Advertencia al modelo libertario

Carlos Melconian: "Este plan, aunque gane Milei, está agotado"

El economista analizó el panorama financiero y real del país, cuestionó la sustentabilidad del superávit fiscal y proyectó las condiciones para la reelección presidencial.

Carlos Melconian Foto: NA

En una entrevista exclusiva con Modo Fontevecchia, por +Perfil y Radio Perfil (AM 1190), Carlos Melconian evaluó el desempeño económico actual y remarcó la desconexión entre la estabilidad de las variables financieras y el estancamiento de la actividad real. A lo largo del diálogo advirtió sobre los límites del ajuste contable, la necesidad de refundar el programa fiscal para devolverle sustentabilidad a largo plazo y la importancia de construir una alternativa política basada en el consenso institucional y el crecimiento.

Carlos Melconian es economista, exdirector del Banco Central y expresidente del Banco Nación. Actualmente se desempeña como consultor y analista de la coyuntura macroeconómica argentina.

—Tenemos a Carlos Melconian, el gran Carlos Melconian. Yo le insisto, además, para que haga un programa él mismo, con su capacidad de gran creador de metáforas. Empecemos por la situación económica, balance. La última vez que hablamos pasó un mes y medio. Los índices no parecen mostrar que la situación mejore, que esos 18 meses mejores que planeaba el ministro de Economía se estén dando, pasados ya tres de los 18.

—Bueno, primero, buen día y gracias por la invitación. Segundo, estoy por decirte que es como estás diciendo. Pero para quienes están escuchando, primero aclaremos algo. La palabra "índices" está tan partida... No la economía, sino lo financiero de lo real. Efectivamente, los índices del sector real —imagino que es donde el Gobierno y todos tenemos puesta la ansiedad, que es el nivel de actividad, la tasa de inflación y el poder adquisitivo... Dejo la tasa de inflación por un momento—, el nivel de actividad y el poder adquisitivo efectivamente no mejoran. Imagino que el ministro habrá querido decir "los próximos 18 meses" por algo de esto. Porque luego...

—Bueno, en el momento que lo dijo no le quedaban más que 18 meses hasta el 10 de diciembre. Ahora le quedan tres meses menos.

—Sí. Lo que quise distinguir es de los factores de los que en serio este Gobierno se ocupa, aún bajo presión: tener el dólar tranquilo, pucherear para pagar la deuda —dado que todavía no tiene acceso al mercado— y el Presidente, en forma personal, los números fiscales; esto es recaudación menos gasto positivo. Entonces, esos son índices también, podría decir alguno. De esos se vienen ocupando desde el primer día. Casi estoy por decir que hasta con cierta displicencia por lo demás, por no decir ignorancia e indiferencia. Pero como se vota cada dos años, la que viene es presidencial y está en juego la reelección, la historia argentina desde la vuelta a la democracia con la reforma constitucional muestra que los presidentes que tuvieron chance de reelección tuvieron un nivel de crecimiento, actividad, poder adquisitivo e inflación sobresaliente en la previa y fueron reelectos. Mientras que aquellos que cayeron en el síndrome del tercer año con algún tipo de deslizamiento cambiario, devaluación o incremento de la inflación, aun sin casos extremos, perdieron la reelección. Entonces es una cosa curiosa, porque da la impresión de que el actual momento de los índices no te descalifica como candidato, pero no te asegura la reelección. De ahí viene la ansiedad.

—¿No te asegura o te hace cada vez más difícil la reelección? Es decir, si los índices —nuevamente, no aquellos financieros, sino los que tienen que ver con la vida real de las personas y el funcionamiento de las empresas— siguieran este derrotero, ¿no te inviabiliza, inclusive, la reelección?

