Perfil
MODO FONTEVECCHIA
A 50 años del golpe

Día 834: La batalla cultural de la dictadura

La memoria de la dictadura sigue viva y revela cómo se construyó un núcleo duro que relativiza sus crímenes. Analizamos propaganda, encuestas y estrategias culturales que muestran cómo el pasado sigue influyendo en la política y la sociedad actual.

DÍA 834: LA BATALLA CULTURAL DE LA DICTADURA
DÍA 834: LA BATALLA CULTURAL DE LA DICTADURA | Producción de NETtv

Hay un debate incómodo cada vez que se acerca el 24 de marzo y más en este 50 aniversario del golpe militar. Para que pudiera instalarse una dictadura que desapareció, torturó, asesinó opositores e inclusive se apropió de sus bebés, tuvo que haber un sector importante de la sociedad a favor. Esta columna no busca señalar con el dedo a quienes por error o convicción estuvieron o están a favor del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, comprendiendo que haber estado a favor no quería decir estar a favor de las atrocidades que se fueron conociendo, sino de identificar qué herramientas discursivas, qué propaganda y en definitiva qué batalla cultural dio el gobierno de facto con el objetivo de ganar la complicidad de una mayoría social para implementar su plan económico que requería del genocidio cometido.

Entender la batalla cultural de la dictadura nos puede ayudar a entender cómo hace un gobierno con objetivos altamente impopulares para convencer a una sociedad de ir en contra de sus propios intereses. Esto obviamente nos trae recuerdos del presente y nos llama a entender una encuesta un tanto inquietante. Según un estudio de la UBA y el CELS, el 70% de los encuestados dicen que tienen una visión negativa de la dictadura y que debe seguir los juicios contra los genocidas. El 30% restante tiene posiciones que van desde apoyo a la dictadura a diferentes posiciones de relativismo sobre sus crímenes o autodeclarado desconocimiento e incluso indiferencia.

Teniendo en cuenta que el Gobierno ha manifestado su oposición a la agenda de Memoria, Verdad y Justicia, se pueden analizar claros paralelos entre el plan económico de ambos gobiernos, es esperable que este 30% ubicado por esta y otras encuestas tengan algo que ver con aquel 30% que La Libertad Avanza sacó en agosto y octubre de 2023. Es decir, con su núcleo duro. ¿Cuánto de la batalla cultural que dio la dictadura ayudó a forjar este 30% que aún sobrevive? ¿Tenía elementos comunes con la autodenominada batalla cultural que dio este gobierno?

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

A continuación vamos a analizar algunas piezas de propaganda de la dictadura para intentar desarmar sus narrativas. Ahora veremos un dibujo animado emitido por la dictadura en 1978. El objetivo era justificar la llegada de su régimen.

1. Mañas y patrañas de gente extraña (I)

Es interesante cómo al comunismo lo ubican solo como la injerencia de una nación extranjera que tenía como único objetivo sembrar el caos. La dictadura se ponía como el garante del orden y la paz y ubicaba al peronismo y la izquierda del lado del desorden y el caos.

Toda manipulación parte de algún elemento real. Efectivamente el país estaba sumido en los conflictos sindicales y la inflación antes de la llegada de la dictadura. Pero, decir que todo tuvo que ver con la injerencia de una nación extranjera es un reduccionismo burdo. Tal es así que en su propio gobierno, a pesar de la represión que aterrorizó la población, también volvió el conflicto sindical, la inflación y todos los problemas que estaban antes, de manera agravada.

2. Mañas y patrañas de gente extraña (II)

Acá aparece la idea de huelga, terrorismo, inflación, caos como una misma cosa. Quien hace huelga es lo mismo que quien pone una bomba o quien discute. Hoy en los documentos que se filtraron de la SIDE para justificar el espionaje sobre personas, indica una causal para ser espiado es que emitir opiniones o generar debates que erosionan la credibilidad del Gobierno. Para Milei y la SIDE somos todos como ese zorrito que le habla a las personas con el único objetivo de sabotear al gobierno.

Por otro lado, es extraño cómo en aquel momento se utilizaba como antagonista al comunismo como una fuerza extranjera que venía a destruir el país y ahora también, no como una potencia extranjera, pero sí como una suerte de status quo cultural internacional que se esparció para ser hegemónico y que la derecha combate desde hace años.

En aquellos años de guerra fría, utilizar al comunismo tenía algún elemento de realidad, pero en el fondo era amalgamar al comunismo con el peronismo. Para deslegitimar a este último que sí tenía posibilidades de disputa de poder. En la actualidad, el comunismo como tal no gobierna prácticamente en ningún lado, Cuba podría ser una excepción y países asiáticos con el Partido Comunista gobernando pero con capitalismo. Sin embargo, también se busca utilizarlo para amalgamar con el progresismo que sí naturalmente tiene posibilidades de disputa de poder.

