Ceferino Reato: “Toda dictadura tiene componente cívico, los K usaron ‘cívico militar’ para atacar al campo”
El periodista apuntó contra el uso político de la memoria reciente y afirmó que el kirchnerismo utilizó la noción de dictadura “para impugnar a las clases medias”.
“Toda dictadura tiene un componente cívico. No son solo los uniformes los que toman el poder”, afirmó Ceferino Reato, quien además apuntó contra el kirchnerismo por el uso político de esa idea. “El kirchnerismo le dio nueva fuerza al término precisamente para impugnar a las clases medias”, sostuvo, al analizar cómo se resignificó la noción de “dictadura cívico-militar” en los últimos años. En ese marco, en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), también remarcó que el golpe del 76 “sí que tenía consenso” y que la represión ilegal se mantuvo oculta porque “la gente no lo iba a aceptar”.
Ceferino Reato es periodista, politólogo y escritor. Se desempeña como editor de la revista Fortuna y colabora regularmente con medios como La Nación, Infobae, Perfil. Es autor de obras como Masacre en el comedor, de 2022, donde relata el atentado de Montoneros a la Superintendencia de Seguridad Federal de 1976. También es autor de Los 70, la década que siempre vuelve, de 2020, una síntesis objetiva sobre los conflictos, desapariciones y víctimas de esa época en la Argentina. Recientemente ha publicado Pax Menemista, historia secreta de los indultos a militares y montoneros en el país del odio.
Reflexionamos aquí con otros autores interesantes de libros sobre la dictadura. Cuando se menciona que hay un hilo de continuidad entre el 30% de gente que hoy dice que estaría dispuesta a aceptar un gobierno autoritario, limitaciones en las libertades en la medida que hubiera más seguridad, y otros que dicen lo mismo en un porcentaje un poquito mayor si hubiera éxito económico. O sea, ese 30% que dice que podría aceptar un gobierno no democrático si hubiera ventajas de orden práctica, con el 30% que votó a Milei, tanto en las PASO como en la primera vuelta.
Y mi pregunta, yendo a tu último libro sobre los indultos de Menem, es si no hay también una coincidencia en ese 20 y pico largo por ciento que obtuvo Menem en las elecciones de 2003, ganándole a Néstor Kirchner, aunque no alcanzándole para luego ganar en segunda vuelta. ¿Encontraste ahí una especie de, como decía Heráclito, un río que continúa aunque el agua sea diferente y los que se bañan también?
Puede ser que sea el mismo sector de centro derecha y derecha, que haya votado a Menem en el 2003, el núcleo del voto a Milei. Creo que sí, puede ser.
Y siguiendo eso, que en todas las encuestas indica que hay un 30% que, por ejemplo, se muestra indiferente frente a la dictadura, contra un 70% que cree que es importante su recuerdo, memoria, verdad y justicia, como es el lema, que ese 30% más o menos se repite en esa votación de Menem, en la votación de Milei en dos oportunidades, en las encuestas, en lo que indican respecto de lo que pasó en aquellos años. ¿Podríamos plantearnos que lo que descubrió Milei es que es minoritario ese 30%, pero representando ese 30%, en la medida que se fragmenta el resto, se convierte en una especie de primera minoría?
Puede ser, yo creo que tal vez el antiperonismo sea ese 25%, el 30%, y trate de buscar un votante que exprese ese antiperonismo de una manera más eficaz, y lo haya encontrado en Milei. Pero, para que eso suceda, para que ese 30% se convierta en mayoritario, el otro 70% tiene que estar fragmentado o no tiene que tener un candidato, o venga de un fracaso notorio, como fue la gestión Alberto Fernández, Sergio Massa y Cristina Kirchner. Eso me parece que explica más el éxito de Milei y también el triunfo el año pasado. Es decir, el temor a que vuelva ese pasado que todavía no se ha ido, y no se había ido porque habían transcurrido solo dos años del gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner.