—Y puede, puede. Eso ya empieza a depender de otras cosas que juegan a favor y en contra de alimentar o subalimentar los índices. Por ejemplo, todo lo que tiene que ver con la institucionalidad, las formas, la descalificación, la personalidad... Es decir, montones de cosas que molestan aun a los ganadores y a quienes han votado al Presidente. Todo eso juega en contra. Simultáneamente, el desorden reinante en candidatos competitivos... Sea porque el tercio que está armado todavía tiene una —no quiero decir convulsión— interna, pero no logra tener un candidato a la peronista donde aquel que fue candidato fue presidente y "muerto el perro, se acabó la rabia" —decía, no ocurre porque quien se candidatea todavía no tiene el verdadero poder, por un lado—; o por el otro tercio o 40%, como suelo decir, que dice ahora que tiene una oportunidad —no uso la palabra "avenida del medio", que es mufa— pero tampoco tiene candidato, ni metodología de elección y demás. Eso se transforma en un activo para el que viene débil de índices. Entonces vos tenés, por un lado, lo más relevante, que son los índices, donde hoy está en tela de juicio que se pueda recuperar. Ese es el conflicto del Gobierno. Porque no es como que te digo "vos no te calentés, que acá antes de abril del año que viene, con PASO o sin PASO... Vos no te calentés". No, hoy no hay seguridad de eso. Hay un activo, que es que no tengo enfrente la cosa armada, y un pasivo, que es "yo peleo contra mí mismo", como dijo el presidente o alguien.

—¿Y vos mismo, Carlos, vos mismo con tu propia precandidatura?

—Mirá, yo soy de los que creen que los 40 años de democracia que se consolidaron institucionalmente no mejoraron la calidad de vida masivamente de la gente. El eslogan de la política fue "vos podés decir cualquier cosa, total el tema es que seas presidente y después vemos qué hacemos". Falso. O mejor dicho, no falso: hay que terminarlo. Y la segunda cuestión es que se miran al espejo y se lo creen. Los presidentes han dicho, y en particular este presidente: "Estoy haciendo lo que dije en campaña que iba a hacer", que también es falso. Entonces, habría que inaugurar una etapa donde el que gobierna, gobierne con las promesas que hizo y sepa qué es lo que quiere hacer. Simultáneamente, prepararte para ser presidente y gobernar debe ser lo mismo. Porque sino vamos a caer en que son muy buenos los Durán Barba o los Marcos Peña para hacerte presidente, pero después tenés que dedicarte a otra cosa porque no tiene nada que ver con lo que vas a hacer. Bueno, yo creo que este es un punto de inflexión. Hay que inaugurar esa etapa. Dado que hay que inaugurar esa etapa, nos estamos calentando y bastante —por supuesto, sumado a la vocación— por tener algo que ahora es más completo que ir a la Fundación Mediterránea, que es tener un programa económico. Es tener algo donde la pregunta testigo fue la primera: vos me hablaste de índices, yo agregué sector real y siempre es economía. Está claro que si tenés la economía, tenés medio partido adentro. Pero además tenés la educación, tenés la salud, tenés la justicia. Vos pensá que este Gobierno o ignora eso o lo hace así, a las apuradas, como está ocurriendo con la Justicia. Y entonces, al final, bajo esa metodología te va a ir mal. Hoy escuchaba a Hugo Tocalli. Hugo Tocalli es un hombre que con José Pekerman preparó siempre jugadores de las inferiores o equipos juveniles; esa siempre fue su especialidad. Lo escuché porque el día de hoy está dominado por el tema Messi, y entonces decía Tocalli que ellos arman equipos y que, por supuesto, el éxito es salir campeón, pero en el nivel de ellos el éxito es preparar jugadores con independencia de cómo salgan. Porque tarde o temprano, si preparan jugadores, después pasa lo que pasa con la Selección mayor. Entonces, me cayó de nuevo la ficha de que el camino en el cual estoy es correcto, que nosotros tenemos que seguir preparando cosas. Después dicen "un año antes no estaban los candidatos", "un año antes no se sabía quién era", "Kirchner medía 7 puntos cuando Duhalde lo llamó", etcétera, etcétera. Hay tiempo, pero se está mezclando muy fuerte la vocación con la preparación. Y por supuesto, hay que devolverle al país y a la Argentina algo los que estamos contentos de vivir acá. Te digo, no es sanata, yo estoy lejos de toda esa sanata. Pero, de nuevo, si vos no tenés aspiración de irte, si vos no tenés aspiración de otras cuestiones que tengan que ver con tu actividad privada, si te ha ido bien y en algún momento es lo que tenés o algo más que lo que tenés, y la vocación está... está. Si el tipo de gobierno y agresividad que te toca es el reinante, se hace imposible. Te digo, se hace imposible. Por eso también juega la preparación y el inaugurar la etapa de que gane el que dice "voy a hacer tal cosa" y luego lo haga. También viene el tiempo de la pacificación, que no es una pacificación tipo Firmenich-Videla, o una pacificación tipo "voy a visitar al almirante Rojas". Los jóvenes no deben saber ni de qué estamos hablando, que ese es otro tema no menor: cada vez que te encontrás con algún analista, cómo entrarle a los jóvenes, a los cuales Milei —y esto no lo digo en detrimento de Milei— le entró saltando arriba de un escenario. Y bueno, luego, a lo Tocalli te contesto: luego tenés lo que tenés.