Ahora, si de batalla cultural hablamos, hubo dos hitos fundamentales en esta estrategia de legitimación: fueron la Copa Mundial de Fútbol de 1978 y la Guerra de Malvinas en 1982, eventos que, bajo la apariencia de una causa nacional unificadora, funcionaron como potentes herramientas de propaganda política. Como bien analiza la historiadora Marina Franco, el régimen no solo se sostuvo mediante la coerción, sino que buscó activamente la construcción de un consenso basado en la defensa de supuestos valores nacionales frente a una supuesta agresión externa, ya fuera el "marxismo internacional" o, más tarde, el colonialismo británico.

En 1978, la realización del Mundial representó para la Junta Militar la oportunidad perfecta para exportar al mundo una imagen de orden, paz y progreso que contrastara con las crecientes denuncias internacionales por violaciones a los derechos humanos. El sociólogo Pablo Alabarces sostiene que el fútbol fue utilizado como un dispositivo de "nacionalismo defensivo", donde la victoria deportiva se transmutó en una validación política del régimen. Bajo el eslogan "Los argentinos somos derechos y humanos", la dictadura montó una campaña publicitaria masiva para contrarrestar lo que denominaba la "campaña antiargentina" en el exterior. El triunfo de la selección nacional permitió que el fervor popular en las calles fuera interpretado y proyectado por la propaganda oficial como un apoyo explícito al gobierno de facto, diluyendo momentáneamente la frontera entre el sentimiento patriótico y la aceptación del orden autoritario. Mientras a pocos metros de los estadios se cometían crímenes de lesa humanidad en centros clandestinos de detención, el espectáculo deportivo servía de velo y anestesia social.

Hacia 1982, ante el desgaste económico y la creciente movilización sindical, la Junta liderada por Leopoldo Galtieri recurrió a la recuperación de las Islas Malvinas como un último y desesperado intento de recuperar la iniciativa política. El historiador Luis Alberto Romero explica que Malvinas tocó una fibra sensible y preexistente en la cultura política argentina, permitiendo que la dictadura se apropiara de una causa genuina para barnizar su imagen decadente. La propaganda bélica fue absoluta: los medios de comunicación audiovisuales, que eran todos del Estado, intervenidos, construyeron un relato de victoria inminente y heroísmo que ocultaba la improvisación y la tragedia real de los soldados en el frente. El triunfalismo mediático, sintetizado en el tristemente célebre "Estamos ganando", buscó amalgamar a la sociedad civil con las Fuerzas Armadas en una supuesta gesta liberadora. Al igual que en el Mundial, el régimen intentó canjear fervor nacionalista por supervivencia política, demostrando que la manipulación de las pasiones colectivas fue un pilar estratégico tan central como la represión para el sostenimiento de su hegemonía.

3. Cada uno en lo suyo defendiendo lo nuestro

¿Qué buscaban con este video? Según la investigadora Julia Risler, esta campaña buscaba la "guerrificación" de la población civil, borrando los límites entre el frente de batalla y la vida cotidiana. El objetivo central era transformar cada lugar de trabajo, escuela u hogar en un "puesto de combate" simbólico, exigiendo una movilización total de la sociedad que garantizara el consenso y silenciara cualquier disidencia interna.

El análisis de autores como Federico Lorenz destaca que estos spots pretendían canalizar el sentimiento patriótico hacia una estructura de obediencia y productividad. Al decir "cada uno en lo suyo", la dictadura enviaba un mensaje de desmovilización política: el ciudadano no debía cuestionar las decisiones de la Junta, sino limitarse a cumplir su rol social (maestra, obrero, estudiante) con renovado fervor. Como señala Cora Gamarnik, la propaganda construía un "nosotros" monolítico donde el apoyo a la guerra se volvía indisociable del apoyo al proyecto militar, utilizando una estética de unidad nacional para ocultar la crisis terminal del régimen.

En el plano económico, la dictadura llevó adelante un fuerte proceso de reprimarización de la economía, para esto tuvo que atacar a la industria nacional a la que se la acusaba de aprovecharse del proteccionismo económico. De nuevo todo parecido a la actualidad no necesita ser ni explicado.

4. Propaganda de la silla

Para ser justos, la propaganda de la dictadura con la silla era menos agresiva con la industria nacional que llamar directamente chorros a los empresarios industriales o ponerle apodos como Don Chatarrín o Gomita.

En la dictadura, al igual que ahora, además de la apertura de las importaciones, la industria sufría por el tipo de cambio. El dólar estaba barato, tanto así que se llamó a este procesola plata dulce”. Esto, al igual que el presente, posibilitó a la clase media algunos meses de viajes al exterior y luego desembocó en un problema de baja actividad económica.

Para justificar esta política, la dictadura explicó que mediante su política antisindical y de quita de derechos se había abaratado los costos de producción, lo que era verdaderamente importante más allá del valor del dólar.

5. Propaganda dictadura costos y dólar

Una de las claves de Martínez de Hoz, el primer ministro de la dictadura, para explicar su plan económico fue justamente la utilización de la metáfora de la liberalización de la economía y las fuerzas productivas de las ataduras de la política de intervencionismo económico.

