las cúpulas que quieren minar al pueblo argentino. Me parece a mí que requiere de una profunda renovación, pero no solo de personas: la renovación también debe ser de una metodología, de una ideología, de una doctrina actualizada. Y para mí eso se logra con una elección interna. El peronismo debe pasar por una elección interna donde el pueblo argentino elija el camino por donde continuar la historia, y no que las cúpulas dominantes decidan desde el área metropolitana el destino del pueblo argentino. En eso yo no estoy de acuerdo.

Adolfo, hay dos momentos del peronismo que se resolvieron con dos formas distintas. Una, aquella vieja e histórica interna entre Menem y Cafiero, en la que también se enfrentó el interior con el bonaerense y ganó el interior, ganó Menem. Y luego, un sistema no de internas, sino con ley de lemas, que fue la que le tocó a usted en el año 2003 al ser candidato a presidente junto con Carlos Menem y Néstor Kirchner. ¿Qué enseñanzas dejaron una y otra? Por lo que entiendo, ¿usted ve que el mejor modelo fue aquel de Menem y Cafiero en el año 1988?

Sí, sin ninguna duda. La contienda entre Menem y Cafiero estimuló una conjunción que ejerció ese liderazgo durante muchas opciones. Un liderazgo legítimo, un liderazgo nuevo, un liderazgo renovado. Creo que fue un ejemplo de liderazgo el de Carlos Menem, en el que no había exclusión y la Argentina entera se expresaba en ese momento histórico. Entonces, me parece a mí que una democratización de toda la metodología de la oposición sería muy saludable. Obviamente, el parlamentarismo también requiere buscar la forma de enaltecer la política, de ordenarla y de darle seriedad. Puedo hacer un comentario sobre el presupuesto: se toma el presupuesto como si fuera un relato que "Dios quiera...". No. En un país ordenado, en un país serio, el presupuesto es una ley; más aún, muchos consideran que es la ley suprema de la organización de un país, que debe cumplirse, que está para cumplirse. Si nosotros volvemos a tener el concepto del cumplimiento estricto de la ley, vamos a ser un país ordenado donde vamos a poder discutir: "Esto es para la política, esto para la economía, esto para la vida". Me parece a mí que debemos encaminar las cosas hacia la seriedad, en la búsqueda de la verdad, no en el relato acorde con los criterios a favor de los intereses dominantes en la economía y en la política.

Cuando se enfrentaron Menem y Cafiero, se enfrentaron dos perspectivas del peronismo. No solamente representantes de dos territorios, sino dos perspectivas de qué implicaba la renovación del peronismo. Ambos hablaban de renovación; de hecho, Menem planteaba aquello de "se quedaron en el '45" y Cafiero también planteaba la renovación del peronismo. Hoy, una interna, ¿qué es lo que tendría que dirimir, independientemente de las personas? Imaginemos, a modo puramente hipotético, al gobernador de la provincia de Buenos Aires, un candidato de Cristina Kirchner, un gobernador del resto del país... ¿Qué se estaría dirimiendo en términos de ideas, como usted habla, que no es solamente de personas? ¿Qué representa Axel Kicillof? ¿Qué representa Cristina Kirchner? ¿Qué representa el peronismo del interior?

Bueno, yo ahí me pongo provocativo. A ver: ¿no deberíamos permitir que surja una mujer inteligente, capaz, joven, pujante? ¿No podríamos intentar con un joven que se renueve y movilice a todo el peronismo? ¿No podremos pensar en un académico? Me parece a mí que nos restringimos al mundo de la política metropolitana. En el mundo de la política metropolitana esas son las personalidades que predominan, y está bien. Pero eso es una parte de la Argentina, no es toda la Argentina.

No, claro.