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—Hace un ratito estuvo acá Miguel Ángel Pichetto, que nos contaba que había estado en San José 1111 con Cristina Kirchner, y que Cristina Kirchner le decía que la Argentina así, dividida en dos mitades, no tiene futuro. Hace unos días, un colega tuyo, Álvarez Agis —que había sido viceministro de Kicillof cuando era ministro de Economía—, planteaba algo similar: que si la Argentina seguía en una especie de, entre comillas, "lucha de clases" —no quiero utilizar una terminología marxista, eso mismo decía él— en donde una mitad de la sociedad cree que la otra es el problema y viceversa, no hay solución. Cuando vos decís aquello de Menem yendo a visitar al almirante Rojas, ¿te referís a algo parecido? ¿A que a quien le toque gobernar va a necesitar cruzar la vereda de enfrente y abrazar al opositor en el sentido más estricto?

—Cien por ciento. Si es por abrazar, 100%. Vos después tenés las ideas. La pacificación es un elemento central y el presidente, como un padre de familia, tiene que ponerse arriba de esas cosas. Cuando vos te ponés arriba de esas cosas terminás dando ejemplos, tragando sapos, imponiendo algunas cuestiones, pero te tenés que poner por arriba. Mucho más cuando el ejercicio de no hacer eso nos trajo hasta acá. El otro día, en un último párrafo del expresidente de Uruguay, Sanguinetti, él dice: "Nos ha ido como nos fue en materia institucional por los partidos políticos". Mirá qué difícil transmitir eso en la Argentina. Encima yo lo voy a decir no desde la vereda de un político, porque si yo fuera político vos decís "mirá, está hablando desde el kiosco de él", pero ni siquiera. Vos pensás que nosotros tenemos un presidente que llega como consecuencia de repudiar a la política y, al lado, el ejemplo de convivencia, paz y democracia te lo da un presidente que debe orillar los 100 años, donde te dice esto: "Esto ha sido merced a los partidos políticos". Y los enumera. Dentro de su enumeración, que arranca con Jorge Batlle, con los Lacalle Herrera, Blancos, Colorados, dice: "Y el general Líber Seregni y el Pepe José Mujica, más recientemente del Frente Amplio". Te digo, yo a eso no le tengo miedo. Y sin eso es imposible. Sin eso es imposible. Lo que pasa es que acá la pregunta que siempre se le abre al ciudadano común es si detrás de decir una cosa así aparece el transfuguismo que rodea todo eso. Entonces dice: "Estos tránsfugas ya se están acomodando para hacer un acuerdo entre ellos". Pero eso es porque lo que primó fue el transfuguismo. O sea, ¿qué culpa tiene el otro si el problema es el transfuguismo?