6. Martínez de Hoz y la utilización de la palabra "libertad"

A casi medio siglo del golpe de Estado de 1976, la sociedad argentina mantiene un consenso mayoritario de condena al terrorismo de Estado, pero diversas investigaciones recientes exponen la consolidación de un núcleo minoritario, que oscila entre el 20% y el 30%, cuyas percepciones oscilan entre el negacionismo, la relativización y la indiferencia. Este fenómeno, especialmente visible en las nuevas generaciones, marca una fractura en la memoria colectiva que los especialistas asocian al desgaste de la experiencia democrática y al avance de discursos revisionistas.

El estudio "Miradas retrospectivas sobre la dictadura argentina: 50 años después", realizado por el observatorio Pulsar de la Universidad de Buenos Aires (UBA) en conjunto con el CELS, aporta datos reveladores sobre esta segmentación. Si bien el 71% de los encuestados evalúa el periodo militar como "malo" o "muy malo", persiste un 32% que prefiere interpretar lo ocurrido no como un plan sistemático de exterminio, sino como una "lucha contra el terrorismo en la que pudo haber excesos". Esta distinción terminológica no es menor: el concepto de "excesos" actúa como una herramienta retórica de relativización que desplaza la responsabilidad institucional de las Juntas hacia conductas individuales descarriadas, diluyendo la gravedad del genocidio.

En el segmento joven, el escenario presenta matices específicos de desapego. Una encuesta de Amnistía Internacional y la consultora Dynamis, publicada en marzo de 2026, indica que el 75% de los jóvenes rechaza un posible indulto a militares condenados. Sin embargo, en la misma muestra surge una "otra vereda" significativa: un 30% de los jóvenes afirma que estaría dispuesto a resignar libertades públicas en pos de mayor seguridad, y un 39% lo haría a cambio de crecimiento económico. Esta tendencia sugiere que, para una minoría relevante, los valores democráticos y el respeto por los derechos humanos han dejado de ser absolutos para volverse transaccionales.

La consultora Zuban Córdoba, en su informe de marzo de 2026, detecta una cifra similar de erosión en el consenso del "Nunca Más". Mientras el 73% considera importante mantener viva la memoria, un 25,2% de la población general asevera que el golpe fue un "proceso de reorganización nacional que enfrentó una guerra". Este grupo, que se acerca al tercio de la población, coincide con el sector que muestra mayor insatisfacción con el funcionamiento actual de la democracia. Según los analistas, el desgaste de una democracia que "prometió mucho y cumplió poco" ha generado un caldo de cultivo para que discursos que minimizan los crímenes de la dictadura encuentren eco, en aquellos que no vivieron el periodo y perciben el debate sobre la memoria como algo lejano o ajeno a sus urgencias materiales.

A 50 años del golpe, un libro reúne 50 historias de los juicios por lesa humanidad

Otro dato inquietante que surge del observatorio Pulsar es la apatía: el 70% de los jóvenes manifiesta poco o ningún interés en la política. Esta indiferencia no es neutral, sino que funciona como una zona de sombra donde el conocimiento histórico se degrada. Aunque la escuela sigue siendo el pilar de formación para el 80% de los jóvenes, el 31% considera que la educación no los prepara en términos cívicos. Esta falta de anclaje permite que una minoría persistente no sólo relativiza el pasado, sino que considere la opción autoritaria como una alternativa válida: un 10% de los encuestados admite que, en ciertas circunstancias, aceptaría un gobierno de facto, y un 7% se muestra totalmente indiferente a la forma de gobierno. En conjunto, estos indicadores confirman que, aunque el rechazo a la dictadura sigue siendo el eje ordenador de la cultura política argentina, existe un núcleo duro de entre 2 y 3 de cada 10 ciudadanos que ha comenzado a normalizar la condena absoluta al quiebre institucional más sangriento de la historia nacional.

Al comienzo de esta columna, decíamos que estos números de apoyo relativo o no condena a la dictadura cercano al 30%, tiene una cercanía al núcleo duro del gobierno y la cifra que La Libertad Avanza sacó en agosto y octubre del 2023. Teniendo en cuenta que los libertarios tienen una agenda opuesta a la agenda de Memoria, Verdad y Justicia y que como vimos en esta columna, sus narrativas de la batalla cultural tienen sus similitudes, esta es una hipótesis no descartable.

Esto vuelve más importante aún la tarea de la memoria activa, de traer estos temas a la mesa de las familias, de las aulas y de cada lugar de encuentro. La memoria activa no busca remover el pasado como indican algunos, sino que busca hacer efectivo lo que dijimos cuando volvimos a la democracia, el pacto explícito de nuestro sistema institucional que con todos sus dificultades tiene más de cuarenta años.

La memoria activa es la condición indispensable para que Nunca más algo así pueda volver a ocurrir.

Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi

MV/ff