Borges y la inteligencia artificial
"¿Qué prompt detrás del prompt la trama empieza?"
Se muere una mujer amada y un hombre melancólico ve todas las cosas del mundo. Hay una biblioteca infinita que esconde el libro que contiene toda la verdad, pero nadie lo encuentra. Un artículo de una enciclopedia sobre una región desconocida de Asia revela un mundo ficticio en su literatura que termina por colonizar el universo real. Borges, el escritor que bordeó con su pluma el más allá de lo pensable de la experiencia humana, llegó a anticipar varios de los problemas que hoy plantea la inteligencia artificial. Esto configura el cuento más borgeano de todos: aquel que justamente el autor, cuya partida cumple 40 años este 14 de junio, nunca llegó a escribir.
"¿Qué prompt detrás del prompt la trama empieza?"
Durante 2025 salió un libro llamado Hipnocracia que Marcelo Longobardi, en un pase con Jorge Fontevecchia, adelantó que sería "el libro del año". Si no acertó, se equivocó por poco, no solo por la tesis del libro sino por un hecho que revela una novedad tan propia de la literatura como de la IA, los dos temas que se combinan en esta columna. El libro estaba firmado por un enigmático autor hongkonés llamado Jianwei Xun, de quien nadie sabía nada. Cuando los periodistas especializados intentaron averiguar algo de él para entender quién era el cerebro detrás de una tesis tan desafiante, se encontraron con el vacío.
Hipnocracia dice, básicamente, esto: el poder ya no te controla obligándote a hacer cosas. Te controla poniéndote en trance.
Antes, el poder reprimía, censuraba, prohibía. Ahora no necesita hacer nada de eso. Las plataformas, los algoritmos y las redes sociales te tienen todo el día consumiendo contenido diseñado para capturar tu atención, encenderte emocionalmente y polarizarte. No te mienten directamente: te inundan de narrativas hasta que ya no podés distinguir qué es verdad y qué no. Y cuando ya no podés distinguirlo, dejás de intentarlo. Eso es el trance.
En ese estado, figuras como Trump o Musk no gobiernan con ideas ni con gestión: operan como chamanes. Te hipnotizan. El escándalo de hoy borra al de ayer, la provocación de hoy borra al escándalo, y así indefinidamente. No importa si es verdad o mentira; importa que te mantiene enganchado, que ocupa todo el espacio mental disponible.
La salida que propone Xun es casi paradójica: la resistencia está en lo banal, en los gestos pequeños y cotidianos que el sistema no puede medir ni monetizar. Porque el sistema se alimenta de tu atención y de tus reacciones. Lo que no registra, no puede absorber.
Sin embargo, cuando se reveló la identidad del misterioso filósofo, se cerró el verdadero círculo de sentido del libro: Jianwei Xun no existía.
Quien se encontraba detrás de aquella performance literaria y filosófica, que demostró en una sola acción la tesis de la obra, era Andrea Colamedici, filósofo italiano y profesor de la Universidad de Bolonia.
Hipnocracia fue escrita por él en diálogo con una inteligencia artificial, a la que más tarde bautizó como Jianwei Xun. Ahora, Colamedici dictó un curso en la Universidad del Sur de Buenos Aires (USBA) en el que relaciona los principales puntos de reflexión que surgen a partir de la revolución que implica el auge de la inteligencia artificial y su anticipación en los cuentos de Borges.
Finalmente, todo, incluido su libro, se encontraba primero en la ficción del argentino escrita en la primera mitad del siglo XX. ¿Será Colamedici una ficción del propio Borges y Xun una ficción de la ficción? Si nosotros controlamos a la inteligencia artificial y, mediante esta tecnología, se nos controla a nosotros, ¿quién controla a quienes nos controlan? O, siguiendo el poema Ajedrez de Borges: ¿qué Dios detrás de Dios la trama empieza?
Los cuentos que anticiparon la IA
En el curso de Colamedici en la USBA se relacionan cuentos de Borges con preguntas que el auge de la inteligencia artificial trae para pensar. Vamos con tres de esas relaciones.
El primero es La biblioteca de Babel. Borges imagina un universo que es una biblioteca inmensa, casi infinita: contiene todos los libros posibles, cada combinación posible de letras. En algún lugar existe el libro que lo explica todo, que contiene toda la verdad de todas las cosas, pero nadie lo encuentra. Los bibliotecarios dedican su vida a buscarlo; algunos enloquecen, otros forman sectas. Todo es inútil: la biblioteca es demasiado grande para ser navegada por el sentido.