—No, me quedo pensando en lo que vos decís y me viene a la memoria un personaje que está absolutamente asociado a la época del kirchnerismo —fue jefe de Gabinete dos veces y ministro del Interior—, que es Aníbal Fernández, diciendo: "Si a mí me tocara asumir, o al peronismo le tocara asumir, no cambiaría nada", exagerando que hay una cantidad de cosas que él planteaba. Lo hecho es una inversión que no hay que desaprovechar. ¿Qué es lo que no habría que cambiar de lo hecho en economía por Milei? ¿Y qué es lo que sí habría que cambiar?

—Bueno, primero, todo es así, pero acá se va a notar más la opinión personal de cada uno. El otro día leía algo —después leí el contenido y no me acuerdo de quién fue— que decía: "Hay que terminar con que el rumbo es el correcto"». Luego, cuando leí el contenido, veía que confunde instrumentalidad y secuencia de un programa con rumbo. Yo voy a ratificar la idea de que el rumbo, en términos de capitalismo occidental, es correcto. Yo, de donde vengo, creo y le agrego al capitalismo occidental: progreso. Progreso. Estaba por decir orden y progreso, pero...

—Brasil.

—Claro. Entonces, progreso. No progresismo. Ya ahí, en progresismo versus progreso, estoy marcando una diferencia entre intelectualidad y realidad. El progreso existe; el progresismo es más bien una versión intelectual. Yo me siento identificado con el progreso, y con el capitalismo occidental también. De nuevo, capitalismo cuando decimos "no hay que cambiar nada" no es ideología: es capitalismo del funcionamiento de las cosas en la vida práctica. No ideología y no show significa que capitalismo es capitalismo sin necesidad de ir a Mar-a-Lago. Y capitalismo, o empatía, o sentimiento, o toma de posesión, es ir a Jerusalén sin pedir sacarte una foto llorando en el Muro de los Lamentos. Entonces, yo creo en ir a Jerusalén, creo en el capitalismo sin ir a Mar-a-Lago y creo en el progreso, no en el progresismo. Así que yo diría que acá estoy, de alguna manera, como título. Porque luego siempre estas cosas empiezan con el título y después caés en qué habría que hacer con el crédito. Como título es ese.

—Yo me acuerdo de tu "dos más dos es cuatro". Dijiste siempre "un dos más dos es cuatro". La tabla del dos.

—La tabla del dos,

—Muy bien. ¿La inexistencia de déficit fiscal es la tabla del dos?

—Yo diría que es la tabla del dos, pero le agregaría que después falta la del tres, falta la del cuatro, falta la del cinco. Es decir, condición necesaria pero no suficiente. Y una cosa que no sé si la debuté diciéndola con vos, y veo que se la escribe: con el superávit fiscal no se come, no se cura y no se educa. Ahora, dame la tabla del dos, porque sin la tabla del dos... El otro día yo escribía una nota donde no solo volví a hablar sobre condición necesaria pero no suficiente, sino además de que ahí hay un legado para este Presidente. Es decir, si alguien quiere ir a algo más concreto que sea esta inexacta definición de capitalismo —que no es anarcocapitalismo—, ahí hay un legado. Ahora hay que entrarle a todo eso. Hoy miraba los números fiscales para una presentación que tenía que hacer. En el gasto público, luego del guadañazo del año 24 y la licuadora que vos habías notado...

—Y la licuadora en lugar de motosierra.