Y pretender dirigir desde el área metropolitana al interior me parece un error. Lo hemos hecho repetidamente y la Argentina termina en fracasos. ¿Por qué no intentamos abrir el abanico? Y bueno, si las alternativas son esas, son esas. Segundo, creo que debemos repensar: ¿qué es la libertad?, ¿qué es la justicia social?, ¿son incompatibles? ¿Qué es la soberanía?, ¿qué es la lucha por las Malvinas? Me parece a mí que son temas trascendentes: una política exterior, una política de plena libertad, una política de justicia social. Todo engloba la necesidad de una profunda renovación. Nada es incompatible. Otra cosa en la que me parece a mí que la Argentina falla mucho es en el diálogo: son monólogos que se imponen con una apariencia de diálogo. Me parece que se ha perdido el diálogo. Jorge, tenemos una crisis profunda en la educación. Estamos octavos en Latinoamérica, en el puesto 60, en los 40 peores países del mundo en las pruebas PISA. Estamos en el fondo de la tabla, cuando la Argentina pujante, la Argentina potencia, estaba en los primeros lugares. Como consecuencia de una gran política educativa, la Argentina tenía una prioridad económica espectacular. Y esto debe acompañarse con un crecimiento cultural y social que nos permita vivir la verdad y la realidad de la vida. Me parece a mí que necesitamos dar el debate; no discutiendo únicamente temas de actualidad —que hay que discutirlos, no lo niego—, sino aquellos que definan la estrategia para lograr que la Argentina se encamine a ser el gran país que todos soñamos. Yo sueño con una Argentina de primera. ¡Qué país tenemos! La Argentina produce premios Nobel, la Argentina produce a un Papa Francisco, la Argentina produce a un Favaloro, la Argentina produce a un Messi. Es un país extraordinario.

El peronismo redobla la apuesta y desafía el plan oficialista sobre Malvinas

Tenemos una riqueza no solamente material, sino una riqueza en nuestro ser humano extraordinaria. Entonces, esto nos debe hacer reflexionar: ¿por qué tropezamos?, ¿por qué no podemos encaminar el país? Es un debate que tenemos que revisar nuevamente. Y con inteligencia, con humildad, sentarnos a la mesa y debatir cómo reencauzamos la educación. ¿O no le parece que estamos injustamente en una posición muy lejana? Los sueldos de los docentes y el sistema educativo universitario están en crisis, la escuela primaria está en crisis. ¿Por qué? Porque decimos que la escuela primaria es obligatoria, pero ya no lo es, nos engañamos; si fuera obligatoria, no habría analfabetos. La escuela secundaria es obligatoria: mentira. Hay miles y miles de chicos que no terminan ni el primario ni el secundario. ¿Qué país podemos construir así? Debemos educar al soberano para que seamos soberanos. Tenemos que construir un país más elevado para que podamos entrar al mundo de la robótica, de la inteligencia artificial, de la ciencia y de la tecnología. Tenemos todas las posibilidades, tenemos todo el talento. Y no se debate; hay solamente expresiones individuales que no alcanzan a modificar al conjunto de la Argentina. Por eso, no es un enfrentamiento entre metrópoli y provincias: es encontrar el verdadero perfil de la Argentina. Hoy, la prosperidad de Neuquén o de San Juan en base a la minería; la prosperidad de la zona núcleo en la producción de agroalimentos, de herramienas agrícolas y de la industria automotriz... Bueno, todo eso tenemos que potenciarlo para que nos sirva para construir un país unido, un país que tenga objetivos comunes. Para eso hay que cumplir con la ley, para eso tenemos que tener un país ordenado. Y ordenar el debate.

En ese ordenamiento del debate, uno de los temas en los que se percibe una discusión de fondo es respecto de qué hacer con la deuda externa, específicamente con el Fondo Monetario Internacional. Hay dentro del peronismo quienes consideran que así como está es impagable, que se debe exigir una renegociación de quita de intereses y eventualmente alargamiento del capital, incluso utilizando el argumento de que fue ilegítima. Y otros que consideran que no, que hay que seguir el mismo camino tanto del gobierno del PRO como del actual gobierno de La Libertad Avanza, de buscar salir a los mercados de deuda voluntaria para progresivamente ir cancelando la deuda con el Fondo Monetario Internacional. Usted, a quien le tocó tener sobre sus espaldas la experiencia de enfrentar una situación similar, me gustaría saber, sobre la base de esa experiencia, qué consejo le daría hoy a un eventual gobierno peronista al que le tocara administrar esa situación a partir del 10 de diciembre del año próximo.

