Ana Iparraguirre: “Lejos de moderarse, Trump se va a radicalizar si pierde las próximas elecciones”
La analista política sostuvo que tanto el balotaje en Brasil como las legislativas en Estados Unidos se definen por el voto rechazo y la insatisfacción ciudadana con el Estado. Además alertó que el futuro de las nuevas derechas en la región dependerá de su capacidad para mostrar resultados económicos concretos.
En una nueva emisión de Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), la politóloga Ana Iparraguirre, trazó un análisis comparado sobre el balotaje en Brasil, las inminentes elecciones legislativas en Estados Unidos y el avance de las nuevas derechas en la región.
La especialista advirtió que una eventual derrota republicana en el Congreso norteamericano llevará a Donald Trump a radicalizar su gestión en lugar de moderarse, explicó cómo la interna sucesoria entre Marco Rubio y J. D. Vance reducirá el margen de apoyo de Javier Milei en Washington y señaló que la permanencia de la actual ola conservadora en América Latina dependerá de su capacidad para generar resultados concretos.
Ana Iparraguirre es politóloga, estratega y analista política, que cuenta con casi dos décadas de trayectoria internacional en consultoría estratégica, diseño de campañas electorales y análisis de opinión pública. Actualmente se desempeña como socia y vicepresidenta senior en GBAO, una consultora enfocada en investigación y estrategia política. Previamente fundó y lideró su propia consultora, Dynamis Consulting, asesorando a candidatos presidenciales, gobernadores, alcaldes, corporaciones y ONG en América Latina y Estados Unidos. También fue vicepresidenta en la firma internacional Greenberg Quinlan Rosner.
Un gusto tenerte acá y, dicha toda la presentación hecha por el locutor y la experiencia internacional, no sé si comenzar por Argentina, por Estados Unidos o por Brasil. Hablábamos recién con Juan Luis Cebrián sobre las elecciones en España, la polarización, el crecimiento de la extrema derecha en todos los partidos de derecha. Elegí vos por dónde comenzar entonces.
Bueno, podemos empezar cronológicamente por Brasil, ¿no? Elecciones este domingo, donde la presunción era que, después del resultado de primera vuelta, Bolsonaro iba a tener un camino fácil para la elección. Y la verdad que se repitió lo que vimos en otras elecciones de dos vueltas y en otras elecciones de la derecha, que viene ganando, pero por un margen más chico de lo que solía sacar la izquierda en los momentos de la "ola rosa". Y en Brasil es bastante lógico, cuando uno lo piensa, que suceda esto. Yo recién hablaba con un marqueteiro brasileño que me decía: "En la primera vuelta la pregunta fue 'Lula sí o Lula no', y la gente dijo 'Lula no'. Y en esta segunda vuelta se cambió y la pregunta es 'Bolsonaro sí o Bolsonaro no', y la gente está diciendo 'Bolsonaro no'". En un contexto en el que, obviamente, lo que hay es una gran insatisfacción con toda la dirigencia política, que afecta a la derecha y también a la izquierda.
¿Cómo se resuelve "Bolsonaro no" y "Lula no"?
Bueno, pero era lo que venían diciendo los votantes desde el principio: que no les gustaba ninguna de las opciones, y al final la oferta electoral terminó determinando que sean estas dos opciones. ¿Y cómo se resuelve? Es que alguno de los dos efectivamente va a ganar, aunque más no sea por un voto, y después vas a seguir teniendo una ciudadanía que va a estar muy desconforme con la situación, a no ser que el Estado empiece a resolver los problemas. La semana pasada o la anterior salió el último estudio del Latinobarómetro. Y ese estudio tiene muchas preguntas interesantes, pero una que a mí me llama mucho la atención, que es: "¿Qué hizo el Estado para resolver o mejorar tu vida y la de tu familia en los últimos tres años?". Y entre los tres países donde más cae ese sentimiento de que el Estado hizo algo por uno está Argentina; de hecho, cae más Argentina que Venezuela, por ejemplo. Y lo que estamos viendo es eso: hay una insatisfacción crónica en la ciudadanía con los resultados que está recibiendo de los gobiernos, que no alcanzan a abarcar una realidad que es cada vez más cambiante.
¿Esto en Estados Unidos cómo se juega?