—Vos sabés que queda muy poco gasto que ya no esté sometido nuevamente a indexación. Para que los números fiscales estén en orden, el pedacito que queda no sometido a inflación hay que seguir pasándolo por la licuadora. La referencia es salarios públicos, obra pública, infraestructura, provincias y bienes de funcionamiento del Estado. Entonces, ¿cómo te digo? Si este pedazo grande del gasto ya dio todo lo que puede dar, este pedazo va a estar sometido otra vez al latigazo y la recaudación no me crece, viene —digo yo, y no va a ser en el 2027 con el nuevo gobierno— una reinauguración de la idea de superávit fiscal, porque como está es insostenible. Y es insostenible porque yo viajo mucho por el país. Hay, desde la Capital Federal, 600 kilómetros que se hacen en auto porque no da ni por horario ni por distancias hacerlo volando. Son intransitables las rutas, son intransitables. Vos metés acá la dirección adonde vas y te da una cantidad de horas. Después siempre está el club que dice "no le des bola porque eso exagera y siempre le ponés menos cuando empezás a circular". Y cuando agarrás la ruta le ponés más, porque ni hablo de otro tipo de infraestructura. Hay infraestructura que tiene que ver con que esto se corta a los 100 kilómetros, pero están acanaladas, no tienen banquina... Y estoy hablando de las rutas madres. Entonces llega un momento en que se termina la sanata de la PPP, del sector privado y todo lo demás. Aun desde el capitalismo, aun desde los libres mercados, aun desde donde no te querés meter y que para los detractores es visto como un ejercicio desarrollista, demagogo, populista y de traición al libre mercado, va a tener que entrar el sector público. ¿Por qué? Porque no se va a poder circular. Entonces, ese tipo de cosas va a haber que tenerlo en mente. Es claramente la pata de un área hoy que está intocable, porque vos tenés que tener un superávit del fisco no por amor al arte, sino porque son los pesos que usás para comprar dólares, para pagar los intereses de la deuda y para no subir el endeudamiento externo. Quiere decir que eso es intocable. Fue subproducto de una gran licuadora y de una recaudación X que quedó ahí. Quiere decir que si la recaudación por crecimiento económico no sube, no solo no va a haber reforma tributaria que baje los impuestos, sino que va a ser insostenible el gasto. Y el gasto está en un límite.

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—¿Cómo lográs esa refundación del superávit fiscal estancado en esta etapa? ¿Cuál es la próxima etapa? ¿Qué hay que hacer para que ese superávit fiscal sea sustentable?

—Yo creo que en la integralidad, si arrancás por ahí, vas a arrancar contablemente como hizo este Presidente. A este Presidente, entre comillas, se le perdona esta actitud contable con la cual le entró al gasto público a partir del degeneramiento que traía el gasto público. Vos tenés que pensar que acá hubo una década donde el gasto público, de la mano de una explosión de los ingresos, explotó, acompañó. Pero los ingresos, cuando terminó la década de explosión de ingresos, volvieron a la normalidad. Como Argentina no tiene una ley fiscal votada por el Congreso que diga "si esto explota para bien, tenés que decir qué hacés para que cuando explote para mal estés preparado", no está esa ley. Entonces, cuando explotó para bien, gastaste; y cuando explotó para mal, quedó ahí arriba el gasto con inflación y emisión. Vino este cristiano —o este Presidente, porque no sé dónde está parado— y tuvo una actitud contable: de licuadora y del hachazo. Y fue. Entonces, ahora la reformulación no es la reformulación contable del superávit, porque en la integralidad todavía estamos sin moneda. Dado que "fideo y tuco"... Hay que sacar el monumento a los españoles y poner fideo con tuco ahí, y va a quedar muchos años. Entonces, lo primero que tenemos que repensar es la moneda, es el registro. Es el régimen cambiario, es el régimen monetario. Este Gobierno no lo tiene porque ha avanzado como ha podido, y en el 27 no lo va a resolver. Hoy la falta de crédito la está pariendo a partir de no tener régimen cambiario y monetario. Entonces, ¿qué ocurre? Vos me decís: "Che, ¿cómo hay que refundar lo fiscal a partir del legado?". Y bueno, yo te diría que hay que armar un programa de nuevo en el fondo. Digo "de nuevo" generosamente: hay que armar un programa de nuevo, hay que tener de nuevo un programa que no va a ser en este Gobierno. ¿Y qué va a ser? O este Gobierno reelecto o el que venga va a tener que reformular un programa que tenga en cuenta todo esto. Voy a decir una cosa innecesariamente, porque no me la estás preguntando y porque está fuera de tiempo: pero aunque este Gobierno sea reelecto, con esto no puede continuar. Hoy no va a cambiar, salvo que se vea presionado. El show del crédito en dólares, el show del FGS y el show del salario mínimo son tres bypass para desobstruirte donde se tapó, pero nada más. Entonces, la pregunta correcta de la reformulación fiscal tuya, que se remite estrictamente...