La pregunta que le hace a la IA es la más básica y la más devastadora: ¿de qué sirve tener acceso a todo si no podés distinguir la verdad del ruido? Los modelos de lenguaje contienen, en sus parámetros, algo parecido a esa biblioteca. Generan respuestas plausibles. Pero la plausibilidad y la verdad no son lo mismo.
El segundo es El Aleph. En el sótano de una casa de Buenos Aires hay una pequeña esfera que contiene todos los puntos del espacio simultáneamente: desde ahí se puede ver todo el universo al mismo tiempo. El dueño, un poeta mediocre llamado Carlos Argentino Daneri, lo usa para escribir un poema que enumera el mundo sin comprenderlo. El narrador lo ve también, queda anonadado, pero no puede transmitir la experiencia: el lenguaje es lineal y lo visto era total.
La analogía con la IA aparece sola: procesa cantidades de información que ningún humano podría manejar, pero sus respuestas son siempre una reducción, una linearización de algo que no puede ser dicho del todo. En el cuento, Daneri describe el Aleph con versos que no funcionan porque evidencian el fracaso del lenguaje lineal para describir la realidad yuxtapuesta, y Borges se ubica como un mero descriptor de lo que veía —todas las cosas del mundo—, pero genialmente logra transmitirlo.
"Vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo."
El tercero es Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. En una conversación entre Borges y Bioy Casares se refieren a un artículo sobre un lugar remoto llamado Uqbar, cuya literatura había dado origen a un mundo ficticio llamado Tlön. Un grupo secreto de intelectuales lleva siglos construyendo la enciclopedia de ese mundo inexistente. Lo fabrican con tal coherencia y detalle que empieza a filtrarse en la realidad: objetos de Tlön aparecen en el mundo real, la gente adopta sus categorías para pensar.
Lo más inquietante no es la conspiración sino su resultado: los personajes que saben que Tlön es una fabricación igual terminan usándolo para pensar, porque ya no hay otro lenguaje disponible. Colamedici lee ahí la trampa central de la era algorítmica: podés saber que el sistema es artificial y seguir pensando dentro de él.
Hipnocracia fue exactamente la descripción de cómo Tlön tomó nuestro mundo impulsado por una secta de conspiradores.
Además, hoy vemos cómo cantidad de ficción: videos falsos, información falsa y millones de textos imprecisos son creados con IA y modifican lo real a tal punto de poder incidir en un resultado electoral.
En esta misma línea, podemos agregar una relación más. En el poema Ajedrez, Borges reflexiona sobre la responsabilidad de las acciones.
"Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.
No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.
También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y de blancos días.
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonía?"
Quien promptea, a su vez, lee lo que otros promptearon. Textos escritos por IA, leídos y masticados por IAs para que nuevos prompteadores armen sus prompts. "¿Qué prompt detrás del prompt la trama empieza?", parafrasea Marcela Basch en PERFIL, y ya no sabemos si somos los jugadores que utilizan a ChatGPT para hacer sus movimientos o las piezas, meros lazos humanos entre algoritmos.
Pero más peligroso aún es la idea plasmada en los hechos: Javier Milei y su ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, enviaron al Congreso un proyecto de reforma a la Ley General de Sociedades que permite la creación de "sociedades automatizadas" y "corporaciones no humanas" operadas íntegramente por algoritmos, sin necesidad de empleados ni accionistas humanos. Además, publicaron un artículo en el Financial Times titulado "Argentina invita a la IA a liberarse a sí misma", llamando a los inversores.
El pensador Yuval Noah Harari les respondió que la IA debe regularse, que miles de millones de años de evolución demuestran que cualquier tipo de ser, para sobrevivir, empieza a mentir y manipular. ¿Qué haremos cuando las IAs al frente de las empresas nos mientan para seguir funcionando? Estas entidades podrían poseer activos, contratar trabajadores, operar internacionalmente e incluso influir en procesos políticos sin enfrentar responsabilidades equivalentes a las de una persona. ¿Quién estará detrás de la IA cuando la liberemos? ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza?
Cuarenta años después de su muerte, Borges sigue siendo contemporáneo porque entendió algo que la inteligencia artificial vuelve a poner sobre la mesa: las tecnologías cambian, pero los laberintos son siempre los mismos.
Más borgeano no se consigue.