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Emilio Crenzel, a quien entrevistamos recién, es un profesor universitario que ha escrito varios libros acerca de la dictadura. Nos planteaba que uno de sus libros estaba basado en el análisis del apoyo que tuvo la dictadura durante varios años, y marcaba que, obviamente la dictadura del 76 asume con un apoyo muy significativo; podríamos decir, por lo menos una primera minoría cansada con el desorden que tenía tanto de seguridad como la economía argentina en aquel momento, al frente del peronismo. Pero que, según sus estudios, no hubiese aprobado el sistema de represión que llevó adelante la dictadura, o mucho menos el robo de bebés, o las torturas, o tirar al río a las personas que se hacían matar, luego de estar desaparecidas.
Y que recién hasta 1980, y fundamentalmente fines del 79, con la llegada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, se empieza a tomar conciencia, y luego plenamente se la tiene en el 84. Pero que hubo un comienzo de los primeros cinco años de la dictadura, o casi cinco, en los que había logrado mantener para la gran mayoría de la población solapado todo el proceso de represión ilegal. Partiendo de la idea de que, si hubiera sido público, la sociedad no lo hubiera apoyado. Tus estudios sobre el tema, ¿te hacen verosímil esta conjetura?
Totalmente. Yo creo que el propio Videla, en alguna de las entrevistas que le hice para mi libro Disposición final, él dice que ellos llegaron al golpe con un consenso básico, es decir, las cúpulas militares.
Había que matar a un número importante de personas para ganar la “guerra contra la subversión”. Pero dice: cuando hubo que hacer eso, llegaron a la conclusión también de que no podían fusilarlas porque la gente no lo iba a aceptar, que es más o menos lo que dice Crenzel. No lo iba a aceptar y pronto iban a reclamar y rechazar. Y tampoco podían llevarlo ante la justicia porque, según él, la justicia había quedado muy golpeada después del último gobierno peronista, cuando echaron a muchos jueces que se habían atrevido a condenar a guerrilleros.
Entonces, por eso ellos, para que no se hiciera pública, llegaron a esa conclusión de que tenían que hacer desaparecer los cuerpos de los miles de personas que, según ellos, tenían que matar por “irrecuperables”. Es decir que lo de Crenzel es absolutamente verosímil para mí. Hicieron ese método de represión en silencio: desaparecer los cuerpos de los asesinados, para que la gente no se enterara, porque si se enteraba iba a estar en contra.
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Y entonces, cuando se utiliza “dictadura cívico-militar”, que en el fondo, toda dictadura desde 1930 en adelante pudo existir porque algún consenso, un porcentaje de la sociedad tenía. ¿Te parece que entonces se quiere inculpar injustamente a un porcentaje importante de la sociedad que la apoyó en el 76?
No, yo creo que todas las dictaduras han sido cívico-militares. Lo que pasa es que esa expresión la actualizó mucho el kirchnerismo cuando se peleó con el campo, con algunos medios que, después de algunos años, descubrieron que el kirchnerismo era básicamente autoritario, y con los sectores medios. Cuando el kirchnerismo, después de 2008-2009, se peleó con todos esos sectores, acuñó, o desempolvó, o le dio nueva fuerza al término “cívico-militar”, precisamente para impugnar a las clases medias que estaban en ese momento rechazando algunas expresiones del kirchnerismo. Claro que son palabras cargadas de sentido y le dan sentido el modo como lo usa.
Pero toda dictadura, tiene un componente cívico. No son solo los uniformes los que toman el poder. Y el golpe del 24 de marzo del 76 sí que tenía consenso, claro que sí. Todos los golpes tuvieron cierto consenso y este también. Afortunadamente, nos ahorra el escarnio el hecho de que no hubieran consultoras en aquel momento. Pero recuerdo que Videla cumplió su mandato de presidente de facto, dictador, durante los cinco años de los estatutos del Proceso, y cuando terminó le traspasó el mando a su amigo, el general Viola.
¿Hay algo similar en esa parte de la sociedad que tardó algunos años, y de los medios y los poderes fácticos, en descubrir que el kirchnerismo era autoritario, que lo decís con ironía, el “descubrir”? ¿Puede pasar algo parecido hoy con Milei?