—Exactamente, al superávit y su mantenimiento en el tiempo.

—Es cómo reformular todo esto. Porque en la nota a la que te hago referencia yo he definido al Presidente como la persona apta y el único que podía patear el hormiguero, pero está tocando límites todo eso. Porque construir es distinto a destruir, y porque creo que cada vez es vox populi... Es decir, todo lo que vengo leyendo estos días es "está agotado", "tocó límites". Es decir, no es el "está agotado" —vamos a aclarar, tanto vos como yo, que es muy importante— de un agotamiento a lo De la Rúa: es un agotamiento en términos de hoja de ruta, de qué es lo que querés hacer. Entonces, lo que está en juego en la próxima elección es esa discusión.

—Y en ese punto, asumiendo —podríamos decir, marxistamente— las contradicciones primarias y secundarias, ¿se podría decir que la segunda fase, la tabla del tres, del cuatro, del cinco, el segundo tono...?

—No te olvides que yo vengo de Avellaneda, del colegio técnico, y después vienen integrales, derivadas...

—Exactamente, sí, mucho más complejo que simplemente la tabla de multiplicar.

—Entonces, esos son otros capítulos. Y bueno, vuelvo a esto con la idea del rumbo, pero determinadas cosas no. Esa cosa grosera de hacia dónde, con las diferencias que cada uno le puede aplicar para llevarlo correctamente a buen puerto.

—¿Podría ser que otra persona que no sea Milei, pero cercano a esa línea, digamos, de preferencia de los votantes...? Estoy concretamente pensando en la fórmula vos con Bullrich. ¿Es posible que haya una continuidad de un capitalismo sin Milei, que interprete a los votantes de Milei sin Milei?

—Yo debiera empezar diciéndote "perfectamente". Perfectamente la mención. Vos me dijiste, ya no es la palabra "corren", es "perfectamente". Como estoy en la cancha, usaste una palabra que es muy complicada. La mejor manera de resolverla es primero reconocerla: "interpretar a los votantes". Hay toda una lógica para los que salimos a la cancha, que es la fórmula de la Coca-Cola, por decir algo: cómo se interpreta lo que quiere un votante. Porque cada vez que hablamos de lo que hay que hacer, hablamos de la oferta y vos siempre tenés que tratar de saber qué quiere la demanda. Entonces, cuando usás la palabra, me encantó porque da pie.

—Me parece que la demanda quiere esto que yo estoy diciendo.

—Bueno, claro. Lo que pasa es que después tenés que invocarla y que haya sido lo que la demanda quiere. Todos los caminos conducen a Roma en términos de que aparentemente todos dicen —cuando digo "todos dicen" es los que, a partir de una muestra de 2.000 personas que tratan de representar a los jóvenes, educación, cultura, sexo, vienen con 2.000 casos, 3.000 casos, 5.000 casos— que dicen: "Mirá, hay un 40% que quiere cambiar", por más que Boca y River empujan el Boca y River. Pero hay un 40% que quiere cambiar. Y uno tiene que empezar a trabajar en la interpretación de ese 40. Te explico por qué. Porque el 30% de un lado como que sabe lo que quiere. Vos me decís "está equivocado", pero sabe lo que quiere. El 30%, al cual no vas a arrastrar, sabe lo que quiere. El 40% es un grupo heterogéneo. El mayor dilema del 40 para el que lo tiene que arriar es la confiabilidad, la propuesta, la piñata, qué hay ahí adentro. Entonces es muy difícil alinear esa heterogeneidad. ¿Por qué? Yo te dije que desde el capitalismo con progreso —occidental con progreso— valen los libres mercados. Sinceramente, te dije... Mirá que lo invocaron con una multa de 17.000 millones de dólares —que en términos relativos no es mucho, pero es multa— a Zuckerberg. ¿Por qué? Porque ahí tienen otro tipo de quilombo ellos con estos grandes millonarios y qué sé yo, que le vienen bien al planeta Tierra en términos de seguir corriendo la frontera del planeta, pero tienen un límite. Entonces es otra discusión ahí: cuán regresivo es si los gravás o si no los gravás, o si los regulás. Pero vuelvo al 40: ahí adentro del 40 te va a aparecer el que le quiere dar a los Zuckerberg y el otro que dice "cuidado, que lo puede lastimar", y no está ningún día en el 30 ni en el 30. Entonces es un arte entrarle al 40 ese. 