Hay que tomar con seriedad este tema. De este tema se ha hablado mucho y siempre nos endeudamos más. En cada renegociación quedan comisiones en el camino, más endeudamiento para el pueblo argentino y ningún resultado positivo para la vida de los argentinos. Fontevecchia, si nos endeudáramos para hacer rutas, puertos, investigación científica, producir energía e inversiones en la Argentina, todos estaríamos de acuerdo porque veríamos el beneficio. Este endeudamiento permanente en el mundo financiero es nefasto. Entonces, debemos terminar con eso y dar un debate serio: dejar de tomar deuda. Pagar lo que haya que pagar, hacer un plan, pagarlo y dejar de tomar deuda. Nos dicen que nos desendeudamos, pero cuando miramos el total de lo que debemos, debemos más. Pagamos, pagamos y seguimos pagando, y se debe más. Se deben cifras siderales, a veces monstruosas, mientras el pueblo argentino está en la pobreza. Cuántos pobres tiene la Argentina... Es un dolor. Los salarios no alcanzan, Fontevecchia, no alcanzan. A una familia no le alcanza el sueldo de un trabajador para vivir dignamente. Entonces hay que hacer un esfuerzo serio. ¿Cómo se soluciona esto? Produciendo, trabajando.

Entre el silencio y la decadencia: el peronismo ante su hora más oscura

A ver si lo interpreto, Adolfo, perdón que lo interrumpa. Lo que usted dice es que ahora no hay que hacer default, hay que pagarla.

Obviamente. El default... Yo no digo default, Fontevecchia, no. Es un engaño. En su momento, la Argentina no pagaba porque no tenía ni un solo dólar para pagar, y yo dije: "Suspendamos el pago, vamos a revisar de qué se trata". En ningún momento se declaró el default; eso no hay que declararlo. No hay que declarar el default: hay que sentarse con el Fondo Monetario y con todos los organismos a sanear todo el sistema de la deuda argentina. Sanearlo. No podemos continuar con intereses usureros, no podemos seguir pagando a un pozo sin fondo. Tratémoslo seriamente: hay que pagar lo que hay que pagar, paguémoslo, pero saquémonos la deuda de encima. Como en su casa: si usted debe, paga y se saca la deuda de encima. Si usted contrae más deuda para pagar la deuda anterior, se está endeudando más. Estamos en un estado de endeudamiento tal que ya hay un porcentaje enorme de ciudadanos que hace meses no paga la tarjeta de crédito porque los bancos cobran intereses usureros en las refinanciaciones. Entonces, en serio, discutamos esto. Hay que poner el tema sobre la mesa. Muchos funcionarios de todos los gobiernos, con suculentas comisiones y suculentos honorarios que el pueblo argentino tiene que pagar, viajan los sábados en naves a Nueva York representando a la Argentina. Todo esto forma parte de un sistema equivocado. Tenemos que tratar de concertar. Me acuerdo cuando en algún momento pagamos esa deuda que teníamos con Europa: debíamos 4000 millones, pagamos 9000 y seguimos debiendo. No es así, está mal.

Déjeme hacerle una pregunta puntual antes de terminar esta linda conversación que me alegro de haber recuperado, esperando recuperar el tiempo perdido. Usted, en lo personal, ¿va a ser candidato? ¿Va a ser candidato en su provincia, a nivel nacional? Cuéntenos de usted particularmente.

Cuando yo goberné San Luis...

Clarísimo, Adolfo. Un gusto volver a retomar el tiempo perdido. Como le decía, espero que ahora podamos comunicarnos más a menudo. Le mandamos un abrazo desde Buenos Aires y espero verlo pronto.

Gracias, Jorge, muy amable. Un fuerte abrazo.

 

MEG