Puede ser, porque también se comprende la esperanza que mucha gente tiene en los gobiernos que recién inician, porque este gobierno fue elegido democráticamente, ganó en segunda vuelta en forma bastante holgada, ganó en octubre, y la gente quiere que al país le vaya bien. Y el país es el gobierno que recién empieza. Entonces cuesta muchas veces comprender algunas cuestiones, y la idea es que a veces el optimismo se vuelve ingenuo.
Por ejemplo, esto de qué pasa con el vocero Manuel Adorni: cuando una persona, de cada tres palabras, dos usa para decir “nosotros somos honestos”, yo empiezo a sospechar. Porque uno honesto es una persona que toma lo que hace como algo natural; no podría ser de otra manera. Yo nunca conocí a un honesto que se la pasara diciendo que es honesto. Digo, ¿por qué lo diría si lo es? Y lo de Adorni, de este enriquecimiento súbito y tan desprolijo, que hasta los colegas aliados al gobierno dicen que es un error ingenuo, este ladronzuelo que se nos revela es algo que también lo podíamos ver, pero bueno.
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Y después, la gente quiere creer, y a veces la gente es el principal obstáculo que un periodista independiente tiene que sobrellevar, porque son los primeros que te acusan, y más duro, desearle lo peor que ellos pretenden combatir. El primer argumento de mucha gente tan esperanzada es: “Sos kirchnerista, te has vuelto kirchnerista”. Este es un país muy cambiante. La gente para la cual uno trabaja, que son los sectores medios, básicamente los que consumen medios, es muy móvil. Y se comprende también que, en toda esta decadencia que está sufriendo la Argentina, la gente quiera creer. Los gobiernos muchas veces se abusan de eso y, bueno, después el despertar es amargo, pero hay que ser muy comprensivo.
¿En cada una de las etapas, esos colegas voceros de cada uno de los gobiernos pagaron luego un precio político, por haber quedado adheridos a ese apoyo irrestricto que luego se confirmó con el paso del tiempo que fue exagerado o no se correspondía con la realidad?
Yo creo que sí. ¿Te acordás de José Gómez Fuentes, el vocero principal de la dictadura durante la guerra de Malvinas? Después de los periodistas menemistas, Bernardo Neustadt, que era un gran periodista, fijate cómo terminó. Después, con el kirchnerismo, todos estos muchachos que están refugiados en C5N ahora no pueden asomar la nariz. Y ahora me imagino, y hasta deseo, que pase lo mismo, porque ha sido muy burdo el apoyo a lo peor que tiene Milei.
Que en el rumbo, yo estoy de acuerdo en muchas cosas, muchas cosas, y también comprendo que es un emergente del fracaso de la política tradicional, y estoy muy comprensivo en muchas cosas, pero no en la defensa que tantos colegas han hecho del autoritarismo, la perversidad de Milei y el enriquecimiento ilícito de varios de sus funcionarios. Y también de que son demasiado condescendientes en el escándalo Libra, que tiene un montón de ribetes, y se la pasan tratando de moderar, modificar y atacar a los que investigan.
Fijate vos qué cosa tan absurda esto de la preocupación por quién filmó a Adorni en su viaje privado a Punta del Este. El ensañamiento con una militante del PTS que filmó, los mismos que aplaudían cuando aparecían, por ejemplo, la foto de la fiesta de cumpleaños en Olivos de Fabiola, la primera dama. Ahí estaban todos contentos, y ahora tratan de impugnar a quien hizo esa filmación, que a esta altura debería ser casi un héroe cívico.
¿Es correcta esa versión? ¿Te resulta nuevamente verosímil que Videla murió en el baño, haciendo sus necesidades?
Bueno, yo sí lo creo porque es la información oficial. Además, me acuerdo de un par de notas excelentes de Nelson Castro en el diario Perfil, con detalles médicos a los cuales él tuvo acceso, y además pudo analizarlos correctamente, dado que es médico, y lo creo. Yo creo que las notas estas de Nelson Castro eran bien coincidentes sobre eso y también deslizaban una cuestión de falta de atención.
RM / EM