—O sea que parte de ese superávit fiscal sustentable requiere, en algún sentido, una reforma tributaria que no simplemente baje los impuestos a todo el mundo, sino que a algunos se los aumente.

—Dónde está la tarea del padre de familia... La tarea del padre de familia es ver que ese problema está, que ese problema hay que enfrentarlo y se pone por arriba de los hijos. No los caga, porque uno a un hijo no lo caga, no lo traiciona porque ha sido votado; uno a un hijo no lo traiciona, uno quiere el bienestar de su hijo y se pone por arriba del hijo. Hay momentos donde lo putea, nunca va a llegar a decir "quisiera tener otro padre", pero dice... y luego lo reconoce. Entonces, esa es la etapa que le ha llegado a la Argentina: "Yo puedo interpretar lo que este hombre no quiere". Acá hay una diferencia entre las familias, porque otro padre no puede decirle a los hijos "vengan conmigo, que yo voy a ser mejor padre". Pero vos me estás siguiendo la historia, espero que se entienda.

—Sí, que más tarde o más temprano, aunque pierdas un poquito al principio, vas a terminar ganando porque la torta va a ser más grande.

—Exactamente.

—Y es clave, es claro algo. Ahora, como le dijo Perón en la Bolsa de Comercio a los del 45, dijo algo: "Ahora van a tener más después, si no dan nada ahora tienen lo contrario".

—Después, claro. Lo que ocurre si no dan nada ahora... Milei, de lo contrario, aparece —no importa si es verdad o no— como la respuesta que pone, pone, pone, pone de donde nunca vino el algo. Así aparece Milei. Entonces eso se agotó. Tu pregunta es correcta, acepto el desafío, es posible. Y el tufillo de los que te traen 2.000 casos, 2.000 casos, 2.000 casos, dice que todavía hay esperanza en esa dirección y que se ha aceptado que no se puede gastar más de lo que se tiene, pero que en algún momento quiere ver los números. Porque no alcanza con decir que sabés la tabla del dos. Después yo, de repente, tengo derecho a decirte "dos por nueve" y vos mantenés el 18. ¿Por qué? Porque sino vamos a seguir dando vueltas en que no aparece... Vuelve tu primera pregunta, es decir, no aparece... Bueno, del superávit fiscal, ¿qué hay para mí? En términos figurativos, no es del superávit fiscal: es qué hay de crecimiento, qué hay de crédito, qué hay de poder adquisitivo. Entonces, nosotros tenemos que ser continuadores a partir de la dirección. Y vuelvo a Sanguinetti: con Mujica no éramos lo mismo, no somos lo mismo ni lo vamos a ser. Pero ya Mujica entendió lo que se puede y lo que no se puede, de la misma manera que nosotros entendimos, dice Sanguinetti, lo que se puede y lo que no se puede. Ahora, es clave la figura del padre. Porque acá hay un error que yo lo padecí en el 2015 y antes: no es una cuestión de egos, acá el aprendizaje no es dejar el ego. Yo quisiera jugadores con mucho ego en el vestuario, porque los sin ego no nos sirven. Acá es cómo el padre de familia se pone por arriba de todo y cómo administra todo eso. Vos fijate, hay una cosa en la que yo creo, y vuelvo a Messi: el mismo Messi que parecía en una carta hace años que abandonaba, volvió. Y volvió mejor. Bueno, démosle un poco de crédito a Scaloni en esa vuelta mejor y en esa recuperación.

—Perfecta metáfora. Como siempre, Carlos, muchísimas gracias. Nuestra insistencia es que Melconian tiene que hacer un programa de economía en este canal. 

 

MEG