En Estados Unidos vamos a tener una elección la semana que viene muy interesante, donde se está produciendo una ola en favor del Partido Demócrata. Veremos si se transforma en un tsunami que también acarree, además de la Cámara de Diputados, el Senado. Parece cada vez más probable esto según todos los indicadores que se están dando, pero todavía no es algo seguro. Y ahí también uno de los errores de interpretación que se pueden hacer es creer que el resultado de esta elección es un endorso al Partido Demócrata, y la realidad es que cuando vos mirás la imagen de los dos partidos...
Es "no Trump".
Sí, es "no Trump" y no es abrazar al Partido Demócrata. Y el día después vamos a tener un desafío muy interesante, que yo creo que correlaciona mucho con algo que pasa en Argentina, donde el Partido Demócrata va a tener que definir qué representa hacia adelante. Vamos a tener al ala más progresista peleando con el ala más moderada, y ahí hay que mirar muy de cerca lo que pasa en Michigan con Abdul El-Sayed, un candidato del socialismo demócrata que está compitiendo en un estado más conservador. Veremos si le va bien o no le va bien. Y en el Partido Republicano vamos a tener también lo mismo: una pelea entre los más globalistas y los menos globalistas, que tendremos que ver cómo se resuelve. A Trump yo creo que es al que menos le va a impactar este resultado.
A ver.
Porque él todo lo que hizo hasta ahora lo hizo sin pasar por el Congreso —las cosas que más nos afectan a nosotros, ¿no?—. Y tener un Congreso más adverso no va a impactar mucho. Y él, posiblemente, como no tiene una lealtad con el Partido Republicano, si como consecuencia de su presidencia el Partido Republicano no reelige en los próximos 50 años, ese no es su problema, porque él no tiene intención de cuidar al Partido Republicano. Entonces, él va a seguir haciendo lo que quiera hacer. Y el otro día un analista decía: "Bueno, quizás lo va a hacer con mucha mayor intensidad; como una empresa que se está yendo a la quiebra tiende, en ese último momento antes de ir a la quiebra, a tratar de hacer pases mágicos aleatorios a ver si la logra salvar de alguna manera, y la termina metiendo en más problemas". Bueno, quizás podemos ver un Trump que no se modera a partir de este resultado, sino que se radicaliza.
Que se radicalice todavía más. Muy interesante. ¿Y cómo afectaría eso a la Argentina?
En Argentina yo creo que en una primera instancia no mucho. Me parece que la intención de Trump de ayudar o no a la Argentina no se va a ver afectada por eso, y el Congreso, por más de que esto sea un tsunami, no va a tener en el Senado los votos para avanzar con un impeachment en contra de Trump. Lo que sí va a empezar a pasar —y yo creo que a partir de mediados o fines del año que viene— es que empieza la primaria para la sucesión de Trump. Y ahí sí me parece que es donde Milei se va a ver más afectado, porque ya no va a tener el apoyo de la mitad del sistema político americano, sino quizás de un cuarto, que es el ala más globalista dentro del Partido Republicano —el ala más, si querés, de Rubio—. Pero los que están más cerca de J. D. Vance quieren otra cosa diferente para Estados Unidos, más aislacionista.
Ahora, ¿no les va bien a los de J. D. Vance o me equivoco? ¿No tienen los de Rubio más posibilidades?
No, yo no me atrevería a decir eso en este momento. De hecho, J. D. Vance tiene una gran ventaja, por ejemplo, que es un gran recaudador de fondos. En esta campaña de este año recorrió muchos estados; está yendo a muchos de los estados swing —más, te diría, J. D. Vance que Rubio— porque tiene una conexión mayor con ese tipo de votantes y está funcionando muy bien como un recaudador de fondos para la campaña, que es una de las variables principales que se juegan en el proceso de las primarias.
Ana, ustedes, como nosotros, se dedican a una tarea ímproba, que es tratar de pronosticar el futuro explicando qué significa esto que sucede y, por lo tanto, qué va a pasar. Es imposible: si el futuro pudiera ser predecible, seríamos millonarios, y no es el caso. Por lo que lo que hacemos es algo un poco mejor que el horóscopo o el I Ching, que es tratar de encontrar explicaciones racionales a escenarios que podrían ser. Dicho este prólogo, te voy a hacer una pregunta sobre el futuro. La "ola rosa" fue duradera durante cierto tiempo, indiscutible respecto de su capacidad de extensión. Esta ola en el sentido opuesto, ¿Es más efímera? ¿Es una ola? ¿Tiene pregnancia, dura? ¿Estamos en el final de ella, en el medio de ella, en el comienzo de ella?
Yo creo que definitivamente hay una ola, que no se puede negar, pero la ola tiene dos componentes. Tiene un componente que es un rechazo al statu quo, un rechazo a las élites en general, al establishment, y por eso es una ola de cambio: sea el que sea el que está, lo vamos a cambiar por otro porque no estamos satisfechos. De hecho, hoy, si vos mirás las elecciones en las últimas décadas, antes ser oficialismo era ir con el caballo del comisario: tenías más chances de ganar. Si yo tenía que hacer una campaña, mejor hacerla del oficialismo que de la oposición, porque tenías más recursos, el poder del Estado, un montón de cosas. Hoy, estando en el oficialismo, tenés un 25% de probabilidades de ganar y un 75% de perder, si mirás las últimas elecciones. Entonces, ese es un componente de esta ola. Pero el segundo componente es ideológico. ¿Por qué digo esto? Porque no es que están cambiando una izquierda por otra izquierda más radicalizada o por otra izquierda más moderada: se están yendo hacia las derechas, y las derechas están presentando ventajas en este momento en particular. Cuando asumió Milei, había cuatro países de derecha en nuestra región; hoy, si ganara Bolsonaro en Brasil, serían ocho, el doble. Estamos hablando del 23 a hoy. Entonces, hay algo de las derechas que está logrando tener una mayor conexión. Pero a tu pregunta, que es cuánto va a durar este momento: bueno, va a depender de los resultados. La "ola rosa" sacó a mucha gente de la pobreza en América Latina, como vos sabés, y fue muy efectiva y muy eficiente en la producción de resultados para mucha gente, que abrazó esas ideas y las defendió durante mucho tiempo porque estaba produciendo resultados. La derecha todavía no ha logrado producir resultados para pasar del rechazo a lo anterior a un convencimiento y defensa de las ideas de estas nuevas derechas. Entonces, yo creo que ese es el desafío. Todavía, salvo Bukele en El Salvador —con todos los problemas que tiene para la democracia, pero la gente sí lo ve como un gobierno que ha resuelto el principal problema del país—, las otras derechas no han logrado hacer esa transición, y creo que su permanencia en el tiempo va a depender de que logren efectivamente mostrar resultados concretos.
Ahora, siguiendo con ese análisis, Ana, parece que ni la derecha ni la izquierda pueden lograr mejorar las condiciones económicas de la población, porque lo que venimos viendo por lo menos en los últimos 15 años —y me animaría a decir 25— es un proceso continuo de regresividad en la distribución de la renta, donde el 1% más rico capta cada vez más porcentaje del total de la renta mundial generada. Es decir, no es un problema ni de derecha ni de izquierda; es un problema de que es imposible taxarlos a ese 1% más rico. Siendo así, ¿estamos en camino a que se van a alternar gobiernos de derecha y de izquierda, todos siendo insatisfactorios, hasta que se encuentre una especie de, no sé, New Deal o de nuevo Estado de bienestar, o de una alternativa a lo que fueron las revoluciones de comienzos del siglo pasado, más exitosa?
Me gusta cómo lo estás pensando, porque yo creo que deberíamos empezar a pensar algo más disruptivo. Hoy, por ahora, incluso la gente, la sociedad, está pensando: "No me gusta este, lo cambio por aquel", pero no hay pensamiento de cambio de régimen. De hecho, si vos mirás, los números de adhesión a la democracia no han variado en la región. Entonces, yo creo que están cambiando las condiciones. Cuando hubo cambios grandes en la sociedad, en general estuvieron conducidos por tres cosas: o grandes cambios demográficos, o grandes conflictos —en general, armados—, o grandes cambios en los medios de producción. Hoy están pasando las tres cosas al mismo tiempo: la inteligencia artificial claramente está cambiando cómo producimos; el número de conflictos globales está en un récord histórico, cuando vos mirás la gente que estima estos números; y la tasa de natalidad está cayendo, tenemos poblaciones cada vez más envejecidas, salvo África. Entonces, si todo eso está cambiando, ¿por qué asumimos que nuestra forma de votar, nuestros sistemas electorales, nuestros sistemas gubernamentales van a seguir siendo los mismos? Es muy posible que empecemos por un cambio de personas dentro de los sistemas y que luego haya un cambio en esos sistemas, que, de hecho, debería haberlo para poder responder mejor a una nueva sociedad que se está constituyendo.
Ana Iparraguirre, muchísimas gracias.
Gracias a vos, Jorge. Un placer